29.4.05

Y de premio, un helado

El sargento Erik Saar denunció hace unos meses el trato vejatorio que sufrían los presos de Guantánamo en los interrogatorios. Lo contaba en un libro que estaba pendiente de publicación, a la espera de que el Pentágono diera su permiso. Saar había estado destinado en la isla como traductor de árabe.

Ahora el libro está a punto de aparecer en las librerías y Saar ha concedido una entrevista al programa "60 Minutes" de la CBS para denunciar que también se montaba una especie de teatrillo para impresionar a los congresistas y altos cargos militares que visitaban las instalaciones de Guantánamo.

Los interrogatorios se preparaban con el fin de que los invitados pudieran apreciar por sí mismos los grandes progresos que se hacían. Buscaban a un preso que ya había cooperado y le hacían las mismas preguntas. Ante la satisfacción de los testigos, el detenido repetía las preguntas. Una congresista demócrata ha contado ahora que vio cómo premiaban al preso con un helado. Un portavoz militar ha negado que se montaran los inetrrogatorios para engañar a los políticos.

En cualquier caso, los políticos volvían con la impresión de que se estaba haciendo un gran trabajo en Guantánamo. Y de torturas, nada. Si hasta les daban helado.