22.4.05

Ratzinger, en 1943

No es un tema que llegue a la categoría de debate, aunque algunos quieren meter el dedo para hacer sangre: la prensa sensacionalista inglesa o algún representante de la caverna. La militancia en las Juventudes Hitlerianas, breve y forzada por las circunstancias, de Joseph Ratzinger ha provocado algún arqueo de cejas e insinuaciones que no tienen mucho sentido.

La prensa alemana ya ha recordado que intelectuales como Gunter Grass y Jurgen Habermas también formaron parte en su adolescencia de las Juventudes Hitlerianas y ahora están fuera de toda sospecha.

La biografía de Ratzinger escrita por John Allen y los propios textos del Papa admiten pocas dudas. Todo estudiante de instituto estaba obligado a alistarse en las juventudes del partido nazi. Los directores del colegio podían inscribir a sus alumnos de forma automática.

Como otros jóvenes alemanes de la época, Ratzinger fue reclutado por el Ejército y estuvo destinado en una unidad antiaérea. En los últimos meses de la guerra, desertó y, también como otros, acabó en un campo de prisioneros.

Es cierto que resulta llamativa la foto de Ratzinger con uniforme del Ejército alemán. No hay muchos Papas que cuenten con esa imagen. Pero sólo se trata de una consecuencia de haber elegido a un Papa que nació en Alemania a principios del siglo XX.

Se dice que la familia de Ratzinger tenía sentimientos antinazis (aunque había un tío cercano a los nazis y que escribió un artículo de contenido antisemita), precisamente por su catolicismo. Es un dato coherente con lo que cuentan los libros de historia sobre las distantes relaciones de los nazis con Baviera, la región natal del Papa.

En la biografía de Hitler, de Ian Kershaw, aparece en varias ocasiones la cautela con la que se manejaban los dirigentes nazis en sus tratos con la jerarquía eclesiástica católica y la población bávara. Evidentemente, la represión alcanzó también a muchos religiosos. Sin embargo, en los primeros años del nazismo en el poder, los nazis eran conscientes de que la Iglesia católica era la única organización permitida que no estaba completamente controlada por adictos a Hitler.

Otra cosa es que por un exceso de beatería, haya gente que pretenda borrar ese dato de la biografía personal de Benedicto XVI. En la biografía completa distribuida por la agencia Efe, se omitía el dato. No creo que dedicarle una línea en un artículo de dos folios, hubiera sido un motivo de excomunión.

El diario de mayor tirada de Israel, Yediot Ahronot, tituló con las palabras "Fumata blanca, pasado negro". El gusto del Yediot por los titulares impactantes no es representativo de la opinión de los judíos sobre Benedicto XVI. En Israel, cualquier mención al nazismo produce escalofríos, pero ni el Gobierno ni las organizaciones judías han mostrado hostilidad hacia el nuevo Papa.

Ratzinger ha enviado un mensaje al rabino jefe de Roma en el que promete "continuar con el diálogo y reforzar la cooperación con los hijos y las hijas del pueblo hebreo". Ese es un tema más difícil que un dato del pasado juvenil del Papa. Juan Pablo II protagonizó varios gestos de acercamiento con el judaísmo y el islam y, de hecho, fue uno de los pocos líderes políticos y religiosos que recibieron elogios tanto en Jerusalén como en Damasco.

Benedicto XVI provocó un terremoto en el diálogo interreligioso con el documento vaticano "Dominus Iesus", que recordaba que las otras religiones están en una situación de inferioridad frente al cristianismo. Ahora, como Papa, deberá intentar compatibilizar el rigor doctrinal que le caracterizó con un diálogo sincero con otras confesiones.