2.4.05

Mirando a Roma

Christiane Amanpour, la principal corresponsal de la CNN, ya está en Roma, con lo cual supongo que ya se puede decir que los ojos de todo el mundo están puestos en el Vaticano a la espera de noticias sobre el Papa. Parece una forma ridícula de comenzar un artículo sobre la agonía de Juan Pablo II, pero en el fondo tiene que ver con una realidad evidente. Esta será la primera vez en que fallece un sumo pontífice en una nueva era de la comunicación, basada en la abundancia de las fuentes informativas. El silencio informativo parece un término contradictorio en sí mismo.

La muerte de un Papa siempre ha sido un acontecimiento global. No son sólo los mil millones de católicos los que están pendientes de lo que ocurra en la Santa Sede en las próximas semanas. De una manera u otra, los fieles de las otras religiones, los agnósticos y (algo menos) los ateos recibirán miles de datos informativos sobre el relevo del líder espiritual y político de la Iglesia Católica. Y es posible que ese diluvio de información termine por agotar, y a veces por enfurecer, a mucha gente, incluidos los católicos.

La lista de formas de comunicación, no sólo de los medios, que existe actualmente es inmensa: televisiones y radios que emiten noticias las 24 horas del día, prensa gratuita leída por millones de personas aunque sea por unos minutos, Internet y todos sus hijos (webs, blogs...) y toda una serie de innovaciones tecnológicas puestas al servicio de la comunicación entre personas. Otros medios más tradicionales, como la prensa y las agencias, también se parecen poco a lo que eran, por ejemplo, en 1978.

A lo largo del día de hoy, he pensado que los periodistas deberíamos ir aprendiendo a dosificar la información. En cadenas de TV y webs, hemos visto las primeras historias sobre cómo será el cónclave y quiénes son los papabiles, los cardenales que podrían estar en la lista de candidatos a suceder a Juan Pablo II. Aún no ha muerto el Papa y ya estamos especulando con el nombre del sucesor.

Hay políticos que van más lejos que los periodistas. El político mexicano Diego Fernández de Cevallos ha interrumpido las sesiones del Senado de México para anunciar la muerte del Papa y pedir un minuto de silencio.

Tengo la sensación de que a veces más es menos. Cuando dentro de unos días, sin las urgencias de hoy o mañana, estemos en condiciones de explicar bien cuáles son las corrientes de opinión que hay dentro del colegio cardenalicio y, quizá, aventurarnos en el terreno de los candidatos, para entonces es posible que la opinión pública esté algo agotada por tanta información. Quizá en ese momento la gente sólo quiera saber el nombre del nuevo Papa y prestará menos atención a las buenas historias que, estoy seguro, se escribirán.

Uno de nuestros principales pecados es dar demasiada información sobre algunos hechos. Una forma de consolarse es pensar que, años atrás, lo más habitual era lo contrario.

Por último, una recomendación libresca. Acabo de leer un libro que explica con precisión cómo es un cónclave y explica el sentido de todos los ritos que se producen entre la muerte de un Papa y la elección del sucesor. Se llama "Conclave. The politics, personalities and process of the next Papal election".

Su autor es John Allen, corresponsal en Roma de la revista norteamericana National Catholic Reporter, y comentarista sobre asuntos del Vaticano en la CNN. El libro, publicado en 2002 y actualizado en 2004, incluye una selección de los diez candidatos más firmes para suceder a Juan Pablo II (a criterio del autor, obviamente), con perfiles más breves del resto de los cardenales. Diez dólares en Amazon no es mal precio.

Lo interesante del libro es que se atreve a contar cuáles son los grandes temas sobre el futuro de la Iglesia que tendrán los cardenales en la cabeza cuando se planteen la elección del nuevo pontífice. En la Iglesia no hay partidos políticos y la división entre conservadores y progresistas es a veces discutible (un mismo cardenal puede mantener ideas conservadoras sobre asuntos doctrinales y ser muy progresista sobre otros temas más, digamos, sociales). Lo que sí hay son distintas corrientes de pensamiento que Allen identifica con bastante claridad.

Y contra lo que dicen muchos análisis ya aparecidos en los medios de comunicación, Allen no da por hecho que el nuevo Papa tenga que ser una fotocopia de Juan Pablo II, aunque sólo sea por el hecho de que todos los cardenales electores menos tres han sido elegidos por él. Allen explica que aunque un cardenal esté de acuerdo con Juan Pablo II en un 95%, pensará mucho en el 5% restante en el que ha discrepado, con la intención de votar a un candidato que sea capaz de corregir esos errores.

Leer este libro no es perder el tiempo y puede que hasta ayude a rectificar algunos de los fallos que aparecerán en las próximas semanas en los medios de comunicación. En el caso del libro de Allen, más es más.

Documentos:
Universi Dominici Gregis es la constitución apostólica firmada por Juan Pablo II en 1996 que regula las normas que regirán el cónclave que elegirá a su sucesor.