14.4.05

Hersh, el bocazas

La revista New York revela el lado oscuro de Seymour Hersh, una de las plumas más afiladas del periodismo de investigación de EEUU. Lo que cuenta es que la pluma no es nada comparada con la lengua, ya que Hersh tiene la mala costumbre de exagerar, elucubrar y, a veces, hasta de mentir en las numerosas conferencias que pronuncia en su país.

El artículo establece una importante salvedad con los artículos que Hersh escribe para la revista The New Yorker. Entre ellos está el reportaje que reveló las torturas de la cárcel iraquí de Abú Ghraib. El equipo de editores revisa cada uno de los datos y el director está al tanto de las identidades de esas fuentes anónimas que pueblan sus artículos.

En la descripción de Hersh, que el propio periodista no tiene inconveniente en confirmar, éste aparece como un bocazas que se toma demasiadas libertades con los hechos con la intención de que su audiencia sea consciente del lado oscuro de la guerra contra el terrorismo y del campo de batalla iraquí. Paradójicamente, en ese fervor misionero no se comporta de forma muy diferente a los dirigentes políticos cuya política denuncia.

El riesgo añadido reside en la blogosfera, siempre encantada en rebotar todo artículo que revele algún asunto podrido. Qué coño. Yo mismo lo hice una vez con una intervención en la que Hersh describía una conversación con un militar norteamericano que denunciaba la muerte innecesaria de unos civiles iraquíes.

Lo que queda de Hersh, lo que tiene realmente valor, a diferencia de su fervor tertuliano, son sus artículos de The New Yorker y su libro, publicado en España. Eso sí hay que tomárselo en serio, porque, afortundamente, Hersh no dicta esos textos, sino que los escribe. Y hay alguien, viejas virtudes del periodismo aún presentes en algunos lugares, que lo revisa y lo edita.