11.4.05

Benditos pixels



Esta fotografía (aquí ampliada) aparecida en The New York Times (y descubierta gracias a Elástico) demuestra hasta qué punto la tecnología es una esponja que lo absorbe todo. Echando mano del cálculo estadístico de la abuela, se puede llegar a la conclusión de que miles de personas sacaron fotografías, con sus móviles, del cadáver de Papa. Lo hicieron las mismas personas que se habrían escandalizado si alguien hubiera osado sacar una foto de su parienta o progenitor de cuerpo presente con el vodafone.

Para entenderlo, siempre se pueda echar mano del argumento que comienza con las palabras "hay que ver, estos italianos...", por aquello de que los romanos estarían dispuestos a prescindir de sus tarjetas de crédito, pero nunca de sus telefoninos. En realidad, la osadía está a la altura de los intentos de la Iglesia por aceptar uno de los principios de los medios de comunicación de masas, en especial de la televisión: lo que no se ve, no existe. Si no hay imágenes, no hay noticia.

Escenas del entierro de un Papa que hasta ahora estaban vedadas a los feligreses han podido verse ahora gracias a las imágenes facilitadas por la propia televisión vaticana. La única línea roja trazada por la Santa Sede protege el secreto del cónclave, aunque creo que en este caso las imágenes escondidas no están a la altura del hecho: ¿qué tiene de especial ver a gente votando? Quizá la Iglesia tenga más miedo al audio que al vídeo: no quiero ni imaginarme lo que dirían los comentaristas entre votación y votación.

Por cada nuevo artefacto de comunicación que se ha inventado ha surgido un dignatario religioso que lo ha condenado. Cuando los artefactos incluían el uso de imágenes, las iglesias elevaban el tono de sus advertencias. Si el pecado está en todos los sitios, cualquier medio de propagarlo a millones de personas podía convertirse en un instrumento de Satanás. El cine, la televisión o la música rock han pasado por la lista de prohibiciones. Quizá me haya pillado mirando hacia otro lado, pero no recuerdo que la Iglesia haya condenado esta vez el teléfono móvil multimedia.

Es probable que Hans Kung me mate por decir algo así, pero sospecho que la Iglesia Católica ha abandonado su visión pesimista del ser humano. Si se pasan por el móvil fotos del Papa muerto, la jerarquía eclesiástica pensará que es con buena intención. Las nuevas tecnologías acabarán con el pecado original y Satanás terminará trabajando de administrativo en la SGAE. Pobre Nostradamus.