19.4.05

Alarma infundada

El rescate de 150 civiles shiíes secuestrados por radicales suníes en la ciudad iraquí de Madaen, al sur de Bagdad, ha terminado con buenas noticias. No han encontrado a un solo rehén. Los rumores vuelan en un país como Irak, pero pocas veces provocan la movilización de tres batallones del Ejército iraquí y un amago de crisis entre las autoridades elegidas no hace mucho por el Parlamento iraquí.

La noticia partió de los medios de comunicación iraquíes y fue recogida por las agencias extranjeras. Un grupo desconocido amenazaba con matar a 150 shiíes, quizá más, a menos que todos los miembros de esta fe religiosa abandonaran la ciudad. En la zona, se habían producido asesinatos y ajustes de cuentas por razones sectarias, así que la noticia parecía creíble. Si el grupo de Al Zarqawi estaba implicado, cualquier cosa era posible.

Algunos políticos shiíes amenazaban desde Bagdad con un conflicto entre suníes y shiíes de proporciones incalculables. Se hablaba de limpieza étnica a golpe de fusil. 400 soldados se preparaban para entrar en la ciudad. El domingo, las tropas entraban en la ciudad preparadas para lo peor. El sábado, explotó una bomba en una mezquita shií. No hubo heridos. El líder espiritual de los shiíes pidió al Gobierno que intentara resolver la crisis de forma pacífica.

Las agencias difundieron fotos de civiles asustados abandonando la ciudad con lo puesto. La televisión iraquí Al Iraqiya dio a conocer informaciones alarmantes sobre la situación dentro de la ciudad.

No todo eran rumores publicados en los medios. Fuentes del Ministerio de Interior contaban a la agencia France Press que "tras horas de combates, los soldados iraquíes controlaban ayer (el domingo) la mitad de la ciudad y habrían liberado a entre 10 y 15 familias, aparentemente atrapadas en la zona tomada por los suníes". Habrían liberado. Aparentemente. Cuando los periodistas utilizan el condicional, es que no lo tienen muy claro.

No hubo combates. Los soldados rastrearon toda la ciudad, entraron en las casas y no encontraron ningún rehén. Algunas informaciones cuentan que sí detuvieron a algunos insurgentes, quizá del tipo de pasaban por allí. No había ninguna rebelión suní. Ni centenares de secuestrados.

¿Qué ha ocurrido? Aparentemente (con perdón), la noticia surgió de algunos diputados shiíes que acusaban al Gobierno, aún dirigido de forma interina por Iyad Alaui, de no defender a sus correligionarios de las agresiones suníes. Alaui ha recuperado para puestos de responsabilidad en la Administración a antiguos funcionarios relacionados con el Baas, el partido de Sadam Hussein, y algunos de los futuros gobernantes quieren poner fin a esa política.

Pretenden una depuración radical de la Administración que incluya no sólo a los autores de atrocidades, sino también a muchos funcionarios suníes que sólo tenían el carné del partido Baas para conseguir un empleo o escalar posiciones sociales.

El retraso en formar un Gobierno tras las elecciones del 30 de enero comienza a pasar factura. Alguien quería ajustar cuentas con el Gobierno saliente o enviar un aviso al nuevo Gobierno. Jugaron con fuego, aunque, esta vez, afortunadamente, nadie se quemó.