14.2.05

Un atentado con muchos padres

El Beirut de los años setenta y ochenta ha vuelto de improviso cuando nadie lo esperaba. El ex primer ministro Rafiq Hariri ha muerto en un atentado provocado por la explosión de un coche bomba. Hariri, millonario desde hace años por sus negocios de la construcción por todo Oriente Medio, no reparaba en gastos de seguridad. No le ha servido de nada. La comitiva de coches blindados ha saltado por los aires. Otras doce personas han muerto, entre ellos un ex ministro.

Hariri abandonó la jefatura del Gobierno hace unos meses en protesta por la interferencia de Siria en los asuntos internos libaneses. Damasco promovió una reforma constitucional, aprobada después por el Parlamento, que sirvió para permitir la reelección del presidente Emil Lahud.

El uso de coches bombas para eliminar al adversario político estuvo muy extendido durante la guerra civil de Líbano. Las explosiones solían tener a Siria e Irán como los más distinguidos remitentes. Una vez que Damasco impuso la "pax siria" (ocupación a cambio de seguridad), parecía que este tipo de violencia pertenecía al pasado.

En principio, el atentado de hoy perjudica a los intereses sirios. Si el régimen de Asad no puede garantizar la paz en Líbano, ¿cuál es la función de sus cerca de 17.000 soldados? ¿Vigilar a los políticos libaneses? El Consejo de Seguridad de la ONU, a iniciativa de Francia y EEUU, ya pidió la salida de esas tropas.

La pista más obvia lleva el asesinato de Hariri hasta Al Qaeda o sus grupos satélite. El ex primer ministro libanés era uno de los políticos de Oriente Medio mejor relacionados con la familia real saudí. En las últimas décadas, sus empresas habían recibido innumerables contratos para la construcción de obras públicas y viviendas en Arabia Saudí.

Quizá los discípulos de Osama bin Laden, incapaces ya de realizar atentados espectaculares en el reino saudí, hayan querido castigar a uno de sus antiguos y más queridos clientes. De momento, poco más se puede decir.