1.2.05

Taysir Aloni



Los familiares de Taysir Aloni, periodistas y organizaciones de derechos humanos pidieron ayer en Madrid la libertad del periodista de Al Jazeera. Aloni está encarcelado desde el 18 de noviembre a la espera de que se celebre el juicio de la célula de Al Qaeda en España.

Aloni sufre una dolencia coronaria de la que ya fue operado hace unos años. Sus familiares alegan que las condiciones del encarcelamiento están agravando su estado de salud:

"Taysir no disfruta de las más mínimas garantías dentro de la cárcel. No le llevan a consulta médica. Tiene dificultades para seguir su tratamiento -padece una dolencia cardiaca-. No tiene más que dos horas diarias de calefacción en una celda fría y húmeda y sólo tiene derecho a cinco minutos para ducharse cada dos semanas. Es una vergüenza para España", denuncia Monzer Al Nimri, secretario general del Comité Internacional para la Defensa de Taysir Alony.

Todos los procesados en la causa que estaban en libertad condicional fueron enviados de nuevo a prisión cuando la Audiencia Nacional confirmó el procesamiento. El tribunal aceptó la solicitud del fiscal, que sostuvo que existía "un evidente riesgo de fuga" al estar cerca la fecha del juicio.

En principio, y aunque no estaba fijada la fecha, se esperaba que la vista se celebrara en febrero. Ahora los plazos han vuelto a dilatarse, aparentemente por razones logísticas. En la Audiencia Nacional, se dice que no habrá juicio hasta junio.

En un criterio que se utiliza raramente en la justicia, no importó que los procesados, incluido Aloni, hubieran respetado todos los requisitos exigidos para acceder a la libertad condicional. Evidentemente, aquellos que se enfrentan a las penas más graves en este caso nunca habían abandonado la prisión.

Aloni había disfrutado de la libertad condicional en atención a su estado de salud y tras abonar una fianza de 6.000 euros. Fue el juez Guillermo Ruiz Polanco quien concedió la libertad durante una semana en la que se ocupó de los asuntos del juzgado de Garzón, que estaba de viaje. A su vuelta, Garzón se enteró de la decisión y no le gustó nada, pero optó por no anularla.

Conocí a Taysir Aloni en Bagdad en mayo de 2003. Le entrevisté para el reportaje sobre el ataque al Hotel Palestina y la muerte de José Couso. Aloni estaba en la oficina de Al Jazeera en Bagdad, en las inmediaciones del hotel, cuando la sede fue alcanzada por un misil disparado por un avión norteamericano.

Ni en la entrevista ni en la conversación posterior, aprecié que estuviera ante una persona que no era otra cosa que periodista. No era un ideólogo parapetado tras el cuadernillo de reportero, no era un radical islamista presto a denunciar la invasión por las tropas norteamericanas, tampoco se escapó de sus labios ningún elogio hacia la dictadura iraquí o los grupos islamistas, por no hablar de Al Qaeda.

De hecho, me contó que no era ninguna sorpresa el rápido desenlace de la guerra por la desaparición del Ejército iraquí en los primeros días de abril. Gracias a sus conversaciones con generales iraquíes después de la guerra, le quedó claro que los militares no tenían ninguna razón para arriesgar su vida por un régimen dictatorial y personalista. Podían haber muerto por Irak, pero nunca por Sadam. Aloni parecía estar en condiciones de separar la información de la propaganda.

Un compañero suyo había muerto en el ataque norteamericano. Aloni también estaba en Kabul cuando la sede de Al Jazeera fue bombardeada, también por los militares norteamericanos. Estaba convencido de que en ambos casos se trataba de ataques deliberados. Como también lo estaban otros periodistas españoles que vivían y trabajaban en el Hotel Palestina.

Digo esto porque algunos quisieron adjudicar la etiqueta de sospechoso a Aloni por ser musulmán y de origen extranjero. Su antiguo jefe en la agencia Efe en Granada se quedó tan sorprendido por verle trabajando después en Al Jazeera y entrevistando a Osama bin Laden que sólo eso ya le parecía suficiente como para sospechar de él. Es una insólita aplicación del principio de presunción de inocencia.

El juez Garzón le detuvo y procesó por haber colaborado con los presuntos miembros de la célula terrorista, por ejemplo, llevando cantidades de dinero a Siria que le habían entregado sirios residentes en España. En posteriores autos, Garzón fue elevando el supuesto estatus de Aloni en la organización terrorista.

En su declaración ante el juez, Aloni nunca negó algunos de los hechos que le hacían parecer sospechoso. Sí aprovechó sus viajes para llevar dinero a los familiares sirios de gente a la que conocía en España. Dijo, y es verdad, que eso es una práctica habitual en Oriente Medio, sobre todo con países como Siria.

Su cadena, Al Jazeera, no ha olvidado a Aloni. Uno de sus presentadores más conocidos, Mohamed Krichen, ha estado en España para participar en el acto de solidaridad con el detenido. En la web de Al Jazeera, hay un especial dedicado al encarcelamiento de Taysir Aloni y al movimiento de solidaridad en su favor en el mundo árabe y en Europa.

Ser periodista no es atenuante ni agravante en ninguna causa judicial. La presunción de inocencia no es sinónimo de inocencia. Pero para acusar a alguien de colaboración con grupo terrorista, se necesitan pruebas más sólidas que el envío esporádico de pequeñas cantidades de dinero. Hay que establecer también una relación directa con los terroristas del perceptor de esos fondos y un razonable conocimiento del uso que se ha dado a ese dinero.

Si se confirma que el juicio no se celebrará hasta junio, habrán pasado siete meses desde el momento en que Aloni fue enviado a prisión ante "el evidente riesgo de fuga" por la cercanía de la vista. Y en ese momento, la justicia habrá comenzado a adquirir un cierto carácter de persecución.