7.2.05

Menos amapolas en Afganistán

El 60% de la riqueza de Afganistán procede del cultivo y tráfico de opio. La ONU ha avisado que el país puede convertirse en un narco-estado. Para cortar de raíz el suministro del 90% del opio que se consume en todo el mundo, EEUU pretendía fumigar con pesticidas especiales todos los campos.

El presidente Karzai consiguió convencer a los norteamericanos de que esta medida era demasiado drástica y que podía encontrar una solución al estilo afgano. De momento, ha tenido éxito. Las autoridades afganas han anunciado un importante descenso en el cultivo de opio, de entre el 30% y el 70% en varias regiones.

La promesa de la ayuda internacional, la apelación a los lazos tribales y la amenaza de que la policía afgana destruiría los campos de amapola parecen haber surtido efecto. Otras versiones no son tan optimistas: la cosecha del año pasado fue un récord y quizá sea muy difícil alcanzar ya ese nivel.

Las cifras son siempre discutibles, pero parece un hecho comprobado por periodistas y funcionarios de organizaciones internacionales que en muchos campos donde antes se cultivaba opio ahora sólo hay trigo.

Como siempre, la alegría durará si se cumplen las promesas hechas a los campesinos afganos. De momento, hay presupuestados 120 millones de dólares para los programas de desarrollo rural (con los que sustituir los cultivos de opio) y 300 millones para la erradicación de los campos de amapola. Quizá toque ahora cambiar las prioridades.