4.2.05

Malas noticias para Alaui

Los primeros datos del escrutinio oficial de las elecciones iraquíes han sido una excelente noticia para los partidos islamistas shiíes cercanos a Irán y no tan buena para el partido del primer ministro, Iyad Alaui. Esta mañana se ha anunciado que se han contabilizado ya 3.300.000 votos. Un 67% corresponde a la Alianza Iraquí Unida (la coalición promovida por el gran ayatolá Sistani) y un 18% a la Lista Iraquí (la coalición formada en torno al partido de Alaui).

Los datos corresponden a colegios electorales de Bagdad y de cinco provincias del sur, por tanto, a zonas en las que se daba por hecho que los partidos shiíes obtendrían excelentes resultados. No se han difundido aún resultados del norte kurdo. Obviamente, con la llegada de esas cifras, el porcentaje de votos de la Alianza tendrá que descender.

¿Por qué son significativos estos resultados? Porque de momento la coalición del primer ministro está muy lejos de llegar al 33% de los votos. Aquel partido que obtenga una tercera parte de los escaños estará en condiciones de bloquear en el Parlamento cualquier medida que se intente aprobar sin su consentimiento. Los nombramientos de los futuros presidente y primer ministro, así como la aprobación de la Constitución, tiene que hacerse con una mayoría de dos tercios.

Antes de los comicios, se especulaba con que el concurso de la coalición de Alaui, aunque hubiera sido derrotada en las urnas, sería imprescindible para formar esa mayoría cualificada. No se descartaba que Alaui pusiera como condición para prestar su apoyo su continuación al frente del Gobierno, la posibilidad que más agradaría a la Casa Blanca y el Pentágono.

En la práctica, y dado que la principal función de la Asamblea será la negociación de la Constitución, lo más probable, y deseable, es que los tres grandes bloques políticos estén representados en el Gobierno: shiíes, kurdos y la coalición laica de Alaui. Pero de los resultados electorales depende quién tendrá la iniciativa en el Gabinete.

Para complicar aún más las cosas, está por ver si la coalición vencedora continuará existiendo en sus actuales dimensiones dentro de unos meses. Sistani impuso que la mitad de sus candidatos fueran independientes para que la lista pudiera representar a toda la comunidad shií, y no sólo a los dos grandes partidos islamistas.

La estrategia ha resultado rentable, por ejemplo en el barrio bagdadí de Al Sader, que hace seis meses era un baluarte del líder radical Moqtada Al Sader. La participación electoral en este barrio, donde viven en condiciones difíciles un millón de personas, fue masiva el pasado domingo. Ahora, los líderes de la Alianza negocian para que esta generosidad no se vuelva contra ellos y algunos de sus miembros no tengan la tentación de cambiar de bando y unirse a Alaui.

Ya no se habla tanto de Al Sader, el radical que se atrevió a llamar públicamente a la rebelión contra las tropas norteamericanas en agosto de 2004. Eso no quiere decir que haya desaparecido. Moqtada ha fracasado en su llamamiento a la abstención, pero se trata de un buen tunante que ha querido jugar todas las cartas posibles.

Mientras Al Sader pedía el boicot a las urnas, algunos de sus seguidores formaban una candidatura que ha obtenido unos resultados ínfimos (un 1,5% de votos hasta ahora) y otros se integraban en las listas de la Alianza. Seguiremos oyendo hablar de él, aunque se trata de una figura marginal en la comunidad shií.

Lo que no sabemos aún es la cifra de participación en las elecciones, algo de lo que se habló mucho el pasado domingo. Sobre eso, es posible que nos llevemos una sorpresa. Pero eso lo dejo para otro post.