22.2.05

HST, un amago de despedida

Tengo la sensación de que podría estar igual sentado aquí cincelando las palabras de mi lápida... y que, al acabar, la única salida decente sería bajar directamente desde esa jodida terraza a la calle, 28 pisos y 200 metros por lo menos de aire sin obstáculos hasta la Quinta Avenida.

Nadie sería capaz de imitar ese número.

Ni yo siquiera... y en realidad la única manera de solventar este asunto es llegar a la razonable conclusión de que ya he vivido y terminado la vida que planeé vivir (me he pasado en 13 años, en realidad) y a partir de ahora todo será Una Nueva Vida, una cosa distinta, un asunto que termina esta noche y empieza mañana por la mañana.

Así que si decidiese tirarme a la calle al acabar esto, quiero dejar muy clara una cosa: me encantaría sinceramente dar ese salto, y si no lo doy lo consideraré siempre un error y una oportunidad perdida, uno de los poquísimos errores graves de mi Primera Vida que ahora está terminando.

Pero, qué demonios, lo más probable es que no lo haga (por todos los peores motivos) y probablemente termine esto y me vaya a casa a pasar las Navidades y tenga que vivir luego 100 años más con todo este galimatías de mierda que estoy amontonando.

Pero sería una salida maravillosa, caramba... y si lo hago, vosotros, cabrones, me deberéis una salve (esta palabra es "salva", maldita sea, parece ser que no manejo esta elegante máquina tan bien como creía), una salva, repito, una salva descomunal con una buena pieza del 44...

Sabéis de sobra que podría hacerlo si tuviese un poco más de tiempo.

¿Vale?

Sí.

HST #1, R.I.P.
23 de diciembre de 1977.


(Prólogo de "La gran caza del tiburón", de Hunter S. Thompson. Editorial Anagrama. Barcelona 1981.)