9.2.05

El valor de los cirujanos

Amos Oz suele decir que el conflicto entre palestinos e israelíes se ve agravado por el hecho de que los cirujanos (los dirigentes políticos de ambos pueblos) son unos cobardes. El paciente lleva mucho tiempo sobre la mesa de operaciones. Los médicos saben qué es lo que hay que hacer, pero no se atreven a echar mano del bisturí.

La salud del paciente ha empeorado mucho en los últimos cuatro años y los cirujanos parecen estar dispuestos a operar. Lo más alentador es que los políticos han decidido caminar juntos en la búsqueda de una solución que aún parece imposible. Lo más deprimente es que en cierto sentido israelíes y palestinos no están en una situación muy diferente a la del 2000. ¿Para qué ha servido la muerte de 4.000 personas?

Sin firma:
El acuerdo de Sharm el Sheij no se ha firmado. No hay más papel escrito que los discursos de Ariel Sharon y Abú Mazen. No tiene mayor importancia. La hoja de ruta de la cumbre de Aqaba parecía tener más peso y no sirvió para nada. En cuestión de semanas, se convirtió en un documento inútil.

Confianza:
Tras Aqaba, Abú Mazen (por entonces, un primer ministro sin poder) no recibió ningún crédito de Sharon ni de Arafat. Ahora, Sharon ha optado por confiar en Abú Mazen. El nuevo presidente palestino no tiene en sus manos un compromiso claro de Hamás de que pondrán fin a la violencia. Diría que Sharon se ha dado cuenta de que Mazen no va de farol, que ha iniciado un camino sin retorno. Su rechazo a la violencia no es táctico ni coyuntural. De otra manera, Sharon no se habría presentado en Sharm el Sheij.

El mediador reticente:
EEUU ha vuelto a propiciar un acercamiento entre los dos bandos. Se confirma una idea repetida por gente que conoce este tema mejor que yo o que los lectores de este blog: no hay ninguna posibilidad de un acuerdo de paz sin una intervención decisiva de Washington. De momento, los norteamericanos juegan el papel del mediador reticente. Ponen la mesa, pero dejan que sean los invitados los que elijan el menú. Está por ver si la receta funcionará cuando empiecen los problemas.

El ausente:
Por primera vez desde 1992, Yaser Arafat no está entre los protagonistas de la foto. En realidad, Arafat llevaba muerto políticamente desde 2001, cuando Sharon lo convirtió en prisionero de la mukata. O quizá desde el 2000, cuando creyó que volver a la trinchera obligaría a Occidente a forzar una negociación para evitar el baño de sangre. Se equivocó, no tuvo valor para pagar el precio de la paz o pensó que Sharon sólo aceptaría la rendición. Israel le condenó a la mukata y el 11S sirvió para lanzar la llave al mar. Bush decretó que Arafat había quedado fuera de la foto para siempre y el líder palestino se resignó a su suerte. A lo largo de su vida, Arafat jugó todas las cartas posibles y en los últimos años descubrió que ya no le quedaba ninguna más en la baraja.

Hamás:
Los integristas no han dicho que vayan a respetar la tregua. Dejan un margen para la duda a la espera de que Abú Mazen les anuncie las nuevas reglas del juego. Las declaraciones de la cumbre de Egipto son terminantes: no debe haber más violencia en ningún sitio, es decir, ni en Israel ni en Gaza y Cisjordania. Sólo hay una razón por la que los integristas estarían dispuestos a poner fin a la violencia: si la tregua ofrece unos beneficios a los palestinos que no se pueden conseguir de otra manera. Una liberación progresiva de los presos palestinos impediría a Hamás continuar con los atentados. A ojos de la sociedad palestina, los integristas serían los responsables de que continuaran en la cárcel.

Para Sharon, quizá sea demasiado pronto para dar un paso tan arriesgado. Seguro que alguien le dirá que las oportunidades que se han presentado en febrero de 2005 pueden desaparecer dentro de unos meses.

Hamás ya consiguió con sus atentados suicidas que los israelíes eligieran en 1996 a Netanyahu, en vez de a Peres. Los ultras israelíes mataron a Rabin y los ultras palestinos mataron (políticamente) a Peres. Esperemos que ahora no se repita la historia.

Texto completo del discurso de Sharon.

Texto completo del discurso de Abú Mazen.