23.1.05

Una historia en tres capítulos

Capítulo primero:
Jumana Michael Hanna, una mujer iraquí de 41 años, tenía muchas razones para quedarse callada en su casa, pero decidió hablar. En 1993, se casó en secreto con un extranjero, un inmigrante indio. Cuando intentó que las autoridades reconocieran el matrimonio, fue detenida, y también lo fue su nuevo marido. Ahí comenzó un infierno de violaciones y torturas para que confesara que formaba parte de un imaginario grupo de espías. Su marido fue asesinado por los sicarios de Sadam.

En junio de 2003, cuenta su terrible historia, que aparece publicada en The Washington Post, y sus declaraciones sirven para detener a los torturadores y a sus jefes, incluido un general. Para premiar su valentía, ella y su familia viajan a EEUU, donde reciben asilo. El número dos del Pentágono, Paul Wolfowitz, habla de su caso ante el Congreso. Su historia se convierte en un símbolo de las atrocidades cometidas durante décadas por la dictadura de Sadam.

Capítulo segundo:
Tras leer el artículo del Post, una editorial contrata en agosto de 2004 a la escritora Sara Solovitch para que escriba la historia. Solovitch comienza a trabajar con Jumana en el libro. Pasan mucho tiempo juntas y se convierten en amigas. Tras escuchar el testimonio de Jumana, la escritora comienza el lento proceso de confirmar hasta el más pequeño detalle de las revelaciones.

Poco a poco, descubre que algunas de las cosas que le ha contado no son ciertas. Los soldados que investigaron sus denuncias en Irak reconocen que no encontraron pruebas concluyentes, de hecho sólo hallaron huesos de vaca en el lugar en el que Jumana les contó que sus carceleros enterraban a los asesinados. Los familiares de Jumana le dicen que sí estuvo en la cárcel, pero no por casarse con un extranjero (de hecho, la ley iraquí no lo prohibía), sino por otras razones. Otros familiares le cuentan que su marido no ha muerto y que sigue viviendo en Irak.

La emocionante historia de Jumana resulta ser una sucesión de mentiras. Solovitch publica un reportaje en la revista Esquire.

Capítulo tercero:
El reportaje de Esquire obliga al Post a volver a investigar la historia. El mismo reportero que escribió el primer artículo vuelve a Irak. Los familiares de Jumana le confirman que el marido está vivo. Le dicen que fue encarcelada por engañar a varias personas para que les entregara dinero a cambio de conseguirles visados para viajar al extranjero. Todos los policías iraquíes detenidos a causa de la denuncia fueron puestos en libertad por falta de pruebas.

Epílogo:
La historia de Jumana no sólo tenía valor por sí misma, sino por lo que representaba. Lo malo de convertir una historia personal en un símbolo, un recurso propio del periodismo, es que el reportero tiene que ser capaz de poner en duda todos sus elementos, incluso los más obvios, inmediatamente después de habérselos creído. Cuando el periodista no lo hace y se conforma con la primera versión, pone su credibilidad en manos de una sola persona. Y puede haber tenido la mala suerte de toparse con un mentiroso.

Algunos periodistas creen que basta con mirar a los ojos de una persona para saber si les está diciendo la verdad. Definitivamente, se trata de un recurso sobrevalorado.