2.1.05

Periodismo de recortada

Juan Varela suelta sapos y culebras por el comportamiento de un confidencial, PR Noticias, que ha utilizado uno de sus artículos para uno de los habituales trabajitos (haz que parezca un accidente) que caracterizan a estos medios:

Aparicio (director de PR) copió ayer la información publicada por Periodistas 21, la mezcló con algunos datos sabidos y construyó una conspiración de ésas que tanto gustan a los confidenciales. (...)

Un revoltijo de informaciones publicadas en P21 y en otros medios metamorfoseados en conspiración por arte de birlibirloque. Una más de este señor de las relaciones públicas autoproclamado adalid de la libertad de expresión gracias al papanatismo de muchos gabinetes de prensa, la credulidad de muchos periodistas, el oscurantismo y falta de transparencia de la información sobre medios en España y el terror y pánico de muchos editores, ejecutivos y accionistas de medios de comunicación y grandes empresas.


El que los confidenciales sean unos maestros del corta y pega sin que nunca se molesten en citar a los autores de las informaciones que fusilan es casi un pecado venial. Lo peor es el uso que dan a esas noticias, siempre al servicio del mejor postor o del incauto (o poderoso) que prefiere pasar por caja antes que hacer frente al facineroso.

Llamarles piratas sería una afrenta al noble oficio de corsarios y bucaneros. Estos medios pertenecen al mundo de la recortada y la media en la cara. Por lo que yo conozco del mundo de la televisión, cada vez que han intentado dar alguna información sobre las empresas del ramo no han acertado ni de lejos. Casi todas estas noticias no eran otra cosa que servicios prestados a algún pagano o mensajes con bala destinados a alguien que tenía que recibir un aviso.

Lo que sorprende es que haya gente que aún les conceda no ya credibilidad, sino incluso el poco tiempo que se necesita para leer sus infundios. Y sorprende aún más que algún gurú despistado de Internet haya mostrado interés por ese mundo.

Algunos aún creen que los confidenciales son una de las nuevas expresiones del periodismo en Internet, una de las naves en las que los periodistas de la red están asaltando las fortalezas de los medios tradicionales. No pueden ser más ingenuos o estar peor informados. Los confidenciales ya existían a principios de los años ochenta y sus intenciones eran similares. Lo único que ha cambiado ha sido el soporte. Algunos de sus capos incluso son los mismos que entonces.

Por trasladar su caso a EEUU, estar interesado en ellos es como creer que Drudge Report es el futuro de Internet, y que los blogs (como Atrios o Instapundit) son unos idiotas condenados a desaparecer. Si eso fuera así, Internet sólo sería un cambio de soporte técnico. Las mismas fechorías que se cometían antes sobre el papel se perpetrarían ahora a través del ordenador.

Admitámoslo. A todos nos gusta escuchar rumores, habladurías y maldades, incluso cuando sabemos que no son ciertas. Pero confiar en los confidenciales como fuente de información es lo mismo que dejar que la mafia dirija los casinos. La verdad es que los organizan muy bien, a veces canta Sinatra en el auditorio y las camareras están muy buenas. Todo es perfecto hasta que sacas la llave y pones en marcha el coche.