10.1.05

La legitimidad de Abú Mazen

Abú Mazen ya tiene su victoria, y con más del 60% de los votos. Los últimos resultados anunciados por la Comisión Electoral Central indican que el candidato de Fatah ha obtenido el 62,3% de los votos. El independiente Mustafá Barguti se ha quedado cerca del 20% (con un 21% en Cisjordania y un 18% en Gaza).

El resultado le da la legitimidad suficiente para asumir el cargo con todos los poderes. Para ello, fue necesario que las autoridades electorales fueran algo "creativas" con las normas. Ampliaron dos horas el periodo de votación y permitieron que los trámites se limitaran a identificar a los votantes con su carné, sin comprobar si estaban incluidos en el censo electoral.

La decisión se tomó cuando se descubrió a lo largo de la jornada que el índice de participación estaba siendo menor del esperado. La comisión lo justificó por los retrasos originados por los controles militares israelíes.

Barguti ha pedido a la comisión electoral que investigue estas irregularidades, además del uso de una tinta indeleble que no era tan difícil de borrar:

"The indelible ink with which all who have cast their ballots are marked in order to ensure that they only vote once, and to ensure no double voting, can in fact be wiped off with saliva or washing.

"This can only mean that the indelible ink has been replaced with removable ink, and the situation sheds serious doubt on the fairness, accuracy and legitimacy of the election process. I am demanding that the CEC [Central Election Committee] investigate these violations."

Fatah controla todos los organismos que componen la Autoridad Palestina, con lo que no resulta extraño que las normas electorales se hayan hecho con la vista puesta en favorecer la victoria de su candidato. Eso permite valorar en su justa medida el porcentaje de votos obtenido por Barguti, pero tampoco falsea el resultado.

Quienes piensen que los comicios palestinos no alcanzan el nivel de limpieza exigible en los países occidentales deben recordar que no existen muchos casos de elecciones celebradas bajo ocupación. Por otro lado, las votaciones se celebraron sin demasiados incidentes violentos, lo que no pueden decir países del Tercer Mundo con mayor tradición democrática.

Conviene echar la mirada atrás y recordar todos los artículos y comentarios de políticos y periodistas sobre lo que podría ocurrir en los territorios palestinos tras la muerte de Arafat. Las previsiones de conflictos violentos y de guerra civil, en el peor de los casos, no se han cumplido. La sucesión de Arafat se ha completado sin derramamiento de sangre, y con unas elecciones que, sin ser perfectas, representan la voluntad de los palestinos.

Hay un cierto prejuicio, no sé si racial o simplemente político, entre los periodistas occidentales al hablar sobre el futuro de los países árabes de Oriente Medio. Si hay que creerles, las sociedades árabes siempre están al borde de la guerra civil, del baño sangre. La llamada "calle árabe" es una especie de monstruo a punto de estallar. La realidad suele ser algo más prosaica.

Abú Mazen tiene, por tanto, lo que quería. Hace tan sólo un año, su popularidad en las encuestas no pasaba del 3%. Ahora es el presidente de todos los palestinos, aunque pocos le habrán votado con entusiasmo. La mejor versión de Mazen es la de un político moderado, dispuesto a trabajar al frente de un equipo, y absolutamente carente de carisma y apoyo entre las bases de su partido. Es la clase de político que sólo puede suscitar adhesión cuando ofrece resultados efectivos.

Anoche, Mazen se apresuró a resaltar que aspira a conseguir la suspensión de la violencia como requisito ineludible para que los palestinos mejoren sus lamentables condiciones de vida y, en el futuro, vean cumplidas sus aspiraciones nacionales:

"The small jihad, which was the armed struggle, has ended, and now begins the large jihad, which will be the establishment of an independent Palestinian state and the building of our homeland."

Nadie se hace popular en Israel apelando a la yihad, sea la versión que sea. En los próximos días, veremos cómo Abú Mazen intenta convencer a los interlocutores extranjeros, incluido Sharon, de que aspira a una independencia ganada con instrumentos políticos y el apoyo internacional. Necesita aliados, y pronto, y que no todos residan en el extranjero.