30.1.05

Irak: Día 1



La conferencia de prensa de los responsables de la Comisión Electoral Iraquí, que estoy viendo ahora, ha arrojado algunas dudas sobre las cifras de participación en las elecciones de Irak anunciadas por los medios de comunicación. A las 2 de la tarde, una hora antes del cierre de los colegios, se ha dicho que un 72% de los iraquíes censados había ejercido su derecho al voto. Resultaba un dato extraordinario, dando por hecho una participación mínima entre los suníes.

Unas horas más tarde, la Comisión Electoral ha informado que la cifra se basaba sólo en estimaciones enviadas por sus representantes en las provincias. El porcentaje real sólo se conocerá en los próximos días, cuando todos los datos vayan llegando a Bagdad. Los resultados de los comicios se sabrán dentro de una semana.

Los dirigentes de la comisión han dicho que estiman que el número de votantes puede alcanzar los ocho millones. El censo electoral incluye a unos 14 millones de personas, por lo que el índice de participación podría ser del 57% (o por no ser tan precisos, entre el 55% y el 60%). La razón de la confusión parece estar en que el porcentaje del 72% no incluía las provincias de Anbar, donde se encuentran Faluya y Ramadi, y de Nínive. En ambos casos, se trata de provincias suníes, ferozmente castigadas por la guerra y los atentados del grupo de Al Zarqawi, en las que la abstención será muy alta. Obviamente, al contabilizar los datos de estas zonas, el porcentaje nacional resultante tendrá que ser menor.

En cualquier caso, y como se esperaba, las imágenes han demostrado que tanto los shiíes como los kurdos han votado de forma masiva, convencidos de que se abre una nueva era para su país y sus aspiraciones políticas. Las elecciones tienen un carácter prácticamente inédito en la historia de Oriente Medio en las últimas décadas. Por primera vez, un grupo social, étnico o político tiene la oportunidad de alcanzar el poder sin necesidad recurrir a las armas.

Los shiíes van a acceder al poder de forma democrática en un proceso doloroso, regado por la sangre de los atentados que han seguido produciéndose también en el día de las elecciones y en un país aún ocupado por más de 150.000 soldados extranjeros. Pero al menos, saben que no han tenido que organizar un golpe de estado o una campaña de limpieza étnica. Sus dirigentes parecen estar convencidos de que no podrán gobernar en solitario, aunque tengan la mayoría de los votos. Como la primera función de la Asamblea que se elige hoy es la redacción de una Constitución, están obligados a integrar las aspiraciones de kurdos, shiíes, turcomanos y cristianos. Y eso es lo que han dicho que van a hacer.

La violencia ha acompañado a los iraquíes hasta los mismos centros de votación. Por la mañana, ha habido al menos ocho atentados suicidas en Bagdad. La cifra total de muertos en todo el país es de 36, 22 en Bagdad. Además, un avión de transporte británico se ha estrellado cerca de Bagdad, sin que se sepa cuántos soldados o civiles extranjeros han muerto.

Las crónicas de los corresponsales cuentan que los votantes de Bagdad podían escuchar el sonido de las explosiones mientras hacían cola ante los colegios electorales. Ninguno se movía de la fila. Su acto de valentía es un llamamiento claro y nítido a sus líderes para que sean capaces de pactar una Constitución en la que todos los grupos étnicos y religiosos puedan expresar sus ideas sin miedo a acabar torturados en una celda.

No sabemos aún qué efecto tendrán estas elecciones en el resto del mundo árabe. De entrada, pocos habitantes de Oriente Medio tendrán ganas de cambiarse por los iraquíes si eso supone vivir en un país consumido por la violencia y sin los servicios públicos imprescindibles. En el futuro, si los iraquíes consiguen una Constitución democrática y la salida de las tropas norteamericanas, los demás árabes se preguntarán por qué los iraquíes tienen acceso a unos derechos que a ellos se les niegan.

El camino hacia la democracia en Irak tiene ante sí tantos obstáculos que las elecciones de hoy, por sí solas, sólo sirven como el comienzo de una historia que no tiene aún asegurado un final feliz. Pero sin las votaciones, este camino habría quedado abortado casi antes de arrancar.