19.1.05

Erratas con sabor a sangre

El BOE debería tener una sección de erratas en la sección de condecoraciones. Podría servir ahora para que el Gobierno español se pensara algo más algunas de las distinciones concedidas a 22 personalidades marroquíes justo antes de la visita de los Reyes a Marruecos.

Lo cuenta hoy Alí Lmrabet en El Mundo y lo han denunciado varias organizaciones marroquíes que luchan por los derechos humanos. Dos de los condecorados, los generales Hosni Bensliman y Hamidou Laanigri, han sido acusados de autorizar u ordenar torturas y secuestros:

Incluso la Asociación Sahara Marroquí (ASM), que defiende la "marroquinidad de las provincias del Sur", acusó al Gobierno de Rodríguez Zapatero de apoyar "la represión, la tortura y el encarcelamiento de periodistas en Marruecos". En su comunicado la ASM expresa "su estupefacción" e "indignación" ante la condecoración concedida al general Hamidu Laanigri, director general de la Seguridad Nacional marroquí, y dice que el gesto "anima a hacer perenne la violación de los Derechos Humanos en Marruecos", sobre todo cuando el reconocimiento procede de "un país democrático" europeo.

La asociación acusa a este general de ser responsable de raptos, torturas y violaciones de miles de detenidos entre los que "figuran inocentes". Estos hechos, señala, se produjeron en la época en que Laanigri estaba al frente de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST) y tuvieron lugar en la sede del organismo en Tamara.

Bensliman es el jefe de la Gendarmería Real desde los años 70. Laanigri es el director general de la Policía Nacional y fue, entre 1999 y 2003, el jefe de la DST, la policía política marroquí. En sus manos, está la lucha contra el terrorismo integrista, por la que ha recibido numerosas denuncias de violaciones de derechos humanos. Curiosamente, en la entrevista publicada en El País, Mohamed VI reconocía que se habían cometido algunos excesos, quería decir detenciones injustificadas, en los meses posteriores a los atentados de Casablanca.

Zapatero y Moratinos siempre han dicho que la lucha contra el terrorismo integrista, por peligroso que éste sea, no puede hacerse sin olvidar que las democracias están obligadas a respetar la ley y los derechos humanos. No vale decir que esa exigencia sólo vale dentro de nuestras fronteras, y que es lícito aliarse con el diablo para defendernos del mal.

Parece que se pueda sermonear con facilidad a EEUU (por aquello de "es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta"), y cuesta más aplicarse a uno mismo la lección. España necesita la colaboración de las fuerzas de seguridad y de los servicios de inteligencia marroquíes, pero no está obligada a condecorar a dirigentes policiales y militares de tan cuestionable currículum.

La Unión Europea ha exigido a Turquía que pongan en marcha una inmensa lista de reformas políticas que acerquen su sistema político a la realidad democrática de Europa. No veo por qué razón hay que renunciar a una influencia similar en las relaciones con Marruecos.

Errata del mes

Ariel Sharon es el primer ministro israelí, y no palestino como se afirmaba los días 11y 15 pasados en sendos textos de primera página. (Página 12 de El País).