19.12.04

A veces llegan cartas

Va a ser verdad que Internet ha puesto fin al dominio absoluto que los medios de comunicación han tenido siempre sobre la libertad de expresión. No me refiero aquí al derecho constitucional ni a la posibilidad de solucionar el mundo desde la barra de un bar. Estoy hablando de la capacidad de comunicar información a un alto número de personas y, por tanto, de influir en el debate político y social.

El caso Echevarría (ese nombre le ha puesto la defensora del lector de El País) ha demostrado que los periódicos ya no pueden enterrar debajo de sus alfombras algunos de los problemas que hasta ahora solían ocultar a sus lectores.

Es lo que intentó el director adjunto de El País, Lluís Bassets, cuando mantuvo "congelada" durante tres meses la presencia del crítico Ignacio Echevarría en Babelia. Echevarria había escrito una crítica ferozmente negativa de la última novela de Bernardo Atxaga. La obra era el lanzamiento estrella de la editorial Alfaguara, propiedad del Grupo Prisa, editor del periódico. La expresión conflicto de intereses se inventó, supongo, para cosas como éstas.

La penitencia pareció excesiva a Echevarría. El crítico escribió una carta abierta en la que denunciaba su ostracismo y contaba la historia. No la publicó en ningún medio, sino que, a través del email, la lanzó al viento para que la recogiera quien quisiera. Ningún periódico, ni siquiera los dirigidos por gente que hace vudú con figuritas de los responsables de El País, se atrevió a tocarla.

Podría haber servido como noticia de una sección de cultura o podrían haberla escogido como ejemplo de las tormentosas relaciones entre críticos y escritores, o de los riesgos que acechan tras la conversión de los periódicos en piezas claves de imperios empresariales que también cuentan con los libros entre sus preciadas inversiones. Podría, pero no. La respuesta de los medios fue el silencio.

Pero cuando Lluís Bassets se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí, y cada día que pasaba se hacía más grande. Fue ese universo paralelo a los medios de comunicación que habita en Internet el que recogió la carta y la mantuvo viva. En algunos casos, fueron las webs, en otros, los blogs, y en general, el email, los que convirtieron la relación entre un colaborador y un periódico en una noticia. (No olviden que el email es algo más que el sustituto tecnológico del correo de carta y sello).

Y mientras, los lectores de El País no se enteraban de nada (lo que incluye a los suscriptores de elpais.es).

Hace unos días, la sección de cartas al director de El País publicó una misiva, no sabemos si les llegó por email o por el correo del zar, firmada por un auténtico diluvio de escritores y colaboradores del periódico: seis con nombre y apellidos (Rafael Conte, Mario Vargas Llosa, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Marsé, Eduardo Mendoza y Félix de Azúa, además de un estremecedor "68 firmas más":

Por la presente, algunos críticos, redactores, escritores, lectores y colaboradores de EL PAÍS expresamos nuestra preocupación por el daño que ha sufrido el crédito del periódico a raíz de la carta abierta que el crítico de Babelia y colaborador de la sección de Cultura del diario Ignacio Echevarría dirigió el pasado 9 de diciembre a Lluís Bassets, director adjunto de EL PAÍS, en la que se denunciaba la represalia y la censura de los que ha sido objeto por ejercer la crítica literaria tal y como venía haciéndolo desde hace catorce años en estas mismas páginas.

Igualmente manifestamos nuestra preocupación por la posibilidad del futuro ejercicio libre de la crítica en las páginas de EL PAÍS.


El segundo párrafo de la carta convertía de forma automática la noticia en el incidente más grave que ha sufrido en su historia la redacción del mayor periódico de España. No estaban todos, pero los 6+68 pesaban más que toda la Real Academia Española. El ejercicio libre de la crítica en El País se convertía, para ellos, en una "posibilidad" y se sugería que estaba amenazada.

Los lectores de El País que se temían lo peor con ese "68 firmas más" estaban en lo cierto. Ahí estaban, por ejemplo, Javier Marías, Fernando Savater, Javier Cercas, Álvaro Pombo, Francisco Rico, Victoria Camps, Ana María Moix y Luis Antonio de Villena. Y asi hasta 68 puñaladas en el corazón de Bassets y del director de El País, Jesús Ceberio.

También estaba Arcadi Espada, que en su blog había lanzado una andanada contra la defensora del lector, Malén Aznárez, en forma de artículo imaginario. Es decir, del artículo que Aznárez no se había atrevido a escribir.

Hoy la defensora del lector se aplica el cuento y dedica su artículo semanal a la polémica. Y, por una vez, la defensora abandona su posición digamos institucional para ponerse del lado de los lectores (Puede leerse el artículo completo en escolar.net). Aznárez da la palabra a la responsable de Babelia y le hace a Bassets las preguntas que se están haciendo todos los lectores del periódico.

Bassets niega que hubiera censura (es cierto, la crítica se publicó), pero admite que a partir de ese momento Echevarría entró en la nevera:

Su artículo contra Atxaga llevó a interrogarnos sobre el papel de este crítico y decidimos congelar por el momento su colaboración.

Y ahí se quedó, en la celda de aislamiento, durante casi tres meses. Que cada uno juzgue si ésa es una forma inteligente y honesta de tratar a un colaborador. Ceberio admite que ha gestionado mal este conflicto, pero nos quedamos sin saber a qué se refiere exactamente. No sabemos qué es lo que hubiera hecho de forma diferente. Sí se queja de que se haya llegado a conclusiones desmesuradas (se supone que se refiere a la carta de los escritores).

La defensora del lector le echa valor y cierra el artículo corrigiendo al director. No es que se haya gestionado mal la crisis, sino que todo es "un auténtico disparate":

No sólo debían haberse extremado todo tipo de precauciones para evitar el conflicto y las sospechas, sino que antes que nada debió de hablarse con Echevarría en vez de mantener silencio durante tres meses. Si, como ha asegurado Jesús Ceberio, la decisión no fue prescindir del mismo, "sino congelar la relación durante un tiempo", parece de locos haber llegado a una situación que ha desembocado en la pérdida de un crítico de prestigio, y dado pie a graves repercusiones para la credibilidad del periódico.

Los tres meses se han convertido en la prueba de cargo contra los responsables del periódico. Como recuerda Aznárez, Echevarría ha escrito críticas negativas de otros conocidos escritores, algunos de ellos publicados por Alfaguara. Curiosamente, uno de ellos, Javier Marías, está entre los firmantes de la carta de protesta.

Esta vez, los tres meses y un futuro no muy halagüeño en El País parecían el prólogo de una represalia por una crítica denunciada en público por el director del periódico. Echevarría iba a decir adiós a su puesto de trabajo y en el tumulto El País se arriesgaba a perder buena parte de su credibilidad.

Llegados a este punto, hay que plegar un poco las banderas de Internet y reconocer que sería improbable un artículo como el de Aznárez si los 6+68 no hubieran alzado su voz en favor de Echevarría. Pero la carta de los ilustres fue el desenlace lógico de la aparición de la carta de Echevarría en Internet. Convirtió la discusión privada entre un colaborador y su periódico en un asunto público, en una noticia que conocieron todos menos aquellos que tienen como única fuente informativa a los periódicos.

Es posible que los 6+68 no estuvieran sólo preocupados por la suerte personal de Echevarría. Sabían que su denuncia había tenido una gran difusión y sabían que a partir de entonces todos sus artículos publicados en El País aparecerían a ojos de los espectadores rodeados por un gran interrogante. ¿Son éstos los que no se atreven a escribir como Echevarría?, pensarían algunos.

El caso Echevarría. El artículo de la defensora del lector de El País, en el blog de Nacho Escolar.
Carta abierta a Lluís Bassets. La carta de Ignacio Echevarría y la crítica del libro de Bernardo Atxaga, en en el blog de Nacho Escolar.
Preocupación. Lista completa de autores de la carta de los 6+68, en el blog de Arcadi Espada.

Lunes, 16:30:
El País publica hoy en las Cartas al Director una carta de Ignacio Echevarría:

Quiero expresar, en primer lugar, mi sorpresa por el hecho de que se pueda tratar por extenso el caso Echevarría, como lo llama la Defensora del Lector, sin darme voz alguna ni haber reproducido de ningún modo la carta abierta mandada por mí a Lluís Bassets con fecha del pasado día 9.

En sus declaraciones, el señor Bassets da a entender que soy yo quien ha roto unilateralmente las relaciones con el diario "sin tantear ninguna otra posibilidad". ¿Le parece poco haberle escrito pidiéndole explicaciones, primero, y dejando pasar a continuación más de un mes a la espera de una respuesta que él prometió darme en el plazo de unos días?

Usted mismo admite haber decidido unilateralmente "congelar" su relación con un colaborador de modo indefinido, sin informarle en absoluto de ello. ¿No autoriza esto a hablar de "represalias" contra ese colaborador, a quien se priva de un medio de sustento, aparte de callar su voz?

El señor Bassets (que, increíblemente, no duda en hacer suyas las palabras dichas por mí y que a él le parecen tan ofensivas) alude a una frase que yo acepté suprimir de mi reseña. Y dado que él mismo enjuicia esa frase, creo que los lectores tienen derecho a conocerla. Decía así: "Ocasiones hay en que la indigencia narrativa admite ser tomada por indicio de incompetencia moral. Ésta parece ser una de ellas".

Me pregunto si no hay también ocasiones en que la indigencia periodística admite ser tomada, asimismo, por indicio de incompetencia moral.
Ignacio Echevarría. Barcelona.