6.12.04

No están acabados

Al Qaeda no ha dicho su última palabra en Arabia Saudí. El ataque de hoy contra el consulado de EEUU en Yeda demuestra que esta organización ha comenzado a recuperarse tras encajar la ofensiva de las autoridades saudíes. Durante los últimos meses, las únicas noticias que salían del reino saudí se referían a miembros de Al Qaeda detenidos o muertos en enfrentamientos con la policía. Habían conseguido encerrar a los extranjeros en sus casas y alarmar a las autoridades y poco más. Incluso algunos clérigos radicales se alejaron del grupo de Osama bin Laden.

Los últimos atentados habían provocado víctimas saudíes y eso era algo que sus partidarios no entendían. En entrevistas aparecidas en webs integristas, algunos militantes de Al Qaeda reconocieron que había miembros de la organización que desaprobaban estas acciones. Obviamente, los atentados contra extranjeros, en especial si eran norteamericanos, no causaban ningún rechazo.

La aparente desidia de las fuerzas de seguridad había tocado a su fin. La noticia de que la policía saudí estaba decidida a acabar con Al Qaeda fue recibida con un cierto escepticismo en Occidente. No en vano el ministro de Interior, el príncipe Nayef, es un bastión de los sectores más reaccionarios del país. Él es el principal freno de las tímidas reformas que ha puesto en marcha el príncipe heredero Abdulá.

La tolerancia se acabó cuando los integristas dieron un paso al frente y plasmaron en atentados su deseo de derrocar a la familia real saudí. Al Qaeda pasó de ser una amenaza latente a un peligro muy serio, y sus militantes empezaron a caer.

El ataque contra el consulado norteamericano revela que los terroristas han optado por elegir un objetivo que no suscitara oposición entre sus bases. También demuestra el grado de osadía de sus inspiradores. Se supone que pocos edificios públicos habrá en Yeda con más protección que el consulado, y aún así se decidieron a atacarlo.

Al parecer, ningún funcionario norteamericano resultó herido. Según algunas informaciones, los atacantes llegaron a tener bajo control a 18 rehenes. No parece muy probable. Todas las representaciones diplomáticas de EEUU en lugares delicados cuenta con una sala segura, protegida por los medios más avanzados. Es un lugar casi impenetrable a donde se tiene que dirigir todo el personal en caso de emergencia. Los policías saudíes que protegían el consulado y los terroristas se enfrentaron a tiros en el acceso al complejo y eso dio tiempo suficiente a los funcionarios para esconderse en el interior del edificio.

Se dice que los agresores pudieron descolgar la bandera de EEUU y prenderle fuego. Quizá sea ése el principal botín del asalto. Poca cosa, pero suficiente para Al Qaeda. No están acabados y están dispuestos a elegir objetivos más "tolerables" para sus seguidores en Arabia Saudí.

Lecturas de puente


La familia real saudí y la clase dirigente del país están divididos en dos sectores: uno reaccionario y aliado con los clérigos ultras y cuyo líder es el ministro de Interior, el príncipe Nayef, y otro favorable a emprender algunas reformas y a mejorar las relaciones con Occidente, que dirige el príncipe heredero Abdulá. Hace unos meses y en la revista Foreign Affairs, Michael Scott Doran explicaba esta confrontación: The Saudi Paradox.