16.12.04

¿Hemos aprendido la lección?

En días como el de ayer, y el de hoy, queda claro que la información siempre llega más lejos que la opinión en el periodismo. El testimonio de Pilar Manjón y de José Alcaraz en la comisión parlamentaria del 11M lo demuestra una vez más. Sólo las crónicas de sus intervenciones, aparecidas en los periódicos, están a la altura de las circunstancias. Los editoriales y las columnas de opinión, tan solemnes, sólo han rascado en la superficie.

A fin de cuentas, las crónicas no estaban obligadas a limitarse a ella dijo, ella afirmó, ella insistió. Y como ejemplo, éste es el arranque de la noticia sobre la comparecencia de las víctimas en ABC y firmada por J.L. Lorente:

Imborrable lección la que dio ayer la sociedad civil en el Congreso de los Diputados. Las víctimas silenciaron el gallinero en que se ha convertido desde hace meses el Parlamento de la Nación. En tan sólo tres horas, la crispación se convirtió en cordura. Tuvieron que ser José Alcaraz, que perdió a un hermano y dos sobrinos por la barbarie etarra, y Pilar Manjón, una madre de luto por la muerte de su hijo en la masacre de Madrid, quienes pusieran las cosas en su sitio, sacaran los colores a sus señorías y escribieran una de las páginas más brillantes e inesperadas del parlamentarismo español.

La pregunta "¿De qué se reían?" sirve como acertado resumen de la intervención de Manjón, y como titular de la crónica de Salomé García en El Periódico. Es lógico. Se ha convertido en la acusación más grave que hayan recibido nunca los parlamentarios en su propia casa.

Las mayores andanadas de Pilar Manjón estuvieron dirigidas contra los políticos, y por tanto es normal que los medios de comunicación lo hayan destacado. Los titulares principales de primera página de El Periódico, ABC, La Razón, La Vanguardia y El Correo apuestan por esa censura general al lamentable espectáculo dado por los partidos en la comisión de investigación.

Hay dos periódicos que han preferido, y me temo que por razones no muy honestas, otros titulares. El País abre su periódico con "Las víctimas exigen que se asuman las responsabilidades por los fallos del 11-M". El Mundo lo hace con "Las víctimas exigen que una comisión independiente siga investigando el 11-M".

Ambos titulares son ciertos, pero la decisión de colocarlos en primera página no es nada inocente y no se basa en el respeto al mensaje expresado por la representante de las víctimas. El País emplea el discurso para cargar la culpa sobre el Gobierno de Aznar y exonerar al actual presidente. El Mundo, ante la defunción inminente de una comisión a la que las víctimas han restado ya toda credibilidad, para pedir que se siga investigando en otra comisión, supongo que hasta que algo, lo que sea, confirme sus locas teorías de la conspiración. Su columnista Jiménez Losantos dedica su artículo a... Carod Rovira. Algunos no necesitan más que un folio para retratarse.

En cualquier caso, en los periódicos no ha habido un reconocimiento general de los errores cometidos y denunciados por Manjón. Tampoco se puede encontrar nada parecido a un propósito de enmienda. Quizá estén ocupados en abrir un periodo de reflexionar para llegar a conclusiones que resistan el paso del tiempo. Hoy, los periódicos miran para otro lado, quizá confiados en que las acusaciones a los políticos tapen el resto.

El País titula su editorial con un "Perdón", pero no hay más confesión que una vaga referencia, escrita con la misma intensidad con la que un funcionario rellenaría un impreso oficial:

En la medida en que estos comportamientos hayan sido generalizados, todos los medios y periodistas deberíamos extremar el cuidado y expresar nuestra consideración por las víctimas.

Extremar el cuidado. Muy emocionante. El lenguaje burocratizado y vacío de los políticos cuenta con un ejército de imitadores en los periódicos.

Las víctimas pueden sentirse más o menos molestas, o indignadas, con la cobertura periodística de la investigación. Lo que les duele de verdad es el uso reiterado de imágenes del atentado. Aquí, en teoría, compiten dos derechos: el derecho a la información y el derecho de las víctimas a que se respete su dolor. Los periodistas de televisión se encuentran ante un dilema, profesional y moral, difícil de resolver.

Pilar Manjón dio ayer un ejemplo que revela hasta dónde se ha llegado en este punto. Es una historia en la que los periodistas no tienen muchas coartadas para defenderse:

El uso indiscriminado de las imágenes supera niveles que jamás imaginamos. Se han emitido o se han usado en medios escritos imágenes procedentes de las cámaras de vigilancia situadas en los andenes de Renfe.

Estas imágenes fueron requisadas por la Policía inmediatamente después de las explosiones y estaban depositadas en la Audiencia Nacional. ¿Cómo pudieron filtrarse y llegar a la prensa? ¿Quién lo permitió o lo autorizó? ¿Quién las vendió, si ése es el caso?¿Cómo pudieron emitirse imágenes sometidas a secreto de sumario? Desde aquí exigimos de manera urgente una investigación que depure responsabilidades respecto a la filtración y posible venta de las imágenes de los atentados que estaban depositadas bajo la custodia de la Audiencia Nacional.

Recuerdo que yo estaba viendo las imágenes que dimos procedentes de las cámaras de seguridad de los andenes justo en el momento de las explosiones y alguien me preguntó en la redacción: ¿qué aportan estas imágenes?, ¿qué cuentan que no sepamos ya? Le respondí que no mucho, que era como decirle que no aportan nada, a menos que se me ocurra algo de repente.

Lo cierto es que esas imágenes, aunque terribles y espectaculares (mejor dicho, espectaculares por ser terribles), no aportaban más información que la que ya conocíamos. Una segunda explosión había alcanzado a los pasajeros que huían de los vagones tras una explosión anterior ¿Y? Lo sabíamos ya, verlo no nos aportó mucha información relevante.

Esa es la clave que debería manejar un periodista. ¿Qué información aporta una imagen? Si llegamos a la conclusión de que esa información es relevante y nueva, podemos utilizarla, pero quizá no íntegramente, quizá haya que explicar antes por qué se emplea, quizá haya que oscurecer parte de ella. Demasiados quizás, no se extrañen. No hay muchos manuales que expliquen los pasos que hay que dar en estos casos, y si lo hacen, son tan genéricos que no sirven de mucho.

Creo que no es cierto que haya que vetar el uso de las imágenes del 11 de marzo, como afirmó Pilar Manjón. Esas imágenes, o algunas de ellas, continúan teniendo valor informativo. Pero no todas, ni en cualquier circunstancia, ni con cualquier noticia. Lo que no se puede permitir es la barra libre, utilizarlas sin ningún criterio. Sólo porque existen o porque son espectaculares.

Supongo que éstas son algunas de las preguntas que deberemos hacernos los periodistas en el futuro. Hoy, la inmensa mayoría de los medios de comunicación ha preferido obviar el tema. Espero que sea porque aún hay que dar más tiempo a la reflexión.

Texto íntegro de la intervención de Pilar Manjón en el Congreso.
Texto íntegro de la intervención de José Alcaraz en el Congreso.
Pilar Manjón. Encuentros digitales en elmundo.es