17.12.04

El segundo entierro de Arafat

Arafat fue enterrado dos veces. El tumulto que se originó en la mukata cuando llegó el helicóptero que trasladó su cuerpo desde El Cairo hasta Ramala impidió que se respetaran las normas que el Islam impone en los entierros. Estaba previsto el traslado del ataúd hasta el interior de la mukata donde los dirigentes palestinos y los invitados extranjeros le presentarían sus respetos. Las miles de personas que habían saltado los muros lo impidieron y el cuerpo fue conducido directamente hasta el lugar elegido para la inhumación.

La religión musulmana obliga a que el cuerpo de la persona fallecida esté en contacto directo con la tierra, lo que no permite el uso del ataúd. Los policías que llevaban el cuerpo de Arafat bastante hicieron con impedir que la gente les arrollara, así que, en medio de la confusión, les fue imposible sacar el cadáver del ataúd.

La principal autoridad religiosa palestina, Taisir Tamimi, recibió la noticia más tarde y ordenó que el error se corrigiera. A las dos de la mañana, y ante un reducido número de testigos, el cuerpo de Arafat fue extraído de la tumba y vuelto a enterrar envuelto en un sudario:

For Tamimi, who had been called to Arafat's deathbed in Paris to oversee arrangements for his burial back in the West Bank compound, the lapse was unconscionable. So in darkness, at about 2am on November 13, Arafat was reburied. "We returned to the grave to bury him according to our religion," the cleric told the Guardian. "We broke the cement and the stones, and we took the coffin out. I saw him, touched him and prayed over him, and I was able to bury him properly."

Lo cuenta Suzanne Goldberg, en The Guardian, en el relato más detallado de las últimas semanas de vida de Yaser Arafat. El artículo no aclara la incógnita sobre el diagnóstico de la enfermedad que mató al presidente palestino. Nadie lo sabe con exactitud, ni siquiera los médicos que le atendieron, y, como no se hizo una autopsia, nunca se sabrá. El enigma ha alentado la sospecha en el mundo árabe de que Arafat pudo ser envenenado por órdenes del Gobierno israelí, pero no hay ninguna prueba ni indicio que demuestre esta teoría.

El artículo, que incluye testimonios de varias personas que convivieron con Arafat en la mukata en sus últimos meses de vida, cuenta que ya estaba enfermo desde el 25 de septiembre. Los médicos le atendieron de lo que parecía una simple dolencia gástrica y aparentemente consiguieron que se recuperara.

El deterioro de su salud se aceleró de forma dramática e irreversible unas semanas después, en concreto un par de días antes del comienzo del Ramadán, el 15 de octubre. A partir de ese momento, las personas que le rodeaban fueron conscientes de la gravedad de su estado y empezaron a llamar a médicos especialistas de otros países. Hasta el 29 de octubre, Arafat no fue trasladado a París, y entonces su situación era ya casi desesperada. Como dice uno de sus asesores citado en el artículo de The Guardian, quizá podría haberse recuperado si le hubieran enviado antes al extranjero. Cuando llegó a París, ya era demasiado tarde.

Cualquiera que lea este relato puede sentirse sorprendido porque no coincide con las versiones sobre el estado de salud de Arafat difundidas por su entorno, tanto antes como después de su traslado a Francia. No es de extrañar si tenemos en cuenta el alto número de mentiras que se contaron.

Su muerte no fue repentina ni inesperada. Su salud fue agravándose en los últimos años. Arafat acabó recluido en la mukata en mayo de 2002 y vivió casi como un preso desde entonces. Las condiciones de vida dentro del edificio eran muy insalubres y Arafat, siempre convencido de que nadie podría controlarle, nunca fue un paciente que hiciera mucho caso a sus médicos. El encierro y el deterioro progresivo de su salud terminaron también por afectarle psicológicamente:

Arafat's psychological state also deteriorated. Dorgham Abu Ramadan, a German-trained cardiologist from one of Gaza's leading families and one of the more recent entrants to Arafat's circle of intimates, took to visiting the muqata at weekly intervals after the doctor moved to Ramallah in 2000. "His psychology was really difficult. He was many times afraid. He wasn't concentrating. He forgot a lot -people's names- and he forgot the words for things. Sometimes he would try to explain something, and he could not. The last year, very often Arafat was not normal. His emotions and psychology were very different. He was a changed man." The account is confirmed by others who say that often Arafat would not speak for days.

Arafat murió como muchos ancianos jefes de Estado. Sin reconocer que su salud no le permitía controlar hasta la más pequeña decisión de su Gobierno y rodeado de aduladores e incompetentes que no eran capaces de decirle la verdad. Su muerte no estuvo a la altura de su azarosa vida, aunque quizá eso era ya imposible.

"People wanted a heroic death," says a man who had been a member of Arafat's inner circle for 20 years. "Everyone expected that Israel would try to kill him, by F-16s, by a rocket, in a direct manner, but no one expected that he would die in this way."