24.12.04

Alerta naranja

Tanto que nos quejábamos de la alerta naranja de la Administración de Bush (siempre declarada en oportunos momentos preelectorales) y ahora el Gobierno de Zapatero se anima a seguir el mismo camino. Las fuerzas de seguridad y las policías autonómicas y locales (con del Ejército a mano, por si es necesario) se encuentran movilizadas para impedir que se produzca un atentado terrorista del que nada se sabe.

El ministro de Interior nos cuenta que la amenaza es genérica, no se refiere a una ciudad ni objetivo definidos. Si tenemos que creerle, habrá que llegar a la conclusión de que las fuerzas de seguridad no tienen pruebas o indicios de que exista un peligro inminente de atentado. La medida, de todas formas, va más allá de las competencias del ministro, porque (nos dicen los periódicos) ha sido Zapatero el que ha tomado la decisión. Y lo ha hecho después de una reunión del gabinete de crisis que se produjo el pasado domingo.

La convocatoria de esta reunión no deja de ser sorprendente. Hagamos memoria. Es el mismo gabinete de crisis que Aznar se negó a convocar después del atentado del 11M. Ahora Zapatero lo hace cuando, que todos nosotros sepamos, no ha ocurrido nada que lo justifique. Y a pesar de esa tranquilidad, allá fueron a Moncloa los dos vicepresidentes, los ministros de Interior, Exteriores y Defensa, y el director del CNI.

¿Nos oculta algo el Gobierno? Es posible, sobre todo si la alerta proviene de informaciones obtenidas por los servicios de inteligencia que no pueden desvelarse. No es que quiera preocupar a nadie, pero parece difícil llegar a una conclusión diferente. De otra manera, ¿cómo se puede justificar una movilización policial total durante más de dos semanas?

Parece un contrasentido que el presidente se apresurara a restar importancia a la decisión que acababa de tomar. Y es lo que hizo Zapatero:

"Nadie debe ver en esta decisión ocasión para alarmas injustificadas, pero nadie debe ver tampoco rigor excesivo por nuestra parte. Es lo que, a juicio del Gobierno, hay que hacer con entera normalidad".

Ni alarmas injustificadas, faltaría más, ni rigor excesivo. El justo medio, que tanto gusta a los Gobiernos españoles. Y, sobre todo, la normalidad. No importa que el Gobierno haya tomado una decisión claramente "anormal" (por poco habitual). Duerman tranquilos, que el Gobierno vela por ustedes.

24 horas después del anuncio del plan de emergencia, nos enteramos de que tres miembros de una presunta célula islamista han sido detenidos en Barcelona después de que intentaran conseguir 400 kilos de explosivos. Quizá investigaciones como ésta hayan sido las que han obligado a Zapatero a convocar el gabinete de crisis. Aunque cuesta creer que pueden aportar a estas investigaciones los dos vicepresidentes y los ministros de Exteriores y Defensa.

Tiene que haber razones de peso para convocar en domingo y sin aviso previo al gabinete de crisis y no vale con referencias vagas a la normalidad. Crisis y normalidad son conceptos opuestos en países como España.

Ante amenazas como las de los atentados de los grupos integristas, los Gobiernos cuentan con dosis extraordinarias de paciencia y comprensión entre los ciudadanos. Pueden echar mano de esa bolsa de confianza cuando no pueden revelar datos sensibles. Eso sí, siempre que no abusen de esa confianza. No queremos terminar pensando que el Gobierno emplea las alarmas para envolver al presidente en un manto de firmeza y determinación. Ya sabemos que su labor consiste en protegernos ante cualquier amenaza. Les pagamos para eso.