5.11.04

El símbolo y las elecciones

Dos reflexiones sobre la figura de Arafat y el futuro de los palestinos sin él. En Haaretz, Meron Benvenisti se pregunta qué harán los israelíes cuando ya no tengan un enemigo o cabeza de turco al que acusarle de todos sus males:

We need a scapegoat on whom to cast the blame for everything, and to clear our consciences. Now, when he (Arafat) has tired of the job of demon and discovered that he is mortal, we are looking for an heir - not a partner but the scapegoat, which carries our sins, our frustrations and our hatred.

En The Washington Post, Dennis Ross explica que Arafat siempre tuvo más éxito como símbolo de una causa que como líder político. Ahora, no hay sucesor que pueda acercarse a su legitimidad; desde luego, no si es elegido por un grupo reducido de dirigentes, a menos que provenga de unas elecciones:

Elections would invest a new leadership with legitimacy. Indeed, the only way a successor to Arafat is likely to gain legitimacy and authority is through a popular vote. A succession managed through private dialogue between different factions may be necessary to preserve stability for a transitional period and make it possible to hold elections. But unless the Palestinian public feels it has had a say in who emerges after Arafat, no leader is likely to feel secure or legitimate.

Ross fue el enviado especial de los Gobiernos de Bush, padre, y Clinton durante todo el proceso de paz. Es el funcionario norteamericano que más veces se ha reunido con Arafat. Su relación con él era excelente, aunque tras abandonar la Administración, acusó al líder palestino de ser el mayor responsable del fracaso de las conversaciones de Camp David en el 2000.