29.11.04

El ladrillazo

Juan Varela se sorprende de que los blogs no hayan prestado demasiada atención a la comparecencia de Aznar en la comisión de investigación del 11M. Creo que, por una vez, la pasividad no es síntoma de pereza, sino de madurez.

Sólo alguien obligado por contrato y bajo órdenes directas de sus superiores jerárquicos puede tragarse este intolerable ladrillazo que nos han endilgado los muy honorables representantes de la soberanía nacional, y a la cabeza de ellos el no menos distinguido ex presidente del Gobierno.

La jornada de hoy en el Congreso ha tenido todo el aspecto de ser una interminable sesión de control al Gobierno (bueno, en este caso al ex Gobierno). Aznar ha repetido constantemente la idea de conspiración que, como decía hace una semana el director adjunto de ABC Eduardo San Martín, lleva camino de enterrar en vida las posibilidades del PP de volver al poder. Donde no llegaban las palabras, llegaba el ceño, ese ceño fruncido aznariano, y esa mirada hacia el frente con la cabeza levemente inclinada que lo hace tan tenebroso.

Los diputados, recordando los viejos tiempos de la anterior legislatura, se han estrellado contra el muro que siempre es Aznar cuando se enfrenta a sus adversarios. Algunos perdían de inmediato el interés por hacer preguntas y terminaban por pronunciar largos y farragosos discursos políticos. La sensación de aburrimiento y delirio ha llegado a su cénit en el debate entre Aznar y el portavoz de ERC.

Por cierto, Esquerra lleva camino de convertirse en la versión aznariana del nacionalismo catalán. Se vio hace unos días cuando Carod, vocalizando lentamente, reaccionó con desdén ante la derrota de la federación catalana de hockey sobre patines en su empeño de competir como selección nacional. Se ha visto hoy en la comisión del 11M. Los dirigentes de ERC muestran la misma fingida solemnidad, hieratismo y soberbia que han hecho famoso a Aznar. Algunos políticos tienden a convertirse en clones de sus enemigos.

Sobre si la comparecencia de Aznar ha servido para aportar algún dato más de la investigación de los atentados, tengo que admitir que me declaro incompetente. Me pongo en manos de mis compañeros periodistas que se han visto obligados a aguantar cada minuto de este via crucis. Pero la cruz no la llevaban Aznar ni los diputados, sino los sufridos periodistas que la han presenciado.

Que les den unos días libres a cambio de soportar esta tortura, por amor de Dios.