21.11.04

Cadáveres

Esta vez son cadáveres. El Ejército israelí está investigando la profanación de los cuerpos de palestinos cometida por un grupo de soldados. La denuncia ha aparecido en el periódico israelí de mayor difusión, Yedioth Ahronot, acompañada por fotografías que impiden cualquier desmentido. Al igual que en Abú Ghraib, los soldados mostraron sus trofeos ante la cámara de fotos. A la vuelta de sus destinos en los territorios palestinos, enseñaban las imágenes a sus amigos y compañeros. Podrían haberse hecho un collar de orejas, pero las fotos tienen un aspecto menos desagradable.

Un acto tan degradante es excepcional por sus propias características. Los que lo llevan a cabo son siempre una minoría. La aberración permite la excusa moral perfecta: ellos no representan al Ejército israelí, la inmensa mayoría de los soldados no se comportan así.

Hubo un tiempo en que actos como éstos hubieran sido impensables. Ahora ya no. En los últimos cuatro años, se ha producido un deterioro progresivo del comportamiento del Ejército. El alto mando militar acepta como algo inevitable que mueran civiles palestinos en las operaciones militares. Los abusos no son castigados, a veces ni siquiera son investigados.

Cuando los generales deciden disparar un misil contra el coche en el que viaja un dirigente de Hamás y mueren tres, cinco o quince civiles, los soldados contemplan con atención la reacción de sus superiores. Ven que no hay críticas ni censuras, no hay tragedia, sino la constatación de que se trata del precio que hay que pagar para acabar con los terroristas. Si acaso, la culpa es del terrorista por circular por la calle en un coche o residir en una ciudad. Si tuviera un mínimo de sensibilidad, viviría en una tienda de campaña en campo abierto para que se le pudiera matar con más limpieza.

Los soldados toman nota y obran en consecuencia. Cuando alguien fotografía sus fechorías, es porque está convencido de que saldrá impune.

Los generales tienen menos estómago y se manchan menos las manos que los soldados. Es seguro que ahora estarán horrorizados al ver las fotos de sus héroes enarbolando restos humanos. Los soldados implicados no entenderán nada. ¿No se puede jugar con unos cadáveres y sí se puede matarles, aunque sean civiles, cuando están vivos? Al menos, los primeros no se quejan.

Ensañarse con los muertos del enemigo es una típica muestra de racismo. No son enemigos hasta la muerte, sino más allá de la muerte. Hay otros ejemplos similares. Mejor me ahorro enumerarlos.