4.11.04

Afrontemos la realidad

Las farmacias de Europa están llenas de gente comprando antidepresivos para sobrellevar la victoria de George Bush. Antes de atiborrarse de fármacos, es mejor afrontar la realidad. Entenderla hace milagros. Si después de leer este artículo, no notan una mejoría, entonces sí, corran a la farmacia.

Los que han ganado:

Todas las elecciones en EEUU en las que se presenta a la reelección el presidente se convierten en un referéndum de su gestión. Las del 2004 no han sido una excepción. Las causas de la victoria de Bush hay que buscarlas en él mismo, en lo que representa y en la confianza que le tienen sus votantes. Hace cuatro años, obtuvo 50 millones de votos. Según los resultados provisionales, esta vez ha recibido cerca de 59 millones.

El eslogan está ya un poco gastado, pero sirve una vez más si cambiamos el objeto directo. Son los valores, estúpido. Bush representa unos valores que comparten la mayoría de los norteamericanos, no todos, no la inmensa mayoría, pero sí una suficiente como para ganar unas elecciones. Como dicen hoy en el NYT, EEUU es un país de centroderecha:

It was not a landslide, or a re-alignment, or even a seismic shock. But it was decisive, and it is impossible to read President Bush's re-election with larger Republican majorities in both houses of Congress as anything other than the clearest confirmation yet that this is a center-right country - divided yes, but with an undisputed majority united behind his leadership.

Un elemento básico de esos valores es la religión. EEUU es un país religioso. Es cierto que existe la separación entre Iglesia y Estado (en los temas económicos es aún más clara que en España), como testimonio de los orígenes del país, cuando muchos inmigrantes llegaron a sus costas para huir de las imposiciones religiosas tan habituales en la Europa de entonces. En cualquier caso, la fe en Dios, en sus distintas versiones protestante, católica, judía y musulmana, es un requisito ineludible para entender la vida pública.

La idea que tiene Bush de la religión es algo mesiánica. No todos los norteamericanos creyentes creen tener una relación directa con Dios. Pero la mayoría exigen de su presidente un compromiso con los valores religiosos. Lo que para muchos europeos roza la ostentación y la intolerancia hacia los otros, para los habitantes de EEUU es la expresión del sentimiento más poderoso.

En el 11S, los norteamericanos probaron por primera vez en su vida lo que es sufrir un atentado terrorista. Como todo país rico, goza de las ventajas de la globalización, pero no quiere soportar sus consecuencias. En la lucha contra el terrorismo, los Gobiernos europeos han pedido a sus ciudadanos una cierta dosis de comprensión. Les han dicho que no se puede poner un policía en cada barrio y un confidente en cada esquina. Y los ciudadanos lo han aceptado, quizá porque saben muy bien lo que es soportar una dictadura.

En EEUU, la gente no sabe lo que es vivir bajo una dictadura que garantice una seguridad supuestamente perfecta. Son afortunados de vivir en un país que nunca ha dado ese paso. Y no están dispuestos a correr ningún riesgo. Exigen de sus gobernantes una política cuyo objetivo sea la seguridad total con los medios que sean necesarios. De alguna manera, los errores de Bush en este asunto han servido para reforzarle. Han visto que su presidente está dispuesto a todo, incluso a equivocarse, con tal de protegerlos.

No es extraño que ése sea un precio que están dispuestos a pagar. A fin de cuentas, las consecuencias las han pagado otros.

Los que han perdido:

En tres palabras: Edwards for president. Los demócratas han sido barridos en el sur y el oeste del país. Mantienen sus baluartes en la costa este, la costa oeste y la región de Nueva Inglaterra. Ahora más que nunca, son conscientes de que sólo pueden ganar las elecciones con un candidato moderado. No para vencer en Alabama, sino para tener algo más de apoyo entre los votantes centristas de lugares como Florida y Ohio.

Desde 1963, sólo ha habido tres presidentes demócratas (Johnson, Carter y Clinton), y todos procedían del sur. Y esa breve lista va a tener mucha importancia en la búsqueda de un candidato para el 2008.

¿Hillary Clinton? ¿Estás de cachondeo? ¿Una senadora de Nueva York? ¿No has leído los dos párrafos anteriores?

John Edwards tiene un aspecto joven (no lo es, tiene 51 años), es atractivo y viene del sur. Su discurso tiene un toque populista que deberá moderar. Cuenta con un pico de oro labrado en los juicios cuando, como abogado, intentaba meterse en el bolsillo al jurado. Su experiencia es reducida, sólo seis años en el Senado, donde ya no estará porque decidió no presentarse a la reelección en estos comicios. Puede que no sea un intelectual. Vaya, si hasta tiene un aire a Bush.

Está claro. Los demócratas ya tienen un favorito para la carrera del 2008.

Los de aquí:

Zapatero y una larguísima lista de asesores y amigos se pasaron hasta las cinco de la madrugada pegados a las dos pantallas (la TV y el ordenador). Y luego se quejan de la telebasura. Lo siento, pero ya no sirve con una política exterior basada en un solo punto: esperar la derrota de Bush. Ahora tendrán que pensar en algo diferente. Supongo que la primera medida será no hacer declaraciones como las de Zapatero en Túnez, cuando recomendó a todos los países que sacaran a sus tropas de Irak. O como las de Bono, del tipo más vale honra sin barcos que barcos sin honra.

No tienen que seguir justificando la salida de las tropas españolas de Irak. Ya está. Se tomó la decisión que querían la mayoría de los españoles y se acabó. Busquen puntos de acuerdo con Washington en otros temas y si sale el tema de Irak, silben y miren para otro lado. Es un problema que se buscó Bush, ¿no? Que lo solucione él.

Los medios de comunicación pasaron una dura prueba y se dejaron algunos jirones en el camino. Fallaron en un valor fundamental del periodismo: no permitir que los prejuicios interfieran en tu trabajo. Tenían tantas ganas de que venciera Kerry (no pasa nada, era un sentimiento noble) que se dejaron guiar por los sondeos hechos a la salida de los colegios, conocidos en EEUU (y en España también) por su poca fiabilidad. Algunos anunciaron una victoria de Kerry sin ningún dato sólido a mano. Los titulares de las primeras ediciones de algunos periódicos lo demuestran.

Impresionados por el fuego de Fahrenheit 9/11, los medios se volcaron para informar de la movilización de la izquierda. Parecía una marea imparable. No se dieron cuenta de la movilización social de la derecha. Como mucho, se fijaron en la que tenía un aspecto más sombrío: la de los sectores más extremistas de la derecha religiosa. Y no fue la única.

Canal Plus ofreció a sus abonados una lista de películas y documentales de gran calidad relacionados con EEUU. Gracias. Lo malo es que todos ellos daban una visión terrible de EEUU: pena de muerte, pedofilia, intolerancia religiosa, armas y violencia. Aunque sólo sea porque es un país muy grande, es evidente que hay otra cara de los norteamericanos de la que no hemos informado. No a todos los norteamericanos les gusta desayunarse un niño iraquí por las mañanas. Ni siquiera a todos los votantes de Bush.

Venció el miedo. Periodistas 21.