4.10.04

No cierren la puerta a Turquía

Zapatero tiene la oportunidad de dar contenido a su vaporosa propuesta de alianza de las civilizaciones que presentó ante la Asamblea General de la ONU. Puede apoyar y promover el ingreso de Turquía en la Unión Europea, sin esperar a que los franceses resuelvan sus contradicciones internas. No hay mejor forma de demostrar a los países islámicos que ellos tienen mucho que ganar si pelean en el bando de Europa, y no en el del fanatismo contra Occidente.

El Gobierno islamista turco ha hecho un esfuerzo gigantesco para eliminar un legado de décadas de autoritarismo. Aún les queda mucho camino por recorrer, lo que hará que el ingreso efectivo se dilate a lo largo de mucho tiempo. Es cierto que dentro del partido en el poder hay sectores y tendencias que abogan por una visión intransigente del Islam. Hasta ahora, y nada parece indicar que la situación vaya a cambiar, el Gobierno ha podido llevar a cabo una política pragmática que ha beneficiado al país y no lo ha colocado en rumbo de colisión con el Ejército y todas las fuerzas sociales laicas. La posibilidad de ingresar en Europa ha servido de contrapeso a cualquier tentación integrista.

La tradición laica del Estado turco siempre ha sido un motivo de tranquilidad para Europa Occidental. Pero con frecuencia olvidamos que ese control de la religión se ha ejercido a través de la violación de los derechos humanos y del sometimiento del Gobierno a los poderes militares. La democracia turca tenía el pedigrí suficiente como para que Turquía fuera aceptada sin aspavientos en la OTAN. Evidentemente, no pasaba el corte si de lo que se trataba era de solicitar el ingreso en la UE.

Turquía ha eliminado la pena de muerte, ni siquiera la aplicó en el caso de su enemigo número uno, el turco Ochalan. Gracias a la influencia de la UE, ha comenzado un largo proceso para aprender a convivir con la minoría kurda, lo que pasa por aceptar el uso del idioma kurdo sin considerarlo una amenaza a la integridad del Estado. Persisten algunos graves problemas, como el uso de la tortura en comisarías, pero la esperanza de una entrada futura en la UE es la mejor garantía de solución.

La primera, y más efectiva, línea de defensa contra el ingreso turco se está construyendo en Francia. En otros países, se están escuchando comentarios mucho más contundentes y racistas, como el del comisario holandés Frits Bolkestein, que ha dicho que una emigración incontrolada de musulmanes procedentes de Turquía supondría que la derrota turca en el sitio de Viena en 1683 se tornaría en victoria tres siglos después.

Es indudable que la posición francesa será fundamental para confirmar los prejuicios de otros países o ayudar a eliminarlos. Chirac ha dicho que suscribe la idea de un referéndum como condición previa para permitir el ingreso turco. Se supone que pedir la opinión de los ciudadanos es el acto más democrático, pero en este caso sólo parece una medida demagógica para hacer descarrilar el proceso de adhesión sin dejar las huellas dactilares en el arma de crimen. Me gustaría ver qué habría pasado si se hubiera votado en Alemania y Francia el ingreso de Polonia y de los otros países de la última ampliación.

Zapatero tiene la oportunidad de liderar un proceso en el que no es necesario enviar tropas a ningún país ni hacer llamamientos a la guerra. Puede además mejorar las relaciones con EEUU (que apoya el ingreso de Turquía) y desembarazarse de la sospecha de que España ha pasado de ser un lacayo de Washington a convertirse en un criado de París. Esperemos que la alianza de civilizaciones no consista en un nuevo Forum u otra Conferencia del Mediterráneo repleta de discursos altisonantes y vacíos.

La alternativa a la guerra (eterna) en Oriente Medio pasa hoy por Estambul.