28.10.04

Las vidas de Arafat


Arafat se ha levantado esta mañana y ha tomado un desayuno ligero. Arafat se encuentra en estado crítico. Arafat está grave, pero su situación es estable. Arafat sufre una gripe con complicaciones intestinales. Arafat tiene un cáncer de estómago. Arafat va a ser internado en el hospital de Ramala. Arafat no va a ser hospitalizado hasta que lleguen a la Mukata los médicos que vienen de Egipto.

Son tantas las personas que rodean al presidente palestino y tantos los intereses que dependen de su estado de salud que quizá no nos enteremos exactamente de lo que le ocurre hasta su fallecimiento. Lo que es evidente es que su salud está lo bastante deteriorada como para que hayan sido convocados todos los médicos extranjeros que le han tratado antes. Ante la posibilidad de un desenlace inmediato, la Autoridad Palestina se ha apresurado a pedir permiso al Gobierno israelí para que Arafat pueda ser evacuado a un país extranjero si ello resulta imprescindible. El permiso ha sido concedido.

Lo único que se sabe con total seguridad es que si Arafat muere, será sustituido de forma temporal por el presidente del Parlamento palestino, Routhi Fatuh hasta que se convoquen elecciones. Más allá de este mecanismo legal, nada se sabe. Después de años de negarse a nombrar a un sucesor, no fuera que éste decidiera adelantarse a lo que en el Caribe llaman el hecho biológico, Arafat puede dejar al liderazgo palestino sumido en el más profundo desconcierto.

Israel tampoco sabe con exactitud qué actitud debe adoptar. El Ejército ha desempolvado un plan que lleva varios años guardado en el armario: el día después a la muerte de Arafat. Sus planes parten de los peores escenarios posibles, manifestaciones masivas de duelo que pronto se convierten en demostraciones de ira contra Israel, alentadas quizá por las provocaciones de la extrema derecha israelí.

La primera incógnita es el lugar de entierro de Arafat. Según cuenta Haaretz, Israel se negará a que reciba sepultura en el complejo de las mezquitas de Al Aqsa, aunque tiene previsto un mecanismo para que pueda ser enterrado en Jerusalén. Mejor dicho, casi en Jerusalén, en la cercana aldea de Abú Dis, situada fuera de los límites urbanos de Jerusalén, pero tan cerca de la ciudad que desde allí se puede ver la cúpula dorada de Al Aqsa.

Aunque la muerte de Arafat sea natural, ni siquiera a Sharon le conviene alentar la idea de que su desaparición ha sido responsabilidad de su Gobierno. El líder de la OLP lleva varios años encerrado en la Mukata de Ramala. Cualquier decisión israelí que parezca una forma de obstaculizar el tratamiento médico (por ejemplo, advirtiendo de que si Arafat viaja al extranjero, no podrá volver), podría tener consecuencias desastrosas. Se da por hecho que Israel no impedirá su regreso si tiene que pasar días o semanas en un centro hospitalario de El Cairo.

Curiosamente, después de pasar años intentando matar a Arafat, Sharon descubre ahora que su muerte puede alterar el proyecto más importante que tiene entre manos: la retirada unilateral de Gaza. El Parlamento israelí ha aprobado el plan, sin que aún se pueda decir que es ya un hecho irreversible. Sharon ha defendido el polémico proyecto con la idea de que Israel carece de un interlocutor fiable en el campo palestino y, por tanto, debe ser capaz de tomar decisiones radicales por su cuenta.

La desaparición de Arafat alteraría este panorama. Los adversarios de Sharon en la derecha y extrema derecha argumentarían que Israel no puede tomar una decisión tan grave cuando los territorios palestinos pueden sumirse en el caos y la anarquía tras la desaparición de su líder histórico. En este escenario de pesadilla, la Autoridad Palestina carecería de credibilidad y fuerza para imponer el orden en Gaza, que quedaría a merced de los grupos integristas.

Netanyahu y los halcones del Likud le han dado a Sharon un ultimátum de dos semanas para obligarle a convocar un referéndum. El primer ministro se niega, lo que acerca la posibilidad de unas elecciones anticipadas. Es poco probable que Sharon acepte la responsabilidad de romper el Likud en dos para aliarse con los laboristas. Al menos, esperará a que sean los disidentes los que abandonen el partido.

Es evidente que la desaparición de un líder como Arafat, que ha estado 36 años al frente de la nave, crearía un vacío que su sucesor, o sucesores, tardaría meses en empezar a llenar. Ningún político tiene pies lo bastante grandes como para llenar sus zapatos. De entrada, Sharon apostará por líderes que aseguren una transición ordenada, líderes conocidos como Abú Mazén o Abú Alá, acostumbrados a negociar con el enemigo. Sus problemas comenzarán si se descubre que la sociedad palestina ha perdido ya la fe en sus líderes tradicionales y prefiere apostar por la siguiente generación de políticos.

Entre todos estos cálculos, hay una incógnita que pocos pueden despejar. Todos hablamos de los palestinos sin saber qué es lo que quieren. Sus enemigos han demostrado tal falta de misericordia y sus líderes les han decepcionado tanto en los últimos cuatro años que nadie puede prever cuál será su actitud durante esa transición. ¿Se resignarán a que un político de la vieja guardia tome el puesto de Arafat sabiendo que nada cambiará? ¿Preferirán dar un salto adelante hacia soluciones más radicales dado que ningún Gobierno israelí está dispuesto a ofrecerles otra cosa que la libertad condicional? Habrá que escucharles con cuidado antes de lanzarse a conclusiones precipitadas.

Lo que también puede ocurrir es que Arafat vuelva a recuperarse, como ha ocurrido tantas otras veces. En ese caso, todas estas especulaciones quedaran en nada, o no tanto. Sencillamente, habrá que aplazarlas durante un tiempo, pero me temo que no mucho tiempo.

18.15
La mujer de Arafat ha entrado en Cisjordania procedente de París. Junto a los médicos egipcios que han llegado esta tarde a Ramala, decidirá si su marido será evacuado al extranjero. Según una fuente palestina citada por Reuters, es muy probable que sea así, y su destino sería en ese caso un hospital de París.

La agencia France Press dice haber hablado con uno de los médicos que están atendiendo a Arafat:

El presidente de la Autoridad Palestina, Yaser Arafat, cuya salud se ha deteriorado en las últimas horas, sufre una disfunción de las células sanguíneas y se necesitarán análisis suplementarios para establecer la causa, exámenes que, en cualquier caso, sólo se le podrán hacer en el extranjero, según informó hoy uno de los médicos que lo tratan, quien advirtió de que el rais podría "morir" si no se le traslada.

19.30
La agencia Reuters informa que Arafat ha dado su permiso para ser trasladado a París. Es probable que le lleven mañana viernes a primera hora hasta Ammán en helicóptero, y de ahí partirá en avión hasta Francia.