22.10.04

En la fortaleza

Desde que se conoció el email de Farnaz Fassihi, muchos se han preguntado hasta qué punto es interesante conocer las circunstancias en las que los periodistas llevan a cabo su trabajo en Irak. De entrada, no conviene lamentarse mucho por ellos: todos ellos son voluntarios y pueden volver a sus países cuando quieran, cosa que no pueden decir los iraquíes o los soldados norteamericanos.

En casos extremos, como el de Irak, creo que sí es conveniente que lectores y espectadores sepan cómo hacen los periodistas su trabajo. Les permite contrastar esa realidad con los mensajes difundidos por los Gobiernos (también llamados propaganda) y también cuestionar la calidad de sus informaciones.

Los periodistas que han trabajado en Irak en los últimos seis meses han demostrado mucho valor y, algunos de ellos, una gran sinceridad. No pretenden engañar a nadie. Reconocen que están obligados a respetar tantas medidas de seguridad que en ocasiones dudan de poder estar en condiciones de hacer bien su trabajo. He rescatado un reportaje aparecido en junio en la revista Rolling Stone (The Baghdad Follies.
Hunkered down with the press corps in Iraq),
repleto de testimonios de esos reporteros.

No faltan tampoco las declaraciones hilarantes de algunos mandos militares, como las del general Kimmitt en las conferencias de prensa:

His pronouncements often sound like something out of Dr. Strangelove. In response to a question about Iraqi children being frightened by the sound of low-flying U.S. helicopters, Kimmitt replied, "What we would tell the children of Iraq is that the noise they hear is the sound of freedom."

Hay mucha gente a la que le indignan este tipo de comentarios, y les comprendo. Como yo he escuchado tantas mentiras de boca de políticos en toda mi vida, ya sólo me llaman la atención los que me hacen reír.

Los periodistas viven casi tan aislados de la realidad iraquí como los propios militares. Hay que decir que el reportaje cita sobre todo a los reporteros norteamericanos. Los de otras nacionalidades tienen algo más de libertad de movimientos, pero no mucho. Los hoteles de Bagdad se han convertido para ellos en una prisión. Sólo los que se atreven a salir de ellos, tienen la posibilidad de hacer bien su trabajo. El único inconveniente es que se juegan la cabeza.