31.10.04

El voto de Osama

Creo que era Mafalda, o uno de sus amigos, quien lamentaba que la ametralladora hubiera aparecido antes que la máquina de escribir. Es decir, que se hubiera inventado antes la forma de matar rápido que la de escribir rápido. En el universo de Al Qaeda, estas disquisiciones no tienen sentido. La cinta de vídeo puede ser tan efectiva como el explosivo plástico.

Así ha sido desde que Osama bin Laden tuvo que refugiarse para huir de las tropas norteamericanas, primero en las montañas de Tora Bora y después en la regiones paquistaníes fronterizas con Pakistán. Donde no ha llegado la espada, ha alcanzado el mensaje, de audio o vídeo, del líder de Al Qaeda.

Los expertos de los servicios de inteligencia se afanan por encontrar códigos ocultos en estas declaraciones, sean órdenes para las células durmientes en Occidente o simplemente mensajes dirigidos al mundo islámico. Es su trabajo, aunque en realidad el valor auténtico de estas cintas no reside en el texto, sino en su misma existencia. Da igual que bin Laden se dedique a recitar versos del Corán o a repetir los resultados de los partidos de cricket de Pakistán. El contenido es sólo el pretexto.

Cada vez que Osama aparece en nuestras pantallas, nos recuerda que sigue vivo y que, por lo tanto, sigue venciendo. Los musulmanes que piensan que cualquier derrota de EEUU es buena, no importa quién se la propine, se alegran de que sus enemigos no hayan podido acabar con él.

Nunca fue esto más cierto como cuando aparecieron esas imágenes, sin sonido, de Osama bin Laden y su lugarteniente egipcio, Al Zawahiri, bajando por una montaña no identificada. El criminal más buscado del mundo salía de su cueva para ofrecer una imagen apacible en la que sólo faltaban el rebaño de cabras y los niños. ¿Quién necesitaba el discurso si la imagen lo decía todo? Podéis perseguirme por medio mundo, pero ni siquiera estáis en condiciones de impedirme un paseo campestre de fin de semana.

Cuando se acercan fechas señaladas, y los aniversarios del 11S y ahora las elecciones de EEUU lo son, el mundo tiembla ante la amenaza de un nuevo atentado masivo. Es probable que Al Qaeda, como organización, ya no esté en condiciones de organizar una matanza como la de Nueva York. No lo necesita. Esa labor queda bajo la responsabilidad de las franquicias y la oficina central sólo está obligada a mantener viva la llama. Un vídeo o el audio de un discurso son suficientes para que la organización continúe facturando sangre.

Los discursos de Osama bin Laden cumplen funciones similares a los anuncios de McDonalds que siempre están en nuestras pantallas. Puede que no nos guste su comida o que la consideremos abominable. El anuncio nos recuerda que no podremos librarnos de su presencia y de su influencia en nuestros hijos. Al final de la semana, los hijos preguntarán a sus padres cuándo van a volver a comer hamburguesas en uno de esos templos de comida rápida. Ocurre algo parecido con la religión, o con la visión extremista de la religión. Puedes olvidarte de ella, pero ella no se olvidará de ti.

Osama bin Laden ha irrumpido en la campaña electoral de EEUU, como era de esperar. Nadie que sea consciente del valor que el líder de Al Qaeda da a la publicidad podía esperar que bin Laden se quedara callado en estos días. Por distintas razones, es un invitado molesto para los dos candidatos, aunque ambos intentarán utilizarlo en su beneficio.

Resulta una incógnita saber qué influencia tendrá su aparición en la batalla entre Bush y Kerry. El manual dice que los norteamericanos, o quizá sólo un número reducido de ellos, aunque suficiente para desequilibrar el empate de las encuestas, asumirán que no es buena idea empezar una nueva era en EEUU cuando aún no ha terminado aquella que se inició con el 11S. Quizá piensen que los mil soldados muertos en Irak (o las decenas de miles de cadáveres de iraquíes) son un precio razonable para que la sangre se mantenga alejada de sus costas.

¿Y si no tiene nada que ver la imagen de Osama con lo que está ocurriendo en Irak? Bueno, eso era así un día antes de la invasión de Irak, pero ya no se puede decir lo mismo. Le hemos dado a Al Qaeda un campo de batalla mucho más accesible que nuestros aeropuertos. Lo menos que pueden hacer ahora es agradecérnoslo. Y la forma que tienen de hacerlo es con los vídeos de su líder.

Mientras los medios de comunicación matan el tiempo con obviedades como las encuestas en las que se pregunta a europeos, árabes y asiáticos a quién votarían si pudieran, Osama bin Laden les demuestra a todos que su voto es el que cuenta.

No tiene que acercarse a Florida para votar. Otros muchos lo harán por él.