17.10.04

El fantasma de la conspiración

Una de las razones del atraso de las sociedades árabes es la falta de libertad de expresión. Dictaduras y regímenes autoritarios se ocupan de impedir la publicación de opiniones críticas a los Gobiernos, y de detener a los periodistas que no obedecen las consignas, en el peor de los casos.

En algunos países, como Egipto y Jordania, sí existe un cierto clima de libertad en los medios de comunicación. Desgraciadamente, se emplea para sostener teorías de la conspiración o rumores al servicio de ideas racistas. Cuando el objeto de las denuncias son los judíos, el Gobierno mira a otro lado, a menos que el asunto adquiera una cierta notoriedad y la embajada norteamericana presione para limitar la difusión de estas opiniones. Como la credibilidad de EEUU no cotiza muy alto en estos países, por razones bastante comprensibles, sus protestas no sólo no surten efecto, sino que contribuyen a extender los rumores cuestionados.

Aún hay periodistas y medios de comunicaciones árabes que continúan cuestionando la autoría de Al Qaeda de los atentados del 11S. Los hay que hasta niegan la existencia de Al Qaeda. Fuera de Oriente Medio, sólo grupos de extrema derecha (y algunas editoriales dispuestas a publicar cualquier cosa para ganar dinero) sostienen la teoría de que el Mossad, la CIA o ambos estuvieron implicados en la destrucción de las torres gemelas.

Los atentados recientes del Sinaí han seguido el mismo camino. La prensa gubernamental egipcia ha publicado varios artículos de sus columnistas y de profesores de universidad en los que acusan al Mossad o la CIA de asesinar a los turistas israelíes. Algunos ejemplos (traducción de Memri):

Alí Barsum, columnista del diario oficial egipcio Al Jumuriya, escribe:

¿Quién planeó los atentados de Taba y quién los llevó a cabo? ¿Fue Al Qaeda, a quien Israel se apresuró a hacer responsable, incluso antes de que se disipara el humo del fuego? ¿Fue el Mossad? A fin de cuentas, hay quienes en Tel Aviv no están satisfechos con los esfuerzos de Egipto para resolver las disputas entre los grupos palestinos y hay quienes trabajan para extender la guerra civil entre los palestinos y Egipto.

¿Fue la CIA? Quizá estuviera interesada en que los árabes se preocuparan por los sucesos de Taba en vez de ocuparse del escandaloso veto de EEUU (a la resolución de condena de la ofensiva israelí en Gaza).


Un profesor de derecho internacional en la universidad de El Cairo escribe en el semanario Nahdat Misr que Israel estaba interesada en perjudicar al turismo egipcio, de la misma forma que la intifada ha dañado al turismo israelí. Y además:

A Israel le interesa que haya una respuesta egipcia a estos hechos, porque quiere que Egipto se una a la campaña americana contra el terrorismo (...). Es probable que Israel reclutara a algunas personas, en coordinación con los grupos terroristas, para dañar a Egipto.

Un ex asesor del ministro egipcio del Interior escribió en islamonline.net que sólo Israel se beneficiaba políticamente de estas explosiones y, por tanto, tenía que ser la culpable.

También hay opiniones en la prensa árabe que denuncian esta mentalidad, por la cual nunca hay árabes implicados en los atentados terroristas que se cometen en nombre del Islam.

El director general de la cadena Al Arabiya se ha distinguido en los últimos meses clamando contra estos artículos. Eso no impide que en la cadena que dirige, al igual que en Al Jazeera, algunos invitados en los programas de debates sostengan teorías estúpidas sobre grandes conspiraciones en las que los árabes nunca juegan el papel de agresores.

Esa es una de las consecuencias menos atractivas del pluralismo, pero hay que aceptarlas. Por otro lado, tampoco es difícil encontrar opiniones racistas en la prensa israelí o norteamericana contra los árabes.

La diferencia estriba en que en el mundo árabe, por ejemplo, en Egipto, este tipo de teorías basadas en prejuicios racistas aparecen en medios de comunicación gubernamentales, controlados de forma ferrea por el Gobierno. Las acusaciones de olor antisemita o la negación de la evidencia (como los atentados de Al Qaeda) se basan en el principio de que es mejor dirigir la ira de los lectores hacia enemigos exteriores antes de dejar que puedan interesarse por la deplorable situación interna.