19.10.04

Da Vinci y Líbano

Si hay un país en Oriente Medio que disfruta de un razonable nivel de libertad de expresión es Líbano. No es que las circunstancias políticas ayuden mucho: aún hay allí unos 17.000 soldados sirios y los servicios secretos de Damasco imponen su ley cuando lo creen necesario. Sin embargo, donde no llega la política, llega la sociedad. Y la libanesa ha demostrado que es una sociedad vibrante y culta que no renuncia a seguir haciendo negocios, aprendiendo de otras culturas y discutir sobre lo que en otros países vecinos continúa siendo tabú.

Hay algunas cosas que no cambian. Las heridas de la guerra civil y el miedo a que se despierten los viejos demonios de la intolerancia religiosa han llevado al Gobierno libanés a ser el único del mundo que ha prohibido la distribución de la novela "El Código Da Vinci". Se le ha acusado de difamar al cristianismo por enmascarar como ficción la vieja historia de las relaciones entre Jesús y María Magdalena. En una tierra repleta de rumores, no han podido soportar una de las más antiguas teorías de la conspiración que circulan por el planeta desde hace unos 2.000 años.

No creo que haya que tomárselo a la tremenda. Otros libros menos conocidos que sostienen esta teoría se venden sin problemas en Líbano. Y los que han querido leer el más bien mediocre best-seller de Dan Brown han podido hacerlo a través de internet y de ediciones piratas.

Ha sido precisamente el éxito internacional de "El Código Da Vinci" (17 millones de libros vendidos en todo el mundo, más de un millón en España) el que ha alertado a los censores. Por una vez, el marketing ha tenido consecuencias no deseadas por sus creadores.