7.9.04

Periodistas peligrosos

Contra la debilidad, la firmeza. El Gobierno ruso ya ha comenzado a tomar medidas para afrontar con más decisión el problema del terrorismo checheno. El director del diario Izvestia, Raf Shakirov, se ha visto obligado a dimitir por la cobertura del secuestro de la escuela de Osetia del Norte. Demasiadas críticas al Gobierno de Putin y demasiada carga emocional en la primera página del periódico del sábado, que sólo incluía una inmensa foto de un hombre llevando en sus brazos a un niño herido. Además, su periódico publicó una columna en la que se describió cómo las cadenas de televisión públicas y privadas dejaron de emitir en directo cuando se desencadenó la tragedia y esperaron a recibir órdenes del Gobierno.

La empresa editora del periódico es propiedad de Vladimir Potanin, uno de los oligarcas que mantienen intactas sus propiedades al no haberse atrevido a desafiar al presidente ruso.

El jefe de la corresponsalía de la cadena árabe Al Arabiya también fue detenido cuando volvía a Moscú. La policía lo sacó del avión y le acusó de llevar un cargador de fusil en su equipaje.

Más detenciones. Una reportera y un cámara de la televisión de Georgia fueron arrestados en Beslán. La policía les acusó de no tener un visado para trabajar en Rusia. Los periodistas, que cuestionaron en sus informaciones la versión oficial del asalto, dicen que un acuerdo entre Rusia y Georgia del 2002 les permitía trabajar sin visado en Osetia durante diez días.

Con otros periodistas, se optó por las medidas preventivas. A un conocido reportero ni siquiera le dejaron llegar a Beslán, según The Guardian:

Andrei Babitsky, de Radio Liberty, fue detenido el jueves en el aeropuerto de Vnukovo, de Moscú, para impedir que tomara un vuelo hacia el sur, cuando la policía dijo que en su equipaje podría haber explosivos. Después de que terminaran con el registro, aparecieron dos desconocidos y comenzaron una pelea. Tanto ellos como Babitsky fueron detenidos y Babitsky fue acusado de gamberrismo. Al día siguiente, fue condenado a una pena de cinco días de prisión.

Con otra periodista mucho más conocida, y cuyos libros se han publicado en España, tuvieron que tomar medidas más drásticas. Ana Politkovskaya se dirigía en avión a Osetia del Norte cuando comenzó a sentirse mal:

Politkovskaya, uno de los críticos más activos de la política del presidente Vladimir Putin en Chechenia, cayó enferma y se desmayó después de aterrizar en Rostov, desde donde tenía previsto viajar hasta Beslán. Los médicos dijeron más tarde que había sido envenenada después de beber una taza de te ofrecida en el vuelo por una azafata.

Politkovskaya se llevó su propia comida en el vuelo y sólo pidió la taza de te. Cayó desmayada diez minutos después. Su periódico, Novaya Gazeta, ha pedido una investigación oficial y ha dicho que Politkovskaya no viajaba sólo a Osetia del Norte en calidad de periodista. Ya había mediado en el secuestro del teatro de Moscú hace dos años, tenía contactos con representantes del líder de los independentistas chechenos, Aslán Masjadov y pretendía intentar otra negociación para impedir un baño de sangre.

Es un buen comienzo. Los periodistas sólo entienden la mano dura. A por ellos.

Angry Putin rejects public Beslan inquiry. The Guardian.
Corrupt special forces in Russia a problem, survey. Reuters
Prominent Russian journalist sentenced to prison for "hooliganism". Committee to Protect Journalists