14.9.04

La guerra sucia de Rumsfeld



The Guardian publica un extracto de "Chain of Command: The Road from 9/11 to Abu Ghraib", el libro de Seymour Hersh sobre las torturas en Guantánamo y Abu Ghraib. Algunas de las revelaciones ya aparecieron en los artículos publicados en The New Yorker: Chain of Command y The Gray Zone.

Hersh sostiene en el libro que los responsables de la CIA, el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional conocieron mucho antes de que se hicieron públicos los abusos cometidos en Guantánamo y Abu Ghraib. Hicieron algo más: no sólo los consistieron, sino que los propiciaron.

En el verano del 2002, un analista de la CIA visitó Guantánamo. Habló con los responsables de la base y con 30 presos. Su informe llegó a Washington con unas conclusiones devastadoras, según contó a otro miembro de la CIA al que entrevistó Hersh:

"He came back convinced that we were committing war crimes in Guantánamo," the colleague told me. "Based on his sample, more than half the people there didn't belong there. He found people lying in their own faeces," including two captives, perhaps in their 80s, who were clearly suffering from dementia. "He thought what was going on was an outrage," the CIA colleague added. There was no rational system for determining who was important.

Ni las críticas de este analista ni las de los agentes del FBI implicados en los interrogatorios surtieron ningún efecto en el Pentágono, porque los resultados que se obtuvieron de los interrogatorios resultaban muy útiles en la guerra contra Al Qaeda.

Por eso, según Hersh, cuando se intensificaron los ataques de la resistencia en Irak, el Pentágono aplicó el mismo sistema en la prisión de Abu Ghraib.