6.9.04

La fuerza tiene sus límites

Putin ha construido su carrera política sobre la imagen de un político duro y competente, lo bastante duro como para responder con firmeza a cualquier amenaza contra el Estado. Ante la guerra de Chechenia, sólo ha presentado una alternativa: la de la guerra a muerte contra los terroristas. Aparentemente, para el presidente de Rusia, no hay ningún problema de seguridad que no pueda solucionarse con el uso de la fuerza. Esa imagen ha cimentado su popularidad entre los rusos y le permitió ser reelegido casi sin oposición en las últimas elecciones.

Ahora ha sorprendido a sus compatriotas con un discurso en el que afirma que la principal característica del Estado ruso no es la fortaleza, sino... la debilidad. Quién lo hubiera dicho:

"We have to admit that we failed to recognize the complexity and danger of the processes going on in our country and the world as a whole" (...) At any rate, we failed to react to them adequately. We demonstrated our weakness, and the weak are beaten."

Putin cubre la incompetencia de sus servicios de seguridad con el manto vergonzante de la debilidad frente al terrorismo. Cualquiera diría que su Gobierno ha dado demasiadas oportunidades a la negociación política con los rebeldes chechenos, o que no ha utilizado todo el poder de su Ejército y la Policía en la lucha con los grupos terroristas. Y lo que ha ocurrido ha sido precisamente lo contrario.

No es que el presidente ruso no haya reconocido errores concretos en la actuación de los organismos del estado. Por ejemplo, ha dicho que hay que proteger mejor las fronteras y cambiar el funcionamiento de las fuerzas de seguridad en situaciones de emergencia.

En otras ocasiones, el control de los medios de comunicación le ha servido para enmascarar esta situación. Después de cuatro atentados en una semana (dos aviones abatidos, una explosión en el centro de Moscú y la horrorosa matanza de Osetia del Norte), la farsa no puede mantenerse más tiempo.

Las mentiras con las que en otras ocasiones el Gobierno ruso ha escondido su responsabilidad han quedado esta vez en evidencia. Las autoridades han reconocido que mintieron durante la crisis de la escuela. Mintieron sobre el número de rehenes que había en el interior del edificio tomado por los terroristas y mintieron cuando anunciaron que la mayoría de los secuestrados habían salido con vida.

Putin representa un modelo de actuación que se repite en muchos gobernantes cuando definen su política ante el terrorismo. Mano dura, y si la mano dura no funciona, más mano dura, en un ciclo sin fin. Confiados en que los ciudadanos no querrán saber los detalles de esta lucha, su mensaje se limita a gritar ¡No pasarán!.

En el caso de EEUU, al menos las autoridades pueden decir que no se ha repetido un atentado como el del 11S, y no porque no se haya intentado. Pero en Rusia, los ciudadanos van a tener que afrontar el hecho de que los terroristas están mejor organizados que la policía:

The attackers (...) have moved seamlessly between the North Caucasus and Moscow, while evading Russia's extensive, if at times ineffective, security apparatus. They have done so despite particular scrutiny that falls on anyone appearing to be Chechen, let alone large, heavily bearded and heavily armed men like those who seized Middle School No. 1.

The careful planning evident in the school siege not only allowed the attackers to herd more than 1,000 hostages into a gymnasium. With ample stores of weapons and ammunition, including explosive projectiles that can be fired by grenade launchers and specialized sniper cartridges, the planning also allowed them to fight hundreds of Russian police, military and security forces for more than 10 hours. (...)

The siege also indicated the attackers' ability to adapt to Russia's counterterrorist efforts. Among their first actions after seizing the school was to shatter the windows of the gymnasium, where they herded their captives. That, as well as the gas masks, appeared to be an effort to counter the potential use of a nerve gas during any storming of the building, as Russian commandoes did to end the "Nord-Ost" siege (el asalto del teatro de Moscú).

"Our analysts were surprised how well they used the Nord-Ost experience," said Mr. Ignatchenko, the spokesman for the security service. He added, "They were professionals."
("Russian Rebels Had Precise Plan", The New York Times).

Cualquier dictadura del Tercer Mundo puede elevar el umbral de la represión hasta niveles insoportables. Si no encuentra a los terroristas, siempre puede asesinar a sus mujeres y sus hijos o quemar sus casas. Si no puede detener a los que empuñan las armas, siempre puede torturar o matar a los que les apoyan.

La lucha por la independencia de Chechenia ha quedado ahogada por una sucesión de matanzas y atentados suicidas que parecen guiadas, como dicen algunos expertos, no por el cálculo político, sino simplemente por el deseo de venganza. A Putin le ha beneficiado políticamente que el conflicto checheno se haya convertido en un ciclo de represalias.

Pero ahora los rusos tienen que comenzar a preguntarse si detrás del mensaje de dureza de su presidente sólo se esconden unas fuerzas de seguridad incompetentes y corruptas. Quizá lleguen a la conclusión de que Putin sólo es un bombero pirómano que ni siquiera sabe cómo apagar un fuego.