13.7.04

Titadine

En la mañana del 11 de marzo, uno de los miembros del Tedax que estaba dentro de los vagones destruidos de Atocha recibió una llamada en su teléfono móvil. En esos momentos, aún se estaban recogiendo restos humanos, el número exacto de víctimas se desconocía, pero ya se sabía que iba a ser estremecedor, y los policías comenzaban a examinar el interior de los vagones en busca de cualquier prueba o indicio.

Su interlocutor, un alto mando policial o de los propios Tedax, se encontraba también en otro de los vagones y le preguntó si sabían ya qué tipo de explosivo se había utilizado en el atentado. Nadie había tenido tiempo de hacer ningún tipo de análisis científico con ninguna muestra recogida. El policía de los Tedax llegó a la conclusión de que se había empleado dinamita, por el olor que se percibía, por el impacto de la onda explosiva en los vagones, pero fue aún más lejos. Dijo que había sido Titadine.

Se equivocó. Fue un error bastante comprensible teniendo en cuenta la tensión y la presión que todos los policías implicados en la investigación sabían que iban a sufrir tras el peor atentado de la historia de la democracia. Supongo que algunos de ellos ya pensaban que, más tarde o más temprano, alguien preguntaría por qué las fuerzas de seguridad no habían podido impedir una carnicería de estas características. No era la mejor situación para tener la cabeza fría y despejada. Los policías no son robots.

Un alto mando policial contó a un compañero de Informativos Telecinco la conversación entre los dos policías que fue el origen de la pista del Titadine, y así lo contamos en los reportajes sobre los cuatro días de marzo que comenzaron con el atentado y acabaron con las elecciones que emitimos en el programa "No es lo mismo". (Yo fui el responsable de dos de esos reportajes).

El Ministerio de Interior no se inventó el dato del Titadine. Sí se ocupó rápidamente de difundir la noticia a través de la agencia Efe. Todos los medios de comunicación lo hicieron público. El hecho de que Acebes no se refiriera expresamente al Titadine en su primera comparecencia pública llamó la atención, pero no hizo que nadie dudara de esa información.

Datos como éstos (cuándo se supo algo, por quién, qué consecuencias tuvo...) son los que pueden quedar esclarecidos en la comisión parlamentaria de investigación del 11M. Las declaraciones de los altos mandos policiales, aunque incómodas para ellos, son fundamentales para conocer cómo se produjo la investigación y cómo deberemos enfrentarnos en el futuro a la amenaza del terrorismo integrista.

La comisión no es un tribunal del que saldrá una lista de condenas ni los políticos que la integran son jueces o fiscales que harán resplandecer la verdad. Sus objetivos son limitados. Sin embargo, me llama la atención cómo algunos políticos y periodistas han intentado casi desde el primer día desprestigiarla y darla por muerta cuando aún estaba dando sus primeros pasos.

Es obvio que tanto el PSOE como el PP están intentando utilizarla para ajustar cuentas políticas. Ya sabíamos que algo así podía pasar. No es razón suficiente como para desear que no se hubiera puesto en marcha. Parece que ésta es la posición de cierta hipocresía periodística que tiene el descaro de hablar en nombre de las víctimas para cargar contra un modesto esfuerzo, cargado de obstáculos, de conocer la verdad.

Resulta menos comprensible, por lamentable, la actuación de los periódicos que se han erigido en abogados defensores de los partidos políticos. El Mundo y El País parecen querer actuar como adalides del PP y del PSOE, respectivamente, escribiendo artículos, titulares incluidos, con la única intención de absolver a su partido y atacar al diario de la competencia. La prensa de Madrid no es neutral, siempre ha tenido un punto de vista ideológico que defiende con agresividad. Eso no tiene por qué ser malo, es mucho mejor que estar en estado de coma periodístico, pero está alcanzando unos niveles que sólo pueden terminar con la pérdida de credibilidad de los periódicos implicados.

Por volver al dato del Titadine, y las aportaciones que se pueden esperar de la comisión, es necesario esperar a que declare en los próximos días el comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro, para saber quién fue la fuente de esa identificación. Lo que sí se sabe ya es que en la reunión que se celebró el mismo día 11, a las seis de la tarde, el Ministerio de Interior recibió la confirmación de que había habido un error. El explosivo del atentado sí era dinamita, pero no Titadine. En esa misma reunión de la cúpula policial, se descartó que hubieran estallado bombas trampa en los trenes o en las vías. Ese fue otro dato que se había manejado esa mañana en las redacciones y que también resultó falso.

La comisión ha servido para saber que nunca hubo terroristas suicidas en el atentado, como había contado la Cadena SER. El PP ha dado mucha importancia a este dato, confiado en que sirva para desvelar una supuesta conspiración diseñada para sacarle del poder. La verdad es que la información nunca tuvo mucha relevancia. Casi ningún medio de comunicación se tiró a la piscina con el dato hecho público por la SER. Incluso El País lo dio de forma modesta, y no en primer página. Decir que los españoles cambiaron su voto por una noticia de una radio, aunque sea la emisora de mayor difusión, resulta casi risible. Sólo hay que comparar las audiencias de esa radio con las de las televisiones y los periódicos para llegar a la conclusión de que fue irrelevante.

La comisión también ha servido para saber qué se hizo con la primera pista física con que contó la Policía: la tarjeta de móvil que se extrajo de la bomba que fue desactivada en la madrugada del 11 al 12. Los explosivos encontrados sirvieron para confirmar la identificación del tipo de dinamita y de detonadores empleados. Coincidían con los hallados en la famosa furgoneta de Alcalá de Henares. De entrada, eso servía para saber que los terroristas no habían dejado allí la furgoneta para engañar a la Policía con pistas falsas.

La tarjeta de móvil era una pista mucho más valiosa, porque podía servir, como así ocurrió, para encontrar a los autores del atentado. Gracias a la declaración del jefe de la Policía Científica, sabemos que hacia las diez de la mañana del día 12 de marzo, la tarjeta se entregó a la Unidad Central de Información Exterior, la unidad policial especializada en terrorismo islámico.

Varios mandos policiales han negado que la principal vía de investigación fuera ETA, al menos hasta que en la tarde del sábado se produjeron las primeras detenciones. Eso contradice las insistentes declaraciones públicas de Acebes, en las que se dijo exactamente lo contrario. Dudo de que de ahí se pueda deducir que el ministro de Interior mintió. Confundir los deseos con la realidad es un vicio tan extendido entre los políticos que si fuera punible, dejaría al Parlamento en cuadro.

Aún es muy pronto como para sacar conclusiones, porque quizá algunos mandos policiales no quieran correr el mismo triste destino que Acebes y estén hablando ahora con la tranquilidad de que nadie puede sacar declaraciones suyas de esos días. El esfuerzo de transparencia que hizo Acebes, una media de dos conferencias de prensa diarias, unido a su deseo de calentar la pista etarra para beneficiar a su partido, le terminaron pasando factura.

Lo cierto es que cuando no había ninguna pista, y sólo se contaba con los antecedentes de atentados etarras frustrados, Acebes prefirió sustituir las dudas que todos teníamos (incluidos los mandos policiales) por la seguridad absoluta. En la primera conferencia de prensa (11 de marzo, 13:15 horas) Acebes comenzó su comparecencia con estas palabras: "ETA buscaba una matanza en España".

Como Orson Welles en "Sed de mal", pero con menos kilos. Primero se identifica al culpable, y luego se buscan las pruebas. Suele salir mal.

El principal experto policial en terrorismo integrista ha dicho que no hay pruebas ni indicios de ninguna colaboración entre ETA y Al Qaeda, a pesar de la insistencia del PP, en la comisión, y de El Mundo, en sus páginas, en establecer esa conexión. Tengo cierta sensación de "deja vu" sobre este tema. Sustituyo la palabra ETA por Irak y me veo trasladado al otro lado del océano. Allí, esa manipulación ha rendido grandes beneficios a sus responsables. No parece que en España vaya a resultar tan rentable.

La comisión va a tener algunos momentos lamentables, como ese conserje de Alcalá al que se dio estatus de estrella invitada para que relatara la charleta que tuvo con los policías que le llevaron a declarar o lo que oía que decían los vecinos. Algunos políticos también parecen empeñados en desprestigiarla, como el portavoz del PP cuando llamó defensor de etarras a un diputado del PNV, o como el diputado socialista que telefoneó antes que declarara al conserje para no se sabe muy bien qué. Esto es lo que hay. En España no tenemos diputados tan independientes como en otras democracias. Su especialidad es cuadrarse ante el líder y eso se nota en las comisiones de investigación.

Sin embargo, habrá que valorar la comisión por la información nueva que salga de ella. Intentar descartarla de entrada es lo mismo que reservar a políticos y periodistas el privilegio de conocer lo que ocurrió antes y después del 11M. Y los españoles no están obligados a creerse todo lo que digan los ministros del Interior. El de antes y el de ahora. Todos terminan teniendo un sospechoso parecido con Orson Welles.

¿Nos merecemos a estos periodistas? Guerra eterna. 14 marzo.
¿Qué hay que investigar? Guerra eterna. 21 abril.
Se llevaban superbien, luego... Guerra eterna. 2 junio.