1.7.04

La barba de Sadam

El Nuremberg de Irak ha tenido hoy su primer acto con la comparecencia de Sadam Hussein ante el juez para escuchar los cargos. Ha aparecido vestido con traje oscuro y una camisa blanca, y sin corbata. Está mucho más delgado que cuando podía elegir su propia alimentación (los dictadores no suelen estar muy delgados) pero no parece estar enfermo. Y se ha dejado barba, lo que es un detalle interesante. De alguna manera, esa barba representa una parte de lo que será su estrategia legal y política cuando empiece el juicio.

En el mundo árabe, una persona se deja barba en aquellos momentos de la vida en los que quiere mostrar su tristeza, en especial en el momento de duelo por la muerte de un familiar. Además, suele ser una de las primeras manifestaciones visibles cuando un hombre recupera su fe religiosa. Sadam se prepara para interpretar el papel de víctima, de un jefe de Estado depuesto por sus enemigos extranjeros.

"Todo lo hice como presidente, así que no me quite mi título", ha dicho al juez, cuya identidad permanece en secreto para resguardarle de las represalias. Los testigos de su declaración han dicho que al principio parecía un poco confuso, una impresión que se ha despejado en seguida. Muy pronto, ha recuperado su estilo desafiante y ha calificado al tribunal de circo y teatro.

Sadam jugará siempre que pueda la carta nacionalista. Ante la acusación de haber ordenado la invasión de Kuwait, el ex dictador ha intervenido de forma insultante, tanto como para obligar al juez a pararle los pies. "En Kuwait, yo estaba protegiendo al pueblo iraquí", ha dicho, "para impedir que los perros kuwaitíes convirtieran a las mujeres iraquíes en prostitutas de diez dinares". El juez le ha cortado y le ha recordado que no podía emplear ese lenguaje ante un tribunal.

Su parafernalia nacionalista le ganará el apoyo de muchos árabes siempre dispuestos a defender a cualquier líder árabe que plante cara a Occidente, sin importarles cuanta sangre tenga en sus manos. El cinismo de esta defensa quedará al descubierto a nada que se escuchen algunos argumentos de Sadam. Ha llegado a decir hoy que se enteró por los medios de comunicación de la matanza de Halabya, cuando miles de kurdos perecieron al ser atacados con armas químicas. Estos comentarios terminarán poniéndole la soga en el cuello.

El nuevo Gobierno iraquí está obsesionado con impedir que Sadam convierta su declaración ante el tribunal en una plataforma propagandística. Es comprensible, pero si persiste en convertir el procedimiento judicial en un juicio secreto, éste no tendrá las garantías suficientes como para que se pueda decir después que se ha hecho justicia.

Hemos visto la imagen del Sadam preso declarando ante un juez iraquí, todo un documento histórico, pero no hemos escuchado su voz. Conocer el testimonio del acusado, las acusaciones del fiscal y las declaraciones de los testigos es básico para entender el juicio, para llegar a la conclusión de que ha sido un juicio justo, en definitiva, para que al final se pueda decir que se ha hecho justicia. No importa que los crímenes de Sadam sean públicos y notorios. Eso ocurre también con muchos otros criminales, de menor entidad, pero eso no es motivo para negarles un juicio justo. Al menos, en las democracias o en los países que aspiran a serlo.

Curiosamente, una de las cámaras sí que estaba tomando audio, y se han podido escuchar, no muy bien, algunas palabras, al final de la declaración, que ha durado 30 minutos.

A esta hora, no está claro quién ha tomado la decisión de prohibir que las cámaras de TV tomaran el audio de la declaración. Según los periodistas de la CNN y BBC que han informado desde Bagdad, ha sido una decisión del juez iraquí. Sin embargo, la propia CNN ha colocado sobre las imágenes el rótulo Cleared by US Military, lo que significa que ha existido algún tipo de censura por las autoridades militares norteamericanas. Otro rótulo aparecido en la BBC ha dicho que los censores militares norteamericanos han cortado el sonido de la declaración.

En cualquier caso, poco importa quién haya tomado la decisión. Es probable que las organizaciones de derechos humanos critiquen esta limitación. El asunto es grave, pero no sólo por la declaración de Sadam. Es necesario que los iraquíes, y el resto de pueblos árabes, conozcan directamente las acusaciones que se presentarán en el juicio.

Ni la barba ni las miradas desafiantes podrán compensar el relato de esos crímenes.