20.7.04

Espías

En EEUU, la confianza en los agentes secretos ha quedado bastante dañada tras confirmarse que las armas de destrucción masiva iraquíes sólo existían en los informes de la CIA. Ahora, en España, nos encontramos en una situación parecida cuando hemos conocido cuál fue la aportación del CNI en la investigación del atentado de Atocha. En pocas palabras: escribir informes equivocados sin tener más datos que los públicamente conocidos y ver la televisión.

La telebasura inunda las pantallas, pero no conviene desdeñarla. En fechas señaladas, te puede arreglar el día. Estás matando el tiempo en la sede del CNI pocas horas después del peor atentado terrorista de la historia de la democracia, y ves por la tele al ministro de Interior anunciar que se ha encontrado unos detonadores y una casete en árabe en una furgoneta aparcada cerca de la estación de Alcalá. Poco después, zapeas y ves las primeras imágenes de la furgoneta, también por la tele, y hasta puedes anotar el número de la matrícula.

Es un trabajo difícil ser espía en España. Si te descuidas, igual estás viendo una serie en otro canal y te lo tiene que contar la familia.

La comparecencia en la comisión del 11M del ex director del CNI, Jorge Dezcallar, ha servido para saber que los servicios de inteligencia no fueron informados por el Ministerio de Interior de los pasos que estaba dando la investigación policial en los días inmediatamente posteriores al atentado. Dezcallar ha dicho que el CNI estuvo ?fuera de juego?, aunque luego retiró la expresión cuando vio a los diputados rascarse la cabeza sorprendidos.

Al menos tuvo la suerte de que los diputados fueron muy comprensivos y respetuosos con la singular posición en la que se hallaba Dezcallar. No iban a reprocharle nada los mismos diputados que habían tardado minutos en filtrar a los medios de comunicación el contenido de los preciados informes secretos del CNI.

No piensen que los espías estaban mano sobre mano en la mañana del 11 de marzo. Escribían informes destinados al Gobierno para aventurar hipótesis sobre la autoría de la matanza. Escribo aventurar hipótesis, pero no pretendo restar valor a esos documentos tan valiosos que adjudicaban sin ninguna duda la responsabilidad del atentado a ETA.

Como el CNI conoce mejor que yo el terrorismo de ETA y de los grupos integristas, su opinión tiene más valor que la mía o la del lector de este blog. Y la tiene, porque tiene acceso a información, secreta, que no está al alcance de los contribuyentes.

Parece que no era así en el caso del 11M. Hasta que la televisión no empezó a dar imágenes sorprendentes, por ejemplo, un ministro que anuncia la aparición de las primeras pruebas (que alejan la autoría de ETA, pero que no le alejan a él de la necesidad de sospechar por encima de todo de ETA), en el CNI estaban sencillamente especulando sin conocer nada sobre lo que estaba haciendo la Policía.

No olviden que, unos días después de las elecciones, el Gobierno de Aznar difundió dos informes secretos del CNI en los que se decía que el atentado era obra de ETA. El Gobierno no había mentido, nos dijeron, si hasta los propios agentes secretos estaban convencidos de que habían sido los etarras.

De los mismos agentes del CNI que no se estaban enterando de nada, porque el Ministerio de Interior los mantenía a oscuras.

Muchos expertos en medios de comunicación han escrito que la gente sólo acepta que las cosas han ocurrido cuando las ven por televisión. Parece que los espías entran también en esta categoría.