16.7.04

El fiscal que no sabía nada

Al fiscal jefe de la Audiencia Nacional le ponen los documentales. Ha dicho en la comisión de investigación del 11M que no sabe nada de la furgoneta que apareció el día del atentado en Alcalá de Henares. Dice que no lee los periódicos (¿para qué?, sólo traen noticias) y que tampoco ve la televisión, excepto los documentales de la BBC.

Fungairiño es buen ejemplo de la ceguera y daltonismo de las fuerzas de seguridad y del sistema judicial en relación al terrorismo integrista antes del 11 de marzo. Confiados durante años en sus habilidades en la lucha contra el terrorismo de ETA, nunca pensaron que Al Qaeda o sus grupos satélites se atreverían a matar en España. En los meses anteriores al 11M, los periódicos norteamericanos y británicos incluyeron numerosas noticias sobre el peligro de un atentado de grandes dimensiones en alguna gran ciudad europea. Citaban fuentes de los servicios de inteligencia y, por tanto, las informaciones eran difusas: sólo se hablaba de sospechas, de conversaciones telefónicas interceptadas en las que había veladas referencias a ese atentado. Las fuerzas policiales de algunos países prestaron interés a esos datos.

Mientras tanto, Fungairiño pasaba los momentos de asueto ampliando su cultura general con los documentales de la TV pública británica. Hay tanto que aprender y la Audiencia Nacional deja tan poco tiempo libre.

Ha pasado el tiempo, y con él 191 cadáveres, y el fiscal Fungairiño ha interrumpido por unos momentos la observación de la fauna y la flora para comparecer ante la comisión parlamentaria. Quizá pensaba que estaba ante un montón de aficionados empeñados en hacerse pasar por sagaces investigadores. Puede que hasta confundiera al diputado Labordeta con el inspector Clouseau.

En su declaración, Fungairiño no descartó que haya habido colaboración entre ETA y Al Qaeda y recordó las épocas en las que los etarras se prepararon en campamentos de terroristas en Argelia y Yemen del Norte. Esos países tenían entonces regímenes marxistas aliados con la Unión Soviética. Quizá el fiscal no se haya enterado aún de que ya no existe la URSS, a menos que haya tenido la suerte de pillar el dato en algún documental de la BBC, que por algo son tan buenos.

De hecho, es posible que sólo tenga vagas referencias del resultado de las últimas elecciones generales en España. La BBC no dedica tanto tiempo a la actualidad española y no se puede descartar que no haya informado que en el Ministerio de Interior ya no están los mismos que protegieron a Fungairiño en su carrera en la Audiencia Nacional. O quizá sí lo sepa, y haya querido echarles una manita.

Fungairiño ha dicho ante la comisión que no es cierto que policías, jueces y fiscales no estuvieran preparados ante la amenaza integrista: "Hemos estado preparados, pero no ha habido suerte, por lo que se ve". Como dicen los futbolistas, no pudo ser. Sigamos con el lenguaje del periodismo deportivo y pensemos que hay que ir partido a partido, atentado a atentado, y a ver si la próxima vez tenemos más suerte y los terroristas se entregan antes de cometer el delito.

Pero Fungairiño no cree que los terroristas vayan a ser tan tontos. "A veces, los delincuentes son más listos que la policía", dijo ayer. Hablamos de terroristas que dejaron tantas pistas que la policía pudo hacer las primeras detenciones en 48 horas y encontrar al comando completo en unas pocas semanas. Lo dicho, no pudo ser y hay que seguir intentándolo.

También puede haber ocurrido que sencillamente Fungairiño se choteó de la comisión de investigación, que les tomó el pelo. Hoy se ha sabido que los fiscales de la Audiencia Nacional están molestos por la declaración de su jefe, y que la fiscal encargada del caso le mantiene informado de todos los pormenores, furgonetas incluidas, a pesar de que el sumario aún no está cerrado.

Es una de las consecuencias del mayor error de los partidos políticos: poner en marcha la comisión cuando la investigación judicial no está concluida y todavía no se ha levantado el secreto de sumario. Algunos periodistas tuvieron mucha prisa en que se iniciara, el presidente del Gobierno se apresuró en dar su visto bueno para que no pareciera que tenía algo que ocultar y el PP se vio en la misma tesitura.

Varios de los comparecientes no han podido contar todo lo que saben. Por ejemplo, aún no se sabe exactamente cómo los terroristas pudieron conseguir 200 kilos de explosivos con tanta facilidad cuando siempre se ha dicho que el transporte y uso de explosivos en las explotaciones mineras estaban perfectamente controlados por la Guardia Civil.

Al no estar cerrada la investigación, un personaje tan delirante como el confidente Rafá Zouhier, éste sí que parece haber salido de una película del tipo "Aterriza como puedas", versión policial de serie B, ha podido alcanzar tanta notoriedad. Un chorizo de medio pelo que está intentando salvar el cuello, lo que haría cualquiera en su situación, ha sido elevado a la categoría de pieza clave de la trama. Si al final termina declarando en el Parlamento, como pretenden él y sus padrinos, la comisión se va a convertir en un sainete, lo que dejará su prestigio muy tocado.

Lo malo para Fungairiño es que no se puede mentir ante la comisión de investigación, y mucho menos un funcionario público. La comisión podría llamar a declarar a la fiscal del caso para preguntarle si ha informado a su jefe de los detalles del caso. Si se demuestra que Fungairiño ha mentido, se podría entablar acciones legales contra él. O alguien podría preguntarse si se puede mantener al frente de la Fiscalía de la Audiencia Nacional a una persona que debía estar viendo documentales de la BBC el día en que en la Facultad de Derecho explicaron ese rollo de la división de poderes.