22.7.04

El precio de Filipinas

La presidenta de Filipinas, Gloria Arroyo, levantó los brazos alborozada después de recibir la confirmación por teléfono de la liberación de su compatriota Angelo de la Cruz, secuestrado hasta entonces en Irak. Lo hizo, evidentemente, ante las cámaras de TV para que todos los filipinos vieran que no había nada de lo que avergonzarse. Se habían cumplido las exigencias de los secuestradores, porque era la única manera de salvar la vida del rehén.

Y se había hecho en dos ocasiones sucesivas. Primero, anunciando que los soldados filipinos abandonarían Irak el 20 de agosto cuando terminaba el compromiso del despliegue alcanzado meses atrás con EEUU. Después, adelantando un mes la salida de las tropas.

La relación causa-efecto es tan evidente que esta vez nadie debería molestarse en desmentirla o matizarla. Se me ocurre que ésta es una de las consecuencias de la formación de esas coaliciones de países aliados de EEUU para cada misión. Washington, pensó de cara a la aventura de Irak, que podía sustituir la ayuda de Francia o Alemania con una lista más numerosa de países más pequeños y más dúctiles. De esta manera, Bush pretendía reemplazar la ausencia de una legitimadora resolución del Consejo de Seguridad de la ONU por un listado de 50, 60 o 70 países.

El hecho de que la contribución real sobre el terreno fuera casi irrelevante (había 50 soldados filipinos en Irak) no pareció importar mucho a Washington y Londres. La colaboración de potencias de rango medio, como Italia, España o Polonia, no podía hacer olvidar la ausencia de franceses y alemanes. Pero sumados a una lista kilométrica de pequeños Estados, el marcador presentaba un aspecto más favorable.

Al final, esta ridícula estrategia ha terminado costando a los norteamericanos un precio político mucho mayor que los réditos obtenidos en su momento. La evidente rendición política del Gobierno filipino para salvar la vida de una sola persona ha tenido como primera consecuencia una oleada de secuestros en los que la nacionalidad ya no tiene tanta importancia. Vale cualquiera, un camionero egipcio o keniata puede dar casi tantos titulares como un filipino. Si el país afectado no tiene tropas en Irak, siempre se puede pasar la factura a la empresa que le contrató.

Algunos políticos, académicos y periodistas norteamericanos deben estar ahora perplejos. Vendieron la idea, muy atractiva para el Pentágono, de que EEUU no tenía que ver condicionadas sus aventuras en el exterior por las normas de instituciones internacionales como la OTAN o el Consejo de Seguridad de la ONU. Ya no habría que repetir situaciones como en los bombardeos de Serbia en la guerra de Kósovo, cuando todos y cada uno de los Gobiernos de la OTAN tenían que aprobar los objetivos de los aviones.

En lo sucesivo, se formaría una coalición ad hoc para cada misión, "the coalition of the willing" le llamaron. Animo, den un paso al frente, no importa que el peso de su país sea mínimo, que su Gobierno sea débil o que su opinión pública esté en contra de la aventura. Lo que importa es sumar países a la coalición. No tenemos una resolución de la ONU, pero tenemos una lista.

Cuando la prioridad es la cantidad, suelen olvidarse algunas cuestiones menos acuciantes, la historia, por ejemplo. En octubre del 2003, George Bush pronunció un discurso ante el Congreso filipino en el que estableció una comparación entre la independencia de Filipinas y sus planes de llevar la democracia a Irak. De forma nada sutil, vino a decir que sus anfitriones tenían una cierta deuda con EEUU y que podrían pagarla colaborando en el esfuerzo liberador de Irak. Nosotros les liberamos a ustedes de los españoles. Ayúdenos ahora a liberar Irak de sus opresores.

"América está orgullosa de haber tomado parte en la gran historia del pueblo filipino. Juntos, nuestros soldados liberaron a Filipinas de la dominación colonial", dijo Bush.

En su libro de próxima aparición "The Folly of Empire", el historiador John Judis cuestiona la credibilidad que podían tener las palabras de Bush entre los diputados filipinos:

Como muchos comentaristas filipinos destacaron después, la descripción que hizo Bush de la historia de EEUU y Filipinas se parece poco a la realidad. Es cierto, la Marina de EEUU expulsó a España de Filipinas en 1898. Pero, en vez de crear una democracia filipina, la Administración de McKinley, con su confianza aumentada por la victoria en esa ?espléndida pequeña guerra?, se anexionó el país e impuso un administrador colonial. Después, EEUU entabló una guerra brutal contra el mismo movimiento independentista filipino al que había animado a luchar contra España. La guerra se prolongó durante 14 años. Cuando acabó, unos 120.000 soldados norteamericanos habían llegado a estar desplegados en el país y 4.000 de ellos murieron. Más de 200.000 civiles y soldados filipinos murieron también.

Así que la próxima vez que EEUU pase el platillo por medio mundo a la búsqueda de aliados con los que sustituir a esos desagradecidos franceses y alemanes, será mejor que antes no sólo compruebe la fiabilidad de sus nuevos amigos comprados a golpe de talonario, sino que eche un vistazo a los libros de historia. Se llevará menos sorpresas.

Una historia de espías

En unas horas, la comisión de investigación del 11S hará públicas en EEUU las 600 páginas de sus conclusiones. La gran incógnita que puede resolver consiste en saber hasta qué punto pudieron evitarse los atentados del 11 de septiembre, si las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia desperdiciaron oportunidades que podrían haber servido para detener al grupo de Mohamed Atta antes de que se subiera a los aviones.

Como aportación extraoficial a este dilema, voy a traducir un extracto del libro "Sleeping with the devil", de Robert Baer. El libro es una denuncia de las incestuosas relaciones que mantienen desde hace décadas EEUU y Arabia Saudí, relaciones alentadas por los dos bienes más preciados del mundo: el petróleo y el dinero, no necesariamente en este orden. Baer es un ex agente de la CIA, del que ya se ha publicado en España su anterior libro, "Soldado de la CIA".

El fragmento se refiere a una conversación que Baer mantuvo, después de abandonar la CIA, con un príncipe de la familia real de Qatar, que además había sido ministro de Economía y jefe de Policía. En 1995, el emir de Qatar fue derrocado por su hijo, y un año después intentó recuperar el poder, sin éxito, por los mismos medios. El príncipe de la conversación con Baer participó en el segundo golpe y tuvo que huir del país. Se refugió en Damasco, donde contaba con la ayuda del Gobierno sirio. Parece que Siria, Egipto y Arabia Saudí apoyaron el contragolpe y no estaban muy contentos con el actual régimen qatarí. Como se verá en el fragmento del libro, sospechan de algunas extrañas amistades de los gobernantes de Qatar. No olviden que los hechos que aquí se describen, al menos en el relato que hace el príncipe renegado, ocurrieron varios años antes del 11 de septiembre del 2001:

"¿Sabe algo de mi primo Hamad bin Jassim bin Jabir?", (el príncipe) Se refería al ministro de Exteriores (de Qatar), el que tiene una gran casa en Foxhall (cerca de Washington).

Para entonces, ya podía seguir al príncipe negro (el alias que se inventa Baer para referirse a su interlocutor) y comprendía a qué se refería. Le conté que me había encontrado con él en el despacho de Leon Feurth, el consejero de seguridad nacional de Al Gore. Le mencioné que había tenido que salir del despacho para que Gore tuviera una reunión con el ministro.

El príncipe negro se giró para verme mejor. Creo que quería saber si le estaba contando la verdad. ¿Era eso todo lo que sabía del ministro de Exteriores?

"Mira, amigo mío. No sé si tengo que ser sincero contigo. Pero tu Gobierno está metido en un juego muy peligroso".

Le pregunté a qué se refería.

"Comencemos con bin Laden. El ministro de Exteriores es uno de sus mayores partidarios y odia a los saudíes. Haría un pacto con el diablo para poder joder a los Al Saud" (la dinastía reinante en Arabia Saudí).

Eso ya lo sabía. Cuando aún estaba en la CIA, oí que Sultan (el ministro saudí de Defensa) y otros príncipes se referían al ministro de Exteriores (de Qatar) como "el perro". También supe que Sultan había apoyado al príncipe negro y al antiguo emir en su intento de golpe de febrero de 1996. Pero como los saudíes se negaban a informarnos de esto, no podíamos estar completamente seguros.

"¿Qué quiere decir? ¿Que apoyaba a bin Laden?"

Sabía que el ministro de Interior (de Qatar), Abdallah bin Khalid, se había reunido con Osama bin Laden el 10 de agosto de 1996, pero eso no significaba nada. Muchos árabes estaban peregrinando a Jartum para ver a bin Laden. Los servicios de inteligencia iraquíes se habían reunido con bin Laden en varias ocasiones. Aunque no podíamos estar seguros, supusimos que todos estaban intentando enterarse de sus planes, asegurarse de que no se volviera contra ellos.

"Me refiero a que le apoyaba. ¿Sabe quién es Khalid Sheikh Hamad?". En el árabe de Qatar, las letras "mu" se eliminan de la palabra Muhammad. El príncipe negro se refería a Khalid Sheikh Muhammad (el organizador de los atentados del 11S, cuyo nombre suele aparecer escrito en los medios españoles como Jaled Mohamed).

"No", le dije. Quería que me contara toda la historia desde el principio.

"Es el jefe de las operaciones terroristas de bin Laden. Su objetivo favorito son los aviones. En 1995, cuando yo era jefe de la Policía, llegó a Qatar. Venía de Filipinas, donde dos de sus ayudantes habían sido detenidos. Inmediatamente, fue colocado bajo la protección del ministro de Interior, Abdallah bin Khalid, que es un fanático wahhabí (los whahhabíes son una rama integrista del Islam originaria de Arabia Saudí). El emir me ordenó que ayudara a Abdallah. Lo primero que pidió fue veinte pasaportes qataríes en blanco. Sé que él se los dio a Khalid Sheikh y que éste rellenó los nombres".

"¿Tiene pruebas de eso?"

"Sí. Todavía tengo los números en mi caja fuerte de Damasco y muchas otras cosas".

Cada vez estaba más claro lo que el príncipe negro quería que yo hiciera con esa información. Para entonces, ya había comprobado quién era yo y que era un ex agente de la CIA. Estoy seguro de que él, como la mayoría de los árabes, pensaba que aún estaba trabajando para la CIA. Quería oír el resto de la historia.

"¿Dónde está ahora Khalid Sheikh?", pregunté. Por entonces, aún estaba libre con una recompensa de 2 millones de dólares por su cabeza (Años después, fue detenido en Pakistán).

"Voló, se fue, sayonara. Lo sabes tan bien como yo, así que no te hagas el estúpido".

"Quiero saber lo que usted oyó". Cuando Khalid Sheikh Muhammad salió de Qatar en 1996, yo no estaba seguro de las circunstancias de su huida.

"Tan pronto como el FBI apareció en Doha (capital de Qatar), el emir y el ministro de Exteriores ordenaron a Abdallah bin Khalid que sacara a Khalid Sheikh de su apartamento y lo llevara a la casa de Abdallah en la playa. Mientras tanto, agentes del Ministerio de Interior limpiaron de pruebas las oficinas de Khalid Sheikh, una ex academia de policía, una granja y un depósito en el norte".

El príncipe negro podía ver que no le creía. Llamó a su guardaespaldas y le pidió papel y un boli. "Escríbelo todo y compruébalo con Washington".

"¿Dónde fueron?", pregunté.

"Quizá Praga. Sé que al menos Muhammad Shawqi Islambuli fue allí". Islambuli era el hermano de Khalid Shawqi Islambuli, el miembro de los Hermanos Musulmanes que vació un cargador de AK-47 en el pecho de Anwar Sadat en 1981. Muhammad estaba buscado en Egipto por asesinato.

No dije nada mientras tomaba notas. Cuando acabé, pregunté: "¿Y tiene pruebas de todo esto?"

"Y muchas más cosas. Recuerda, yo era el ministro de Economía. Cuando llegaba el momento de poner dinero en la campaña electoral norteamericana, yo era quien lo hacía".

No me importaba si había Gobiernos extranjeros poniendo dinero en las campañas de EEUU. Pero sí estaba preocupaba por Khalid Sheikh Muhammad, y ya sabía de la conspiración llamada Bojinka, su plan para volar aviones de pasajeros norteamericanos. Tenía que tomarme en serio al príncipe negro. ¿Pero cómo podía llevar la información a la CIA? A pesar de lo que pensaba el príncipe negro, una vez que te sales de la CIA, estás fuera.

Hice lo único que podía hacer. Envié un email a un amigo que aún estaba en la CIA y le dije que pasara la información al Centro Antiterrorista (de la CIA). Por poco segura que fuera la conexión, incluí todo los hechos, incluido el nombre del príncipe negro. Como mínimo, pensé, haría que saltara alguna alarma. Esperaba que Washington mandara a alguien para que hablara con él y recogiera todo lo que había en la caja fuerte. Oír a este tipo no podía hacer daño.

Mi amigo me escribió la semana siguiente: no les interesaba.

No soy de los que se rinden, así que llamé a un reportero de The New York Times llamado Jim Risen. Si la historia del príncipe negro era confirmada, especialmente los documentos, el Times probablemente publicaría un artículo y obligaría a alguien a prestar atención al apoyo de uno de nuestros aliados en el Golfo Pérsico a bin Laden, que por entonces ya era uno de los terroristas más letales del mundo.

En el momento en el que Risen tenía suficiente información como para seguir con la historia, yo ya estaba en Nueva York. El príncipe negro aún estaba dispuesto a contarlo todo. Desgraciadamente, justo cuando Risen estaba a punto de subirse a un avión para ir a verle, el príncipe negro fue secuestrado en Beirut y enviado a Doha. En el momento en que escribo esto, se encuentra encerrado en una celda sin ventanas, y su familia dice que le están inyectando drogas para debilitarle. Tan pronto como desapareció en ese agujero negro que es el Golfo Pérsico, conseguir más datos se convirtió en algo casi imposible.


Quizá sólo sea una bonita historia de espías, y hay unas cuantas en este libro que estuvo durante un tiempo en la lista de The New York Times de los libros más vendidos. O quizá sea un ejemplo de cómo Osama bin Laden no salió de ninguna parte para cometer los atentados del 11S. De alguna manera, Osama es el hijo del apoyo de algunos Gobiernos árabes (en Oriente Medio se practica mucho eso que dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo), los errores del Gobierno y de los servicios de inteligencia (?) de EEUU y las contribuciones financieras de muchos miembros de la clase dirigente de Arabia Saudí (léase, la familia real). Sí, los mismos que pasan algunas vacaciones en Marbella entre la pasión popular por los petrodólares que llueven a su paso.

20.7.04

Espías

En EEUU, la confianza en los agentes secretos ha quedado bastante dañada tras confirmarse que las armas de destrucción masiva iraquíes sólo existían en los informes de la CIA. Ahora, en España, nos encontramos en una situación parecida cuando hemos conocido cuál fue la aportación del CNI en la investigación del atentado de Atocha. En pocas palabras: escribir informes equivocados sin tener más datos que los públicamente conocidos y ver la televisión.

La telebasura inunda las pantallas, pero no conviene desdeñarla. En fechas señaladas, te puede arreglar el día. Estás matando el tiempo en la sede del CNI pocas horas después del peor atentado terrorista de la historia de la democracia, y ves por la tele al ministro de Interior anunciar que se ha encontrado unos detonadores y una casete en árabe en una furgoneta aparcada cerca de la estación de Alcalá. Poco después, zapeas y ves las primeras imágenes de la furgoneta, también por la tele, y hasta puedes anotar el número de la matrícula.

Es un trabajo difícil ser espía en España. Si te descuidas, igual estás viendo una serie en otro canal y te lo tiene que contar la familia.

La comparecencia en la comisión del 11M del ex director del CNI, Jorge Dezcallar, ha servido para saber que los servicios de inteligencia no fueron informados por el Ministerio de Interior de los pasos que estaba dando la investigación policial en los días inmediatamente posteriores al atentado. Dezcallar ha dicho que el CNI estuvo ?fuera de juego?, aunque luego retiró la expresión cuando vio a los diputados rascarse la cabeza sorprendidos.

Al menos tuvo la suerte de que los diputados fueron muy comprensivos y respetuosos con la singular posición en la que se hallaba Dezcallar. No iban a reprocharle nada los mismos diputados que habían tardado minutos en filtrar a los medios de comunicación el contenido de los preciados informes secretos del CNI.

No piensen que los espías estaban mano sobre mano en la mañana del 11 de marzo. Escribían informes destinados al Gobierno para aventurar hipótesis sobre la autoría de la matanza. Escribo aventurar hipótesis, pero no pretendo restar valor a esos documentos tan valiosos que adjudicaban sin ninguna duda la responsabilidad del atentado a ETA.

Como el CNI conoce mejor que yo el terrorismo de ETA y de los grupos integristas, su opinión tiene más valor que la mía o la del lector de este blog. Y la tiene, porque tiene acceso a información, secreta, que no está al alcance de los contribuyentes.

Parece que no era así en el caso del 11M. Hasta que la televisión no empezó a dar imágenes sorprendentes, por ejemplo, un ministro que anuncia la aparición de las primeras pruebas (que alejan la autoría de ETA, pero que no le alejan a él de la necesidad de sospechar por encima de todo de ETA), en el CNI estaban sencillamente especulando sin conocer nada sobre lo que estaba haciendo la Policía.

No olviden que, unos días después de las elecciones, el Gobierno de Aznar difundió dos informes secretos del CNI en los que se decía que el atentado era obra de ETA. El Gobierno no había mentido, nos dijeron, si hasta los propios agentes secretos estaban convencidos de que habían sido los etarras.

De los mismos agentes del CNI que no se estaban enterando de nada, porque el Ministerio de Interior los mantenía a oscuras.

Muchos expertos en medios de comunicación han escrito que la gente sólo acepta que las cosas han ocurrido cuando las ven por televisión. Parece que los espías entran también en esta categoría.

19.7.04

La responsabilidad de Arafat

El diario libanés Daily Star describe con precisión en su editorial de ayer cuál es el auténtico origen del caos que vive Gaza:

"Estos hechos son desgraciadamente el resultado previsible del fracaso de la Autoridad (Palestina) en cumplir sus promesas. La ocupación israelí, junto a la presión de EEUU sobre el presidente Yaser Arafat, no está, desde luego, facilitando las cosas, pero el principal problema es la propia Autoridad Palestina.

Aunque los secuestros (del jefe de la Policía de Gaza y de cinco franceses) se solucionaron rápidamente, son un síntoma de la falta de respeto por la ley. Este caos no debe continuar. Mientras los palestinos no se sientan protegidos por sus propias autoridades, cualquier negociación de paz con los israelíes carecerá de sentido. El equivocado nombramiento del primo de Arafat, Musa Arafat, como jefe del Servicio General de Seguridad, ha añadido combustible al fuego. Todo el mundo considera este nombramiento como un signo del nepotismo y la corrupción existentes en la Autoridad Palestina.

El que miles de personas hayan salido a la calle para manifestarse en Gaza y que gente armada haya arrasado un cuartel policial de la Autoridad Palestina pone de manifiesto la situación. Arafat está perdiendo cada vez más credibilidad y legitimidad. Todo esto es una gran vergüenza. Él es uno de los pocos líderes árabes que ha sido elegido democráticamente y durante décadas ha personificado a la causa palestina. A pesar de estos dos valores, ahora ha hundido a los palestinos al confiar en su poder de símbolo en vez de en hacer funcionar (a su Gobierno)".

El Daily Star es uno de los mejores diarios árabes y, a diferencia de la mayoría de ellos, no escribe al dictado de ningún Gobierno. La influencia de Siria (cuyo régimen es un viejo enemigo de Arafat) en Líbano no explica estas críticas, que a buen seguro compartirán la mayoría de palestinos, hartos de que Arafat incumpla sus promesas de un Gobierno justo y limpio.

El País titula hoy "Las milicias radicales palestinas se rebelan contra Arafat". Aunque el titular no es falso, creo que no refleja la auténtica realidad de la situación de Gaza. Es cierto que son los grupos radicales, como las Brigadas de Mártires de Al Aqsa, los que están encabezando la protesta, incluso enfrentándose a tiros a los policías leales a Arafat. Algunos de los líderes de las Brigadas son también responsables de la anarquía que se vive en los territorios palestinos.

Para los palestinos, ya no es suficiente que Arafat represente sus deseos de independencia. Lo que quieren es que acabe con la anarquía y la corrupción, y deje de nombrar a personajes corruptos al frente de las fuerzas de seguridad. Acaba de destituir a Musa Arafat, pero el paso atrás no servirá de mucho si no consigue formar un Gobierno que controle las fuerzas de seguridad y las limpie de ladrones.

Ésta no es una disputa entre moderados y radicales sobre la paz o la guerra con Israel. En otras ocasiones, Arafat se ha servido de las ofensivas militares israelís para acallar las voces en favor de la reforma de las instituciones palestinas. En tiempos en los que el enemigo demostraba todo su poder, le era fácil agrupar a todos, incluidos los descontentos, bajo su control.

Parece que ya no. Tanto los grupos armados como los diputados palestinos moderados se han visto engañados en demasiadas ocasiones por su presidente. Ahora más que nunca Arafat necesitaría que Sharon le echara una mano, por ejemplo acercando un par de tanques a las inmediaciones en Ramala de la Mukata. Pero Sharon está demasiado ocupado ahora negociando un Gobierno de coalición con los laboristas. Quizá Simón Peres le haya convencido de que, si de lo que se trata es de deshacerse de Arafat, es más fácil que eso ocurra si quienes lo hacen son los propios palestinos.

Ése también es el cálculo que podrían estar haciendo los líderes de Hamás, que no se han manifestado públicamente en toda esta polémica. Mientras se mantengan alejados de ella, más fácil será que los palestinos se convenzan de que sólo los integristas pueden responsabilizarse del control de Gaza.

17.7.04

Caos y corrupción en Gaza

Sharon y Peres negocian la formación de un Gobierno de unidad nacional en Israel que haga posible la retirada de Gaza. Al mismo tiempo, Sharon intenta convencer a los egipcios para que le hagan el trabajo sucio: presionar a Arafat y preparar a las fuerzas de seguridad palestinas para que Gaza no sea gobernada por los radicales de Hamás.

Todos estos contactos podrían fructificar en los próximos meses. De momento, lo único seguro es que Gaza parece continuar deslizándose hacia el caos, del que sólo se beneficiarán los islamistas. Ayer, el jefe de la Policía en Gaza, el general Al Jabali, y cinco ciudadanos franceses fueron secuestrados durante unas horas, en un ejemplo más de que o bien Arafat ha perdido el control de la situación o no tiene mucho interés en ejercer ningún tipo de autoridad, que le convertiría de alguna manera en defensor de los intereses de Sharon.

No hacer nada se ha convertido en una opción aceptable para Arafat, dispuesto a agotar la paciencia hasta de sus partidarios. Por eso, el primer ministro Abú Alá ha presentado la dimisión, aunque, en el momento en que escribo estas líneas, Arafat no la ha aceptado y está por ver si el primer ministro aceptará continuar en el puesto.

Durante años, Arafat se ha negado a poner orden en la demencial estructura de las fuerzas de seguridad palestina, compuestas por entre diez y quince cuerpos policiales diferentes (lo que para un país que no tiene un Estado no está nada mal). Ahora ha vuelto a prometer que reducirá el número de cuerpos, que quedarían en tres, pero ésta es una promesa que ha incumplido en varias ocasiones.

La situación en Gaza es coherente con el panorama de las relaciones entre israelíes y palestinos en los últimos tres años: son los radicales los que llevan la iniciativa en cada bando. Cuentan con el apoyo de sus respectivas opiniones públicas y saben que el agravamiento de los problemas tiende a restar apoyo y atractivo políticos a los grupos moderados.

En el campo palestino, los últimos incidentes de Gaza demuestran una vez más que la incapacidad, o falta de voluntad, de Arafat por combatir la corrupción juega en favor de los intereses de Sharon. Muchos palestinos suelen decir que el asunto de la corrupción es algo que les atañe sólo a ellos, que las críticas israelíes en este punto son sólo un intento de desprestigiar a Arafat a ojos de la comunidad internacional.

Sin embargo, el caso de Gaza demuestra que el desfalco de lo poco que queda de los fondos públicos de la Autoridad Palestina tiene efectos políticos indudables: desprestigia a los líderes palestinos ante sus compatriotas, fortalece a Hamás y permite a Arafat emplear la ayuda económica para ahogar cualquier tipo de debate político.

El general Al Jabali fue secuestrado por un grupo radical para que respondiera por las denuncias de corrupción que le persiguen desde hace tiempo. Fue destituido del puesto por el entonces primer ministro Abú Mazen precisamente por las sospechas que había sobre él, y más tarde reinstaurado en el cargo por el propio Arafat. El líder palestino siempre ha valorado más la lealtad, a la hora de entregar los cargos, que la eficacia o la honradez.

Los incidentes de ayer en Gaza han terminado costándole el puesto a Al Jabali. Ha sido sustituido por otro general, Mussa Arafat. Efectivamente, es pariente del presidente palestino.

La corrupción va más allá de los asuntos económicos tanto en Israel como entre los palestinos. Desde 1967, la ocupación de los territorios palestinos por Israel ha tenido efectos perniciosos en las dos sociedades.

En Israel, la corrupción también tiene una vertiente política mucho más grave que la económica. Consiste, por ejemplo, en la militarización del lenguaje político, plasmada en la presencia permanente de ex generales en los altos cargos de la nación. En los últimos veinte años, y cada vez con más frecuencia, ni siquiera hay un periodo de transición para los militares entre su salida del Ejército y su llegada al Gobierno.

El último ejemplo, el actual ministro de Defensa, es el más veloz. Sólo unas semanas antes, era el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Con estos militares, ha llegado un mensaje que ha calado en la sociedad israelí: las negociaciones políticas son una pérdida de tiempo y cualquier problema con los palestinos se soluciona con represalias violentas que castigan no sólo a los grupos armados radicales sino a todo un barrio o toda una ciudad. Los recursos con los que cuenta un jefe militar, forzosamente limitados porque consisten en la aplicación de distintos grados de violencia, se han convertido en los únicos recursos políticos admisibles.

El grado de radicalización de israelíes y palestinos alcanza también a su opinión sobre la intervención de la comunidad internacional, en general pasiva y tardía, cuando no favorece a sus intereses. El ministro Netanyahu llamó "tribunal títere" al Tribunal de La Haya por su sentencia contra el muro de separación. La Autoridad Palestina ha calificado de persona no grata al enviado especial de la ONU, el noruego Terje Roed-Larsen, por criticar a Arafat y su incapacidad de poner orden en Gaza y apostar por la vía política.

Los israelíes pueden permitirse expresar su desprecio por las instituciones internacionales porque cuentan con la alianza con EEUU y porque, en definitiva, son los más fuertes, militar y económicamente, en su guerra contra los palestinos. Dudo de que los palestinos, cuya única fuerza ahora mismo es su innata capacidad para no rendirse, estén en condiciones de adoptar la misma actitud.

16.7.04

El fiscal que no sabía nada

Al fiscal jefe de la Audiencia Nacional le ponen los documentales. Ha dicho en la comisión de investigación del 11M que no sabe nada de la furgoneta que apareció el día del atentado en Alcalá de Henares. Dice que no lee los periódicos (¿para qué?, sólo traen noticias) y que tampoco ve la televisión, excepto los documentales de la BBC.

Fungairiño es buen ejemplo de la ceguera y daltonismo de las fuerzas de seguridad y del sistema judicial en relación al terrorismo integrista antes del 11 de marzo. Confiados durante años en sus habilidades en la lucha contra el terrorismo de ETA, nunca pensaron que Al Qaeda o sus grupos satélites se atreverían a matar en España. En los meses anteriores al 11M, los periódicos norteamericanos y británicos incluyeron numerosas noticias sobre el peligro de un atentado de grandes dimensiones en alguna gran ciudad europea. Citaban fuentes de los servicios de inteligencia y, por tanto, las informaciones eran difusas: sólo se hablaba de sospechas, de conversaciones telefónicas interceptadas en las que había veladas referencias a ese atentado. Las fuerzas policiales de algunos países prestaron interés a esos datos.

Mientras tanto, Fungairiño pasaba los momentos de asueto ampliando su cultura general con los documentales de la TV pública británica. Hay tanto que aprender y la Audiencia Nacional deja tan poco tiempo libre.

Ha pasado el tiempo, y con él 191 cadáveres, y el fiscal Fungairiño ha interrumpido por unos momentos la observación de la fauna y la flora para comparecer ante la comisión parlamentaria. Quizá pensaba que estaba ante un montón de aficionados empeñados en hacerse pasar por sagaces investigadores. Puede que hasta confundiera al diputado Labordeta con el inspector Clouseau.

En su declaración, Fungairiño no descartó que haya habido colaboración entre ETA y Al Qaeda y recordó las épocas en las que los etarras se prepararon en campamentos de terroristas en Argelia y Yemen del Norte. Esos países tenían entonces regímenes marxistas aliados con la Unión Soviética. Quizá el fiscal no se haya enterado aún de que ya no existe la URSS, a menos que haya tenido la suerte de pillar el dato en algún documental de la BBC, que por algo son tan buenos.

De hecho, es posible que sólo tenga vagas referencias del resultado de las últimas elecciones generales en España. La BBC no dedica tanto tiempo a la actualidad española y no se puede descartar que no haya informado que en el Ministerio de Interior ya no están los mismos que protegieron a Fungairiño en su carrera en la Audiencia Nacional. O quizá sí lo sepa, y haya querido echarles una manita.

Fungairiño ha dicho ante la comisión que no es cierto que policías, jueces y fiscales no estuvieran preparados ante la amenaza integrista: "Hemos estado preparados, pero no ha habido suerte, por lo que se ve". Como dicen los futbolistas, no pudo ser. Sigamos con el lenguaje del periodismo deportivo y pensemos que hay que ir partido a partido, atentado a atentado, y a ver si la próxima vez tenemos más suerte y los terroristas se entregan antes de cometer el delito.

Pero Fungairiño no cree que los terroristas vayan a ser tan tontos. "A veces, los delincuentes son más listos que la policía", dijo ayer. Hablamos de terroristas que dejaron tantas pistas que la policía pudo hacer las primeras detenciones en 48 horas y encontrar al comando completo en unas pocas semanas. Lo dicho, no pudo ser y hay que seguir intentándolo.

También puede haber ocurrido que sencillamente Fungairiño se choteó de la comisión de investigación, que les tomó el pelo. Hoy se ha sabido que los fiscales de la Audiencia Nacional están molestos por la declaración de su jefe, y que la fiscal encargada del caso le mantiene informado de todos los pormenores, furgonetas incluidas, a pesar de que el sumario aún no está cerrado.

Es una de las consecuencias del mayor error de los partidos políticos: poner en marcha la comisión cuando la investigación judicial no está concluida y todavía no se ha levantado el secreto de sumario. Algunos periodistas tuvieron mucha prisa en que se iniciara, el presidente del Gobierno se apresuró en dar su visto bueno para que no pareciera que tenía algo que ocultar y el PP se vio en la misma tesitura.

Varios de los comparecientes no han podido contar todo lo que saben. Por ejemplo, aún no se sabe exactamente cómo los terroristas pudieron conseguir 200 kilos de explosivos con tanta facilidad cuando siempre se ha dicho que el transporte y uso de explosivos en las explotaciones mineras estaban perfectamente controlados por la Guardia Civil.

Al no estar cerrada la investigación, un personaje tan delirante como el confidente Rafá Zouhier, éste sí que parece haber salido de una película del tipo "Aterriza como puedas", versión policial de serie B, ha podido alcanzar tanta notoriedad. Un chorizo de medio pelo que está intentando salvar el cuello, lo que haría cualquiera en su situación, ha sido elevado a la categoría de pieza clave de la trama. Si al final termina declarando en el Parlamento, como pretenden él y sus padrinos, la comisión se va a convertir en un sainete, lo que dejará su prestigio muy tocado.

Lo malo para Fungairiño es que no se puede mentir ante la comisión de investigación, y mucho menos un funcionario público. La comisión podría llamar a declarar a la fiscal del caso para preguntarle si ha informado a su jefe de los detalles del caso. Si se demuestra que Fungairiño ha mentido, se podría entablar acciones legales contra él. O alguien podría preguntarse si se puede mantener al frente de la Fiscalía de la Audiencia Nacional a una persona que debía estar viendo documentales de la BBC el día en que en la Facultad de Derecho explicaron ese rollo de la división de poderes.

13.7.04

Titadine

En la mañana del 11 de marzo, uno de los miembros del Tedax que estaba dentro de los vagones destruidos de Atocha recibió una llamada en su teléfono móvil. En esos momentos, aún se estaban recogiendo restos humanos, el número exacto de víctimas se desconocía, pero ya se sabía que iba a ser estremecedor, y los policías comenzaban a examinar el interior de los vagones en busca de cualquier prueba o indicio.

Su interlocutor, un alto mando policial o de los propios Tedax, se encontraba también en otro de los vagones y le preguntó si sabían ya qué tipo de explosivo se había utilizado en el atentado. Nadie había tenido tiempo de hacer ningún tipo de análisis científico con ninguna muestra recogida. El policía de los Tedax llegó a la conclusión de que se había empleado dinamita, por el olor que se percibía, por el impacto de la onda explosiva en los vagones, pero fue aún más lejos. Dijo que había sido Titadine.

Se equivocó. Fue un error bastante comprensible teniendo en cuenta la tensión y la presión que todos los policías implicados en la investigación sabían que iban a sufrir tras el peor atentado de la historia de la democracia. Supongo que algunos de ellos ya pensaban que, más tarde o más temprano, alguien preguntaría por qué las fuerzas de seguridad no habían podido impedir una carnicería de estas características. No era la mejor situación para tener la cabeza fría y despejada. Los policías no son robots.

Un alto mando policial contó a un compañero de Informativos Telecinco la conversación entre los dos policías que fue el origen de la pista del Titadine, y así lo contamos en los reportajes sobre los cuatro días de marzo que comenzaron con el atentado y acabaron con las elecciones que emitimos en el programa "No es lo mismo". (Yo fui el responsable de dos de esos reportajes).

El Ministerio de Interior no se inventó el dato del Titadine. Sí se ocupó rápidamente de difundir la noticia a través de la agencia Efe. Todos los medios de comunicación lo hicieron público. El hecho de que Acebes no se refiriera expresamente al Titadine en su primera comparecencia pública llamó la atención, pero no hizo que nadie dudara de esa información.

Datos como éstos (cuándo se supo algo, por quién, qué consecuencias tuvo...) son los que pueden quedar esclarecidos en la comisión parlamentaria de investigación del 11M. Las declaraciones de los altos mandos policiales, aunque incómodas para ellos, son fundamentales para conocer cómo se produjo la investigación y cómo deberemos enfrentarnos en el futuro a la amenaza del terrorismo integrista.

La comisión no es un tribunal del que saldrá una lista de condenas ni los políticos que la integran son jueces o fiscales que harán resplandecer la verdad. Sus objetivos son limitados. Sin embargo, me llama la atención cómo algunos políticos y periodistas han intentado casi desde el primer día desprestigiarla y darla por muerta cuando aún estaba dando sus primeros pasos.

Es obvio que tanto el PSOE como el PP están intentando utilizarla para ajustar cuentas políticas. Ya sabíamos que algo así podía pasar. No es razón suficiente como para desear que no se hubiera puesto en marcha. Parece que ésta es la posición de cierta hipocresía periodística que tiene el descaro de hablar en nombre de las víctimas para cargar contra un modesto esfuerzo, cargado de obstáculos, de conocer la verdad.

Resulta menos comprensible, por lamentable, la actuación de los periódicos que se han erigido en abogados defensores de los partidos políticos. El Mundo y El País parecen querer actuar como adalides del PP y del PSOE, respectivamente, escribiendo artículos, titulares incluidos, con la única intención de absolver a su partido y atacar al diario de la competencia. La prensa de Madrid no es neutral, siempre ha tenido un punto de vista ideológico que defiende con agresividad. Eso no tiene por qué ser malo, es mucho mejor que estar en estado de coma periodístico, pero está alcanzando unos niveles que sólo pueden terminar con la pérdida de credibilidad de los periódicos implicados.

Por volver al dato del Titadine, y las aportaciones que se pueden esperar de la comisión, es necesario esperar a que declare en los próximos días el comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro, para saber quién fue la fuente de esa identificación. Lo que sí se sabe ya es que en la reunión que se celebró el mismo día 11, a las seis de la tarde, el Ministerio de Interior recibió la confirmación de que había habido un error. El explosivo del atentado sí era dinamita, pero no Titadine. En esa misma reunión de la cúpula policial, se descartó que hubieran estallado bombas trampa en los trenes o en las vías. Ese fue otro dato que se había manejado esa mañana en las redacciones y que también resultó falso.

La comisión ha servido para saber que nunca hubo terroristas suicidas en el atentado, como había contado la Cadena SER. El PP ha dado mucha importancia a este dato, confiado en que sirva para desvelar una supuesta conspiración diseñada para sacarle del poder. La verdad es que la información nunca tuvo mucha relevancia. Casi ningún medio de comunicación se tiró a la piscina con el dato hecho público por la SER. Incluso El País lo dio de forma modesta, y no en primer página. Decir que los españoles cambiaron su voto por una noticia de una radio, aunque sea la emisora de mayor difusión, resulta casi risible. Sólo hay que comparar las audiencias de esa radio con las de las televisiones y los periódicos para llegar a la conclusión de que fue irrelevante.

La comisión también ha servido para saber qué se hizo con la primera pista física con que contó la Policía: la tarjeta de móvil que se extrajo de la bomba que fue desactivada en la madrugada del 11 al 12. Los explosivos encontrados sirvieron para confirmar la identificación del tipo de dinamita y de detonadores empleados. Coincidían con los hallados en la famosa furgoneta de Alcalá de Henares. De entrada, eso servía para saber que los terroristas no habían dejado allí la furgoneta para engañar a la Policía con pistas falsas.

La tarjeta de móvil era una pista mucho más valiosa, porque podía servir, como así ocurrió, para encontrar a los autores del atentado. Gracias a la declaración del jefe de la Policía Científica, sabemos que hacia las diez de la mañana del día 12 de marzo, la tarjeta se entregó a la Unidad Central de Información Exterior, la unidad policial especializada en terrorismo islámico.

Varios mandos policiales han negado que la principal vía de investigación fuera ETA, al menos hasta que en la tarde del sábado se produjeron las primeras detenciones. Eso contradice las insistentes declaraciones públicas de Acebes, en las que se dijo exactamente lo contrario. Dudo de que de ahí se pueda deducir que el ministro de Interior mintió. Confundir los deseos con la realidad es un vicio tan extendido entre los políticos que si fuera punible, dejaría al Parlamento en cuadro.

Aún es muy pronto como para sacar conclusiones, porque quizá algunos mandos policiales no quieran correr el mismo triste destino que Acebes y estén hablando ahora con la tranquilidad de que nadie puede sacar declaraciones suyas de esos días. El esfuerzo de transparencia que hizo Acebes, una media de dos conferencias de prensa diarias, unido a su deseo de calentar la pista etarra para beneficiar a su partido, le terminaron pasando factura.

Lo cierto es que cuando no había ninguna pista, y sólo se contaba con los antecedentes de atentados etarras frustrados, Acebes prefirió sustituir las dudas que todos teníamos (incluidos los mandos policiales) por la seguridad absoluta. En la primera conferencia de prensa (11 de marzo, 13:15 horas) Acebes comenzó su comparecencia con estas palabras: "ETA buscaba una matanza en España".

Como Orson Welles en "Sed de mal", pero con menos kilos. Primero se identifica al culpable, y luego se buscan las pruebas. Suele salir mal.

El principal experto policial en terrorismo integrista ha dicho que no hay pruebas ni indicios de ninguna colaboración entre ETA y Al Qaeda, a pesar de la insistencia del PP, en la comisión, y de El Mundo, en sus páginas, en establecer esa conexión. Tengo cierta sensación de "deja vu" sobre este tema. Sustituyo la palabra ETA por Irak y me veo trasladado al otro lado del océano. Allí, esa manipulación ha rendido grandes beneficios a sus responsables. No parece que en España vaya a resultar tan rentable.

La comisión va a tener algunos momentos lamentables, como ese conserje de Alcalá al que se dio estatus de estrella invitada para que relatara la charleta que tuvo con los policías que le llevaron a declarar o lo que oía que decían los vecinos. Algunos políticos también parecen empeñados en desprestigiarla, como el portavoz del PP cuando llamó defensor de etarras a un diputado del PNV, o como el diputado socialista que telefoneó antes que declarara al conserje para no se sabe muy bien qué. Esto es lo que hay. En España no tenemos diputados tan independientes como en otras democracias. Su especialidad es cuadrarse ante el líder y eso se nota en las comisiones de investigación.

Sin embargo, habrá que valorar la comisión por la información nueva que salga de ella. Intentar descartarla de entrada es lo mismo que reservar a políticos y periodistas el privilegio de conocer lo que ocurrió antes y después del 11M. Y los españoles no están obligados a creerse todo lo que digan los ministros del Interior. El de antes y el de ahora. Todos terminan teniendo un sospechoso parecido con Orson Welles.

¿Nos merecemos a estos periodistas? Guerra eterna. 14 marzo.
¿Qué hay que investigar? Guerra eterna. 21 abril.
Se llevaban superbien, luego... Guerra eterna. 2 junio.

9.7.04

El muro ilegal

Por 14 votos a 1, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya ha decretado que el muro construido por Israel en Cisjordania atenta contra el derecho internacional y que debería ser derribado. La construcción del muro, valla o barrera debería, por tanto, interrumpirse, y las partes ya erigidas deberían ser desmanteladas.

Pero eso no va a ocurrir. En primer lugar, porque el dictamen no obliga legalmente a nadie. Responde a una petición de la Asamblea General de la ONU, que ahora deberá decidir si pide al Consejo de Seguridad que tome medidas para aplicar la decisión judicial. En segundo lugar, porque al Estado de Israel le traen completamente sin cuidado las decisiones de las instituciones de la comunidad internacional, excepto cuando le benefician o perjudican a sus enemigos. El portavoz del Gobierno israelí ya ha dicho que el dictamen terminará en el basurero de la historia. Lenin estaría orgulloso de que su lenguaje tenga discípulos tan aventajados.

El Tribunal de La Haya argumenta que las necesidades de seguridad de Israel no justifican lo que es, a todos los efectos, una anexión de territorio palestino:

"The Court considers that the construction of the wall and its associate regime creates a fait accompli on the ground that could well become permanent, in which case, and notwithstanding the formal characterization by Israel, it would be tantamount to de facto annexation".

Lo que no va a terminar en ningún basurero de inspiración leninista es la reciente decisión del Tribunal Supremo israelí de imponer la modificación del trazado del muro al norte de Jerusalén. Los jueces israelíes no cuestionan la legitimidad de su Gobierno para construir la barrera en Cisjordania, pero sí advierten que no puede hacerse sin tener en cuenta las necesidades de los palestinos y su derecho a ser compensados. El Gobierno de Sharon se va a ver obligado a cambiar parte de ese trazado, y en teoría podría ocurrirle lo mismo en el resto del muro. También en la zona norte de Cisjordania, miles de palestinos se han visto separados de sus tierras, sus hospitales y sus colegios, y, según la decisión judicial, deberían tener el mismo derecho a que se protejan sus intereses.

A lo largo de su existencia, la justicia israelí nunca ha impuesto a sus Gobiernos la obligación de respetar, por encima de todo, las obligaciones que cualquier Estado tiene en relación a territorios ocupados sobre los que no tiene jurisdicción legal. Siempre ha considerado que el Estado puede tomar las decisiones que estime oportunas para proteger la vida de sus ciudadanos. ¿Quién adopta y ejecuta esas decisiones? Obviamente, no los jueces, sino el propio Gobierno.

La decisión del Tribunal Supremo es una muestra del funcionamiento democrático del Estado israelí, de que la división de poderes funciona a veces como forma de controlar al Gobierno. Desgraciadamente, al mismo tiempo es un ejemplo de las limitaciones de esa democracia. Ni los políticos ni los jueces israelíes creen que su país está obligado a respetar el derecho internacional.

Durante muchos años, una resolución de la Asamblea General de la ONU equiparaba sionismo y racismo. Dado que el sionismo es la ideología fundadora del Estado de Israel, no debe sorprender a nadie que los judíos adjudicaran a Naciones Unidas la etiqueta de enemigo, aunque no de los más peligrosos. Una vez que se corrigió ese error histórico (condenar ideologías o países enteros es una muestra típica de intolerancia), los israelíes deberían haber normalizado sus relaciones con la comunidad internacional. Acusar al Tribunal de La Haya de parcial o sectario sólo porque forma parte de esa comunidad jurídica internacional, o porque muchos de sus jueces son europeos, es otra forma de intolerancia, similar a aquella en la que incurrieron los que aprobaron la resolución sobre el sionismo y el racismo.

6.7.04

El botijo

He visto en un andén del Metro un gran anuncio publicitario en el que el Ministerio de Sanidad intenta concienciar a la gente para que cuide de las personas mayores durante la próxima ola de calor. Un hombre da de beber a su madre mientras apoya una mano en su hombro. Al actor le han dicho que ponga rostro de estar preocupado, pero le ha salido un gesto de cabreo. Bebe, parece que le dice, no sea que me vayas a dar un susto. El anuncio nos advierte que las precauciones más sencillas son las que sirven para evitar una mortandad entre las personas mayores tan alta como la del año pasado.

Para que no nos quede ninguna duda, en la parte superior del anuncio, hay tres fotos: un sombrero de paja, una ducha y un botijo. Sí, un botijo. Por lo visto, no hay nada como la tecnología de baja intensidad para resolver estos problemas.

El anuncio tiene un cierto aire aznariano. Frente a esas culturas en retroceso que apuestan por la excepción cultural y otros embustes afrancesados, a España siempre le queda el botijo para defender a sus mayores. Además, los inmigrantes vienen de países en los que están acostumbrados a este calor, así que los españoles, para no quedar en inferioridad de condiciones, necesitan tener a mano el botijo como última línea de defensa.

También hay otras lecturas. El Ministerio se gasta decenas de miles de euros para recordarnos que un botijo a mano puede salvar vidas. A veces, creo que el Estado piensa que somos idiotas. O igual es que el Estado está lleno de idiotas.

Piratas y periódicos

El calor de julio alcanza niveles tan insoportables que todos deberíamos hacer un alto en nuestras actividades habituales y tomarnos un descanso. Es lo que he comenzado a hacer ahora y, por eso, he de reconocer que este blog va a quedar en un estado de animación suspendida en las próximas semanas. Pero antes de ponerlo en la nevera, no me resisto a echar algunos salmos sobre el cuerpo moribundo de un periódico como El País.

Se ha repetido hasta la saciedad y, a veces con intenciones algo oscuras, pero es verdad. La independencia económica es el primer requisito para que un medio de comunicación pueda ser realmente independiente en cualquier sentido, incluido el político. Dicho de forma más grosera, si no hay beneficios, pasta para repartir entre los accionistas, ese medio está condenado a convertirse en simple portavoz de aquellos que sufraguen sus facturas.

El País construyó una sólida empresa entorno al periódico, un gigante empresarial que tiene ahora muchas otras ramificaciones en la industria cultural. Pero esas derivaciones pueden envenenar el alma de un periódico cuando los intereses económicos (legítimos en sí mismos) priman sobre los criterios periodísticos, cuando la información comienza a adquirir el inconfundible olor de la propaganda.

Digo todo esto a cuenta del delirante reportaje sobre la falsificación de marcas y productos aparecido en el suplemento de Domingo de El País del pasado 4 de julio: "El imperio de los piratas". No es suficiente con destacar el daño económico, inmenso, que los falsificadores provocan en las empresas que sufren el pirateo, ni hacer hincapié en esa ecuación, discutible, que habla de los puestos de trabajo perdidos. Hay que sacar a la luz el fantasma del terrorismo integrista y los atentados del 11M para que el lector llegue a la conclusión de que la piratería es uno de los nuevos jinetes del apocalipsis.

Y para que hasta el lector perezoso no pierda detalle del mensaje, el reportaje comienza así en su entradilla:

Las mismas redes que trafican con inmigrantes, prostitución y drogas, y financian a veces el terrorismo, controlan el negocio de la piratería industrial y comercial, uno de los más lucrativos del mundo.

Como Spectra, la némesis de James Bond. O Caos, la organización, algo menos eficiente, contra la que luchaba Maxwell Smart. La hidra de la piratería. El azote de Occidente.

No es suficiente. El lector perezoso puede pensar que está ante otro reportaje más de la cruzada contra la piratería. La primera frase del primer párrafo del reportaje vuelve a golpear con el martillo en su conciencia. Hay vidas humanas en peligro:

La modesta tienda de ropa al por mayor de los hermanos Chedadi, en el madrileño barrio de Lavapiés, era un lugar fichado por la Policía Municipal mucho antes de que los investigadores del 11M levantaran el cierre y procedieran, la madrugada del 18 de marzo, a un largo y minucioso registro.

La conexión terrorismo-piratería ya está fijada en la mente del lector. Si continúa leyendo, no encontrará más pistas sobre los atentados en los que murieron 191 personas. Se dice que en esa tienda se vendían productos falsificados. Es suficiente. El próximo que compre un CD pirata de Alejandro Sanz sabrá que está ayudando a comprar la dinamita que estallará en el próximo tren. El usuario que se ahorre unos euros se convertirá así en cómplice necesario. El DVD pirata de "Kill Bill" estará chorreando sangre, y no por culpa de la katana de Umma Thurman.

En un raro ejemplo de lucidez, el reportaje desarrolla la idea de que la lucha contra la piratería tiene un negro futuro si no cuenta con la colaboración de los consumidores. Aunque desde luego, si se inculca en él la idea de que los piratas son cómplices del terrorismo, puede que cambie de idea. La presidenta del lobby de las empresas de marca admite que si los millones de objetos falsos no tuvieran comprador, el negocio se iría a pique.

La piratería se ha convertido en una versión extrema de la economía de mercado, uno de cuyos principios es la libertad que tiene el consumidor para elegir el producto que más convenga a sus necesidades. En teoría, esto hace que desaparezcan del mercado las empresas cuyos productos no tienen calidad o son demasiado caros, y sean sustituidas por otras empresas cuyos productos despiertan la adhesión de los compradores.

Después de tantos años en los que la publicidad nos ha dicho que debemos comprar un producto al ser más barato o al tener esa marca un signo de distinción, no creo ahora que los consumidores vayan a echarse atrás porque el beneficiario sea una organización ilegal, en vez de una multinacional.

Parece que la única medicina que se les ha ocurrido es pintar a esos piratas con los peores colores posibles. Hay una cierta ironía en todo esto. Los mismos que se burlaban por las cruzadas contra la droga, tan habituales en EEUU y en los sectores conservadores europeos, ahora se levantan indignados contra los piratas. Los mismos que reaccionan indignados cuando los políticos conservadores relacionan inmigración y delincuencia, no tienen empacho en acusar directamente a los chinos de ser responsables en España de esta nueva plaga.

A toda plana, el reportaje se abre con una foto inmensa del China Center, de Fuenlabrada, un centro mayorista. El artículo cita a fuentes de la policía para identificarlo como "el mayor centro de mercancía pirata de Europa". (En un alarde de prudencia, han borrado las matrículas de los coches aparcados frente al local. Parece que la policía no les ha hablado de los dueños de esos coches). Se supone que la policía no lo ha cerrado porque carece de pruebas, ese pequeño detalle tan irritante que enfurece a los limpios de corazón.

Se cuenta que el China Center también hace las veces de centro social. Vaya, como en las películas de la mafia. Y tiene un restaurante con un menú de 3,50 euros: "sopa de fideos, arroz y carne". Los buenos periodistas siempre se fijan en los detalles relevantes. Ah, y lo regenta la familia Huang. Otro detalle muy significativo en la lucha contra el fraude. Y el jueves, se había organizado allí "hasta una partida de póquer" (no jugaban a las cartas, habían organizado una partida, por algo le llaman a la mafia el crimen organizado). Bárbaros. Seguro que hacían trampas.

Mientras tanto, en ese mismo ejemplar de El País, la defensora de los lectores (¿de qué lectores?) se escandaliza porque un redactor del periódico dedicó los primeros párrafos de una entrevista con Anjelina Jolie en destacar lo buena que está la protagonista de "Lara Croft". Machismo, sexismo, brama enfurecida. Claro que lo es. Pero no cuestiona al director adjunto que colocó en la primera página una foto de Jolie en la rueda de prensa que dio en Barcelona. La única información que se podía obtener en la foto, además de que sí, efectivamente, Jolie había estado en Barcelona, es que la actriz es muy guapa. Tremenda revelación. Bueno, supongo que Unicef no la habrá elegido como embajadora por su experiencia en la lucha contra el hambre. Tampoco vamos a cuestionar eso. Estamos muy ocupados en acabar con la piratería. Y contra ese enemigo, sí que valen todas las armas posibles.

1.7.04

La barba de Sadam

El Nuremberg de Irak ha tenido hoy su primer acto con la comparecencia de Sadam Hussein ante el juez para escuchar los cargos. Ha aparecido vestido con traje oscuro y una camisa blanca, y sin corbata. Está mucho más delgado que cuando podía elegir su propia alimentación (los dictadores no suelen estar muy delgados) pero no parece estar enfermo. Y se ha dejado barba, lo que es un detalle interesante. De alguna manera, esa barba representa una parte de lo que será su estrategia legal y política cuando empiece el juicio.

En el mundo árabe, una persona se deja barba en aquellos momentos de la vida en los que quiere mostrar su tristeza, en especial en el momento de duelo por la muerte de un familiar. Además, suele ser una de las primeras manifestaciones visibles cuando un hombre recupera su fe religiosa. Sadam se prepara para interpretar el papel de víctima, de un jefe de Estado depuesto por sus enemigos extranjeros.

"Todo lo hice como presidente, así que no me quite mi título", ha dicho al juez, cuya identidad permanece en secreto para resguardarle de las represalias. Los testigos de su declaración han dicho que al principio parecía un poco confuso, una impresión que se ha despejado en seguida. Muy pronto, ha recuperado su estilo desafiante y ha calificado al tribunal de circo y teatro.

Sadam jugará siempre que pueda la carta nacionalista. Ante la acusación de haber ordenado la invasión de Kuwait, el ex dictador ha intervenido de forma insultante, tanto como para obligar al juez a pararle los pies. "En Kuwait, yo estaba protegiendo al pueblo iraquí", ha dicho, "para impedir que los perros kuwaitíes convirtieran a las mujeres iraquíes en prostitutas de diez dinares". El juez le ha cortado y le ha recordado que no podía emplear ese lenguaje ante un tribunal.

Su parafernalia nacionalista le ganará el apoyo de muchos árabes siempre dispuestos a defender a cualquier líder árabe que plante cara a Occidente, sin importarles cuanta sangre tenga en sus manos. El cinismo de esta defensa quedará al descubierto a nada que se escuchen algunos argumentos de Sadam. Ha llegado a decir hoy que se enteró por los medios de comunicación de la matanza de Halabya, cuando miles de kurdos perecieron al ser atacados con armas químicas. Estos comentarios terminarán poniéndole la soga en el cuello.

El nuevo Gobierno iraquí está obsesionado con impedir que Sadam convierta su declaración ante el tribunal en una plataforma propagandística. Es comprensible, pero si persiste en convertir el procedimiento judicial en un juicio secreto, éste no tendrá las garantías suficientes como para que se pueda decir después que se ha hecho justicia.

Hemos visto la imagen del Sadam preso declarando ante un juez iraquí, todo un documento histórico, pero no hemos escuchado su voz. Conocer el testimonio del acusado, las acusaciones del fiscal y las declaraciones de los testigos es básico para entender el juicio, para llegar a la conclusión de que ha sido un juicio justo, en definitiva, para que al final se pueda decir que se ha hecho justicia. No importa que los crímenes de Sadam sean públicos y notorios. Eso ocurre también con muchos otros criminales, de menor entidad, pero eso no es motivo para negarles un juicio justo. Al menos, en las democracias o en los países que aspiran a serlo.

Curiosamente, una de las cámaras sí que estaba tomando audio, y se han podido escuchar, no muy bien, algunas palabras, al final de la declaración, que ha durado 30 minutos.

A esta hora, no está claro quién ha tomado la decisión de prohibir que las cámaras de TV tomaran el audio de la declaración. Según los periodistas de la CNN y BBC que han informado desde Bagdad, ha sido una decisión del juez iraquí. Sin embargo, la propia CNN ha colocado sobre las imágenes el rótulo Cleared by US Military, lo que significa que ha existido algún tipo de censura por las autoridades militares norteamericanas. Otro rótulo aparecido en la BBC ha dicho que los censores militares norteamericanos han cortado el sonido de la declaración.

En cualquier caso, poco importa quién haya tomado la decisión. Es probable que las organizaciones de derechos humanos critiquen esta limitación. El asunto es grave, pero no sólo por la declaración de Sadam. Es necesario que los iraquíes, y el resto de pueblos árabes, conozcan directamente las acusaciones que se presentarán en el juicio.

Ni la barba ni las miradas desafiantes podrán compensar el relato de esos crímenes.

Bandera de ida y vuelta


¿No habían jubilado a esta bandera?

La bandera de Irak ya ondea sobre la Zona Verde, el centro de poder en Bagdad que albergaba la sede de la Administración norteamericana y antes el palacio presidencial de Sadam. ¿Pero no era otra bandera? ¿No la habían cambiado por decisión del Consejo de Gobierno Iraquí al que pertenecía el primer ministro, Iyad Alawi, y la mayoría de los miembros del actual Gobierno?

La tradición se ha impuesto sobre el diseño. La franja azul, de color demasiado parecido al azul de la bandera israelí, parece haberse olvidado, en beneficio de los colores tradicionales y la leyenda Alá es grande.

¿Vuelve el Baas? No tan rápido. Pero no será lo único que cambie o que vuelva a ser como antes. Qué demonios. El primer ministro echó los dientes en el partido Baas, como la mayoría de los dirigentes de su partido. No pretendamos ahora que se conviertan en demócratas de toda la vida. Bueno, es cierto que algunos aspiraban a algo así, pero ya se ha visto en qué ha quedado el tratamiento de choque.