1.6.04

La rebelión de los perdedores

El enviado especial de la ONU no confiaba en ellos. El gobernador norteamericano de Irak estaba harto de que no ejercieran las pocas competencias que les concedía. Y hace tiempo que la población iraquí los consideraba una marioneta de EEUU. El Consejo de Gobierno Iraquí había fracasado en su intento de convertirse en el embrión de un futuro Gobierno iraquí. Su destino era la desaparición, una vez que Lajdar Brahimi y Paul Bremer pactaran la composición del organismo que recibiría la soberanía limitada a partir del próximo 30 de junio.

Y sin embargo, estos desprestigiados líderes políticos han conseguido salirse con la suya. Primero fue Iyad Alawi el que fue elegido primer ministro, contra la opinión de Brahimi. Hoy ha sido Ghazi Yawar el que ha obtenido el puesto de presidente, contra la opinión de Brahimi y Bremer, que apostaban por la figura del octogenario Adnán Pachachi. Varios de los miembros del Consejo obtendrán puestos en el Gobierno que presidirá Alawi.

Yawar siempre viste ropa tradicional árabe y ha demostrado que puede ser un líder viable para la minoría suní que, durante la dictadura de Sadam, estaba acostumbrada a monopolizar los puestos dirigentes de la Administración y el Ejército. Sus ideas conservadoras en temas sociales le permitirán llegar a acuerdos con los partidos shiíes y sus líderes religiosos. Pertenece a una de las más importantes tribus del país, lo que acrecienta la sospecha de que a partir de ahora en Irak las divisiones étnicas y tribales van a tener más importancia que las propiamente políticas.

Juan Cole explica por qué Ghazi Yawar no gustaba a los norteamericanos:

Los norteamericanos no confiaban en Yawar por varias razones. No estaban seguros de su compromiso con la Constitución interina negociado por el Consejo con Bremer en febrero. (Sospecho que no es bastante laico para EEUU. Vivió en el exilio en Arabia Saudí y le apoyan los partidos religiosos shiíes, lo que sugiere que está a favor de la sharia o del derecho islámico). Yawar también criticó la resolución de la ONU promovida por EEUU por no ser clara en relación a la soberanía iraquí y al control de los movimientos militares en suelo iraquí. Yawar fue muy crítico con el sitio de Faluya por tropas americanas y sirvió como mediador para resolver el conflicto.

Parece que no hay nada que les pueda salir bien a los norteamericanos en Irak. Pero en el caso de la elección de Alawi, ha sido la ONU quien se ha visto superada por los acontecimientos. Lajdar Brahimi dudaba de la legitimidad con la que podían contar los miembros del Consejo, en especial aquellos cuyos partidos reciben financiación directa de la CIA.

Al final, varios factores se combinaron para impulsar la candidatura de Alawi: su decisión de hacer campaña por el puesto en viajes por todo el país, su condición de shií y el visto bueno del gran ayatolá Alí Sistani, y el apoyo de EEUU, para quien el nuevo primer ministro es una de las mejores opciones posibles. Tampoco hizo daño que los dos grandes partidos shiíes, Al Dawa y el Consejo Supremo para la Revolución de Irak, no pudieran pactar un candidato de consenso.

A los iraquíes puede parecerles difícil de aceptar que su próximo primer ministro sea un político que, a día de hoy, continúa recibiendo fondos de la CIA. Ese era uno de los puntos que más preocupaba a Brahimi. Algunos, como Juan Cole, consideran su elección la última derrota del Pentágono, resignado a ver cómo su favorito, Ahmed Chalabi, quedaba eliminado por sus misteriosas conexiones con Irán y su falta de popularidad en Irak.

Los políticos europeos a los que se les llena la boca hablando de la necesidad de implicar a la ONU en la gestión del país deberían saber que la principal institución internacional no es muy popular en Irak, y mucho menos entre los políticos iraquíes que vivían en el exilio durante el régimen de Sadam. No es extraño que los intentos de Brahimi por encontrar un político tecnócrata sin conexión con esos partidos se hayan topado con la feroz oposición de sus líderes.

Sea quien sea el elegido, el problema de partida de cualquier político iraquí es su relación con EEUU. Todos los miembros del Consejo fueron elegidos por Bremer y está por ver que los iraquíes perdonen este pecado original al valorar la gestión de sus nuevos líderes. Sin elecciones hasta enero del 2005, será imposible saber el grado de apoyo con que contará el nuevo Gobierno.