17.6.04

La historia completa del 11S

Ya está disponible el capítulo completo del informe de la Comisión de investigación del 11S dedicado a la preparación de los atentados. Outline of the 9/11 Plot describe en 20 páginas el origen de la conspiración, cómo se reclutaron y se entrenaron los miembros de Al Qaeda que participaron en la operación, cómo se eligieron los objetivos y cuáles fueron los mayores obstáculos que superaron los seguidores de Osama Bin Laden.

También se ha difundido las conclusiones de la comisión sobre la génesis de Al Qaeda. En 12 páginas, Overview of the Enemy describe la estructura de Al Qaeda, las características de sus campos de entrenamiento en Afganistán, sus fuentes de financiación y los mayores atentados que se le atribuyen.

Resulta muy interesante la lectura del primer documento porque ayuda a despejar algunas incógnitas que persistían en los últimos años sobre la preparación de los atentados del 11S. Es de suponer que los servicios de inteligencia occidentales conocían estos hechos, pero no habían llegado a la opinión pública.

Contra lo que se sostuvo inicialmente, no fue Mohamed Atta quien tuvo la idea de estrellar aviones de pasajeros contra las torres gemelas. La figura clave fue Jaled Mohamed, que además es la única persona relacionada con los dos atentados contra el World Trade Center. En 1993, Mohamed facilitó dinero y consejo a su sobrino, Ramzi Yusef, el autor de la explosión en la que murieron cinco personas y más de mil resultaron heridas. Al año siguiente, preparó la operación Boyinka, con la que se pretendía hacer estallar en vuelo varios aviones sobre el océano Pacífico. La policía filipina desbarató, casi por casualidad, ese proyecto.

A mediados de 1996, Jaled Mohamed volvió a Afganistán y entabló relación con Osama Bin Laden, al que presentó varios proyectos de atentados terroristas en EEUU. Había otros atentados en marcha y el líder de Al Qaeda estaba por entonces empezando a cimentar sus relaciones con los talibanes. Bin Laden no dio luz verde hasta comienzos de 1999 y habló con Mohamed de la primera lista de objetivos sobre los que estrellar los aviones. Cuatro miembros de la organización recibieron la orden de alistarse en cursos para aprender a pilotar aviones. Dos de ellos fueron los primeros en llegar a EEUU. La fecha, 15 de enero del 2000.

Casi un año después de la decisión, en noviembre y diciembre de 1999, cuatro jóvenes musulmanes que vivían en Hamburgo se presentaron en Afganistán y juraron lealtad a Bin Laden. Entre ellos estaban Mohamed Atta y Ramzi Binalshib. El primero se convertiría en el líder de la operación en EEUU y el segundo sería el enlace entre los secuestradores y Jaled Mohamed. Atta llegó a EEUU el 3 de junio del 2000.

El informe detalla los viajes que los secuestradores hicieron a partir de entonces, tanto dentro de EEUU como al extranjero. Demuestra que Atta nunca se reunió en Praga con un agente iraquí, una de las pruebas con las que la Administración de Bush intentó demostrar la inexistente colaboración entre Al Qaeda y el régimen de Sadam Hussein. En las fechas en las que se celebró ese contacto, Atta estaba en Florida.

También se cita el viaje que Atta hizo a España en julio del 2001 para reunirse con Binalshib e informarle de los preparativos de la operación. Atta le cuenta que aún necesita cinco o seis semanas para elegir la fecha de los atentados, un tema que estaba siendo objeto de intensas discusiones en el liderazgo de Al Qaeda. Atta explica que si los secuestradores no pudieran hacer estrellar los aviones sobre los edificios elegidos, lo harían sobre el suelo.

La comisión de investigación calcula que el coste de los atentados estuvo entre 400.000 y 500.000 dólares, una cantidad de la que Al Qaeda podía disponer con facilidad:

"A fecha de hoy, el Gobierno de EEUU no ha podido determinar el origen del dinero empleado en los atentados del 11S. Pruebas consistentes conectan la mayor parte de esos fondos a Jaled Mohamed, pero aún se desconoce de dónde los obtuvo Mohamed. En realidad, la cuestión tiene poca relevancia práctica. Al Qaeda tenía muchas fuentes de ingresos y se estima que su presupuesto anual anterior al 11S era de 30 millones de dólares. Si una fuente concreta de dinero se hubiera agotado, Al Qaeda habría encontrado fácilmente dinero suficiente para financiar un ataque que costó entre 400.000 y 500.000 dólares durante casi dos años".

El informe analiza los obstáculos que tuvieron que superar los secuestradores y llega a una conclusión original:

"Dados los catastróficos resultados de los atentados del 11S, es tentador describir la conspiración como un plan ejecutado a la perfección. Eso sería un error. Los conspiradores del 11S afrontaron dificultades operativas, desacuerdos internos e incluso opiniones encontradas dentro del liderazgo de Al Qaeda. Finalmente, la conspiración resultó ser lo bastante flexible como para adaptarse e ir variando ante los inconvenientes".

Los planes originales de Jaled Mohamed eran aún más ambiciosos y terribles que los ya conocidos. Pretendía secuestrar diez aviones para lanzarlos sobre objetivos en las costa Este y Oeste de EEUU. La lista ampliada incluía las sedes de la CIA y el FBI, centrales nucleares y edificios altos de California y el Estado de Washington. Mohamed se reservaba un papel en la operación:

"El eje central de su propuesta original era el décimo avión, que pilotaría él mismo. En vez de estrellar el avión, mataría a todos los pasajeros masculinos del avión, contactaría con los medios de comunicación en pleno vuelo y aterrizaría en un aeropuerto de EEUU. (Mohamed) dice que entonces daría un discurso contra la política de EEUU en Oriente Medio y liberaría a las mujeres y los niños".

Lo complejo de la operación, que aumentaba con la idea de Mohamed de secuestrar en el sureste de Asia otros aviones simultáneamente a los del 11S y estallarlos en pleno vuelo, hizo que los líderes de Al Qaeda se mostraran reticentes. En abril o mayo del 2000, Bin Laden decidió cancelar la parte asiática de la operación y limitarla a la coste Este de EEUU.

La fecha de los atentados fue elegida unas tres semanas antes del 11S. Casi desde el principio, Bin Laden presionó para que los atentados se realizaran cuanto antes, primero a mediados del 2000 y después a principios del 2001. En todos los casos, la respuesta era la misma. Mohamed afirmaba que los secuestradores aún no estaban preparados y que necesitaban más tiempo. Al parecer, la fecha definitiva estaba situada en el comienzo del verano del 2001. De hecho, hubo una alerta general en los campos de entrenamiento de Al Qaeda que quedaron casi desiertos poco antes de esa fecha. En cualquier caso, los servicios de inteligencia occidentales no contaban con espías o confidentes en esos campos, por lo que las indecisiones de la cúpula de Al Qaeda no tuvieron consecuencias.

Al final, Atta eligió una fecha posterior a la primera semana de septiembre, una vez que los congresistas norteamericanos hubieran vuelto de sus vacaciones. Bin Laden estaba empeñado en que uno de los aviones se estrellara contra la Casa Blanca, pero Atta se resistía porque era mucho más difícil impactar contra un edificio de tres pisos de altura que contra el Capitolio, la sede del Congreso, situado en una pequeña colina. Aún no se sabe cuál era el objetivo del avión que se estrelló en Pensilvania. Dos días antes del 11S, los secuestradores aún no lo tenían claro y lo más probable es que fuera el Capitolio.

Durante el verano del 2001, hubo discrepancias entre los dirigentes de Al Qaeda sobre la conveniencia de atacar el corazón de EEUU. La oposición del líder talibán, el mulá Omar, era una de las razones esgrimidas:

"Mohamed alega que Omar se oponía a un ataque contra EEUU por razones ideológicas, pero permitía los ataques contra objetivos judíos. Mohamed niega que Omar estuviera preocupado por la represalia de EEUU, pero apunta que el líder talibán recibía presiones del Gobierno paquistaní para que limitara las operaciones de Al Qaeda al interior de Afganistán. Mientras algunos dirigentes de Al Qaeda se oponían a la operación del 11S por deferencia hacia Omar, otros mostraron su preocupación por la respuesta militar de EEUU".

Osama Bin Laden se sirvió de su poder sobre Al Qaeda para imponer los atentados. Alentado por los éxitos de los atentados contra el buque USS Cole en Yemen y las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania, creía que el 11S serviría para aumentar el atractivo de su organización entre millones de jóvenes musulmanes. Aspiraba a que los militantes y el dinero llovieran sobre Al Qaeda. Bin Laden fue víctima de su propio mesianismo: tenía que estar a la altura de sus amenazas contra EEUU.

En cierto modo, para Al Qaeda el 11S fue un éxito y un fracaso al mismo tiempo. La organización como tal perdió su santuario afgano y la mayoría de sus dirigentes están ahora muertos, encarcelados o escondidos. Pero el 11S se convirtió en fuente de inspiración para los centenares de grupos radicales que abundan en el mundo islámico. Cada uno de los miles de terroristas que pasaron por los campos de entrenamiento de Al Qaeda tiene ahora la misión de emular a Jaled Mohamed. Sin el 11S, nunca hubiera existido el 11M de Madrid.

No todos esos miembros o simpatizantes de Al Qaeda y grupos similares tiene medio millón de dólares para repetir un atentado como el del 11S. Tampoco cuentan con terroristas tan fríos y calculadores como Jaled Mohamed, dispuesto a esperar dos años y medio para poner en práctica un plan, incluso resistiendo las presiones de su líder para elegir la fecha más adecuada.

La descripción de la organización del 11S hecha por la comisión de investigación demuestra que sólo una organización como lo que era entonces Al Qaeda, con los fondos y la libertad de movimientos que disfrutaba en Afganistán, puede poner en marcha un plan tan ambicioso y de consecuencias tan terribles. Pero los atentados de Bali, Estambul y Madrid también revelan que la amenaza, ahora en manos de grupos más pequeños y sin una jerarquía común, no ha desaparecido.

Al Qaeda abrió una puerta que quizá no se cierre por completo nunca más.