1.6.04

Braveheart en Faluya


"¡Seguidme hasta Faluya!"

Patrick Graham es un periodista canadiense que ha pasado un año empotrado (por utilizar la terminología de la guerra) con la resistencia iraquí en Faluya. El reportaje en el que narra su experiencia (Beyond Fallujah: A Year With the Iraqi Resistance) se ha publicado en la revista Harper's. No está disponible en internet, pero un artículo de The Washington Post incluye comentarios del autor y algunos párrafos.

Algunos de ellos no tienen desperdicio:

"Los americanos son tan estúpidos, casi nos dieron las armas", contó Mohamed a Graham. "Ellos pensaban que éramos ladrones". Nos veían llevarnos los lanzagranadas y otras armas, y nos decían, ¿Vosotros sois Ali Babas? Les decíamos que sí y nos dejaban entrar. Pensaban que estábamos destruyendo al Ejército iraquí".

Una fuente de financiación para la resistencia, escribe Graham, son los ricos empresarios iraquíes molestos con las compañías extranjeras que se llevan los lucrativos contratos. "Es una simple lógica empresarial", escribe Graham. "Cuantos más problemas haya en Irak, más difícil será que los extranjeros puedan meterse en el país".


El testimonio de Mohamed demuestra que la globalización (cultural) tiene a veces consecuencias inesperadas:

Cuando el reportero Patrick Graham preguntó a su amigo iraquí Mohamed por qué luchaba contra los americanos, Mohamed dijo que se sentía inspirado por la película "Braveheart", de Mel Gibson.

"¿Viste "Braveheart"?, preguntó a Graham. "Expulsaron a los británicos y a los nobles corruptos. Es por la esperanza. En la película, la gente quiere libertad, y nosotros también".


Soldados norteamericanos sonriendo mientras la resistencia se hace con las armas con las que les matarán unos meses después. Empresarios que acaban con la competencia llevando la economía de mercado hasta las últimas consecuencias. Guerrilleros que se sienten motivados por una película de Hollywood de dudosa fiabilidad histórica y dirigida por un actor de ideas casi ultraderechistas.

Sí, ya sé que está muriendo mucha gente allí. Por eso, al leer estos fragmentos del reportaje, no sé si morirme de risa o echarme a llorar.