18.5.04

Las órdenes de un coronel



Quédense con esta cara. Es el coronel Thomas Pappas, jefe de la 205º Brigada de Inteligencia Militar bajo cuyo mando se celebraban los interrogatorios en la prisión de Abu Ghraib, en Irak. Puede ser la próxima baja en la investigación por las torturas a presos iraquíes. Si termina siendo procesado, Bush y Rumsfeld no podrán seguir manteniendo que los abusos fueron cometidos por un reducido grupo de soldados descontrolados.

Los policías militares acusados sostienen que cumplían órdenes cuando sometieron a los presos a varios tipos de abusos. Órdenes que provenían no de sus mandos naturales, sino de los miembros de la inteligencia militar que tenían la responsabilidad de interrogar a los detenidos. "Inteligencia militar quería que les hiciéramos hablar", "Mi trabajo consistía en mantenerles despiertos", ha dicho la soldado Sabrina Harman. "Ablanda a este tipo para nosotros", "Asegúrate de que pase una mala noche", les decían los interrogadores, según el soldado Javal Davis. Los soldados enseñaban luego las fotos de sus malos tratos a los interrogadores y éstos les decían que estaban haciendo un buen trabajo.

Estos testimonios se encuentran en el informe de la investigación oficial llevada a cabo por el general Antonio Taguba. Hasta hoy no sabíamos nada de la declaración del coronel Thomas Pappas, porque se encuentra en uno de los anexos del informe, y todos ellos están clasificados como secretos. The New York Times ha tenido acceso a una parte de ese testimonio, y lo que aparece ofrece la primera prueba incriminatoria contra Pappas:

El oficial norteamericano (el coronel Pappas) que estaba al frente de los interrogatorios en la prisión de Abu Ghraib contó al investigador oficial (el general Taguba) que en ocasiones los oficiales de inteligencia pidieron a la policía militar que obligara a los presos iraquíes a que se desnudaran y a encadenarlos antes de los interrogatorios. Pero dijo que esas medidas no se aplicaban "a menos que hubiera buenas razones para ello".

Las técnicas de interrogatorio que el coronel Pappas describió fueron empleadas en detenidos que están protegidos por las Convenciones de Ginebra, que prohiben el trato inhumano a los prisioneros. Fuentes militares explican que EEUU abandonó discretamente hace meses el plan de designar como combatientes ilegales a algunos de los prisioneros capturados por las tropas americanas en Irak. Ningún prisionero en Irak fue clasificado como combatiente ilegal.

Desnudar y encadenar a los presos es una cosa y los tormentos reflejados en las fotos, algo muy diferente. Sin embargo, es evidente que, como mínimo, supondría una violación de las Convenciones de Ginebra por alguien, un coronel, que no puede alegar que no fue adiestrado en las limitaciones de estas convenciones.

El informe del general Taguba incluye un párrafo, no muy citado hasta ahora, en el que aparecen reflejadas las sospechas sobre una posible conducta ilegal de Pappas:

Específicamente, sospecho que el coronel Thomas Pappas, el teniente coronel Steve Jordan, Steven Stephanowicz y John Israel fueron responsables, directos o indirectos, de los abusos de Abu Ghraib, y recomiendo encarecidamente que se tomen las acciones disciplinarias descritas en los párrafos anteriores, así como la investigación por el Procedimiento 15 para determinar el alcance completo de su culpabilidad.

Steven Stephanowicz y John Israel son dos empleados civiles de empresas contratadas por el Pentágono (CACI International y Titan) para realizar labores de seguridad en la prisión, y probablemente para colaborar en los interrogatorios.

Un último detalle que puede hacer sudar (aún más) a Rumsfeld. Las torturas se produjeron a finales de octubre y principios de noviembre. El informe cuenta que el 19 de noviembre, el teniente general Ricardo Sánchez (jefe de todas las fuerzas del Ejército desplegadas en Irak) emitió una orden por la que se concedía el control operativo (TACON en la jerga militar) de la prisión de Abu Ghraib al coronel Pappas. La medida es sorprendente, porque la costumbre en el Ejército norteamericano es que inteligencia militar nunca tenga el control de una prisión y que quienes sí lo tienen, la policía militar, no se inmiscuya en los interrogatorios. Hasta entonces, Abu Ghrain dependía de la general Karpinski, jefa de todas las cárceles iraquíes, pero el mando militar desconfiaba de su capacidad para obtener de los presos la información necesaria para luchar contra la resistencia.

Nadie puede decir que el general Sánchez supiera lo que estaba pasando dentro de la prisión, pero si Pappas resulta procesado, su posición será casi insostenible. Habría concedido el control de la cárcel a un oficial responsable de que se estuvieran violando las Convenciones de Ginebra.