19.5.04

Investiguen, pero sin pasarse

Ya han comenzado los consejos de guerra a los soldados implicados en los abusos de la prisión de Abu Gharib. Jeremy Sivits ha recibido una condena de un año de prisión. La pena es la máxima posible en el tipo de juicio celebrado, ya que Sivits había reconocido su culpabilidad y está dispuesto a declarar en los tribunales militares contra los otros policías militares.

La gran duda es lo que sucederá con la unidad de inteligencia militar que se ocupaba de los interrogatorios en Abu Ghraib. Ayer ya expliqué que si se demuestra que los interrogadores presionaron a los policías militares para que maltrataran a los detenidos, el coronel Thomas Pappas puede correr el mismo destino que soldados como Sivits. The New York Times publica hoy un breve perfil de Pappas, en el que destaca la fuerte presión a la que le sometían sus superiores. La general Barbara Fast y el teniente general Ricardo Sánchez querían que obtuviera más información de los interrogatorios. Otros oficiales han contado al NYT que Pappas salía de estas reuniones lívido y tenso. Una vez más, aparece como figura clave el general Miller, que llegó en septiembre a Irak para aplicar algunos de los métodos de Guantánamo:

El coronel Pappas, jefe de la 205º Brigada de Inteligencia Militar, trasladó su cuartel general desde Camp Victory, cerca del aeropuerto de Bagdad, a Abu Ghraib sólo unos días después de la visita a Irak el pasado otoño de otro alto cargo militar, el general Geoffrey Miller. El general Miller alentó al coronel a que su unidad trabajara conjuntamente con la policía militar para establecer las condiciones necesarias para los interrogatorios.

¿Llegará la investigación a la inteligencia militar y, desde ahí, implicará indirectamente a Miller y Sánchez? Alguien está intentando evitarlo, según las declaraciones de un sargento a la cadena norteamericana ABC. El sargento Samuel Provance, miembro de la unidad de inteligencia militar de Abu Gharib, dice que se está intentando encubrir la participación de su unidad en los abusos:

Decenas de soldados, y no sólo los siete reservistas de la Policía Militar que han sido acusados, estuvieron implicados en los abusos de la prisión iraquí de Abu Ghraib, y el Ejército pretende ocultarlo, según ha declarado a ABC News un testigo clave de la investigación.

El sargento no fue testigo de las torturas, pero dice que los interrogadores le contaron que eran ellos quienes orientaban a los policías militares para que maltrataran a los presos. Entre esas técnicas estaban las humillaciones sexuales y otros excesos:

Provance también describió un incidente en el que dos interrogadores borrachos cogieron a una detenida iraquí y la desnudaron de cintura para arriba. Un policía militar les obligó a parar más tarde.

La participación de la inteligencia militar está siendo investigada por el general George Fay, que tomó declaración a Provance. Y de ahí vienen las sospechas del sargento por un posible encubrimiento:

Fay comenzó su investigación el 23 de abril, pero Provance dice que cuando Fay le interrogó, el general parecía estar interesado sólo en la Policía Militar, no en los interrogadores, y parecía que intentaba convencerle para que no testificara (sobre estos últimos).

Y si hablamos de encubrimientos, éste no sería el primero. Rumsfeld ha alardeado de que fueron los militares, no los medios de comunicación, los que comenzaron a investigar los abusos al recibir la primera denuncia. Eso fue en enero de este año, pero unos meses antes, en noviembre, los militares ya tenían en sus manos un informe del Comité Internacional de la Cruz Roja en el que se denunciaba el tratamiento a los presos, aunque sin fotos. ¿Cuál fue la respuesta del Ejército?
Según The New York Times:

Oficiales del Ejército respondieron a finales del pasado año a un informe de la Cruz Roja sobre abusos en Abu Ghraib intentando impedir las inspecciones de la agencia internacional en la prisión, según un alto cargo militar que sirvió en Irak.

Después de que el Comité Internacional de la Cruz Roja apreciara abusos en una zona de la prisión en dos inspecciones sin previo aviso hechas en octubre, y se quejara de esto por escrito el 6 de noviembre, los militares respondieron que los inspectores debían avisar con antelación antes de visitar esa zona. Esa zona era el lugar en el que se produjeron los peores abusos.


El informe de la Cruz Roja llegó hasta Sánchez y éste no ordenó a la general Karpinski (jefa de todas las prisiones de Irak) que pusiera orden en la cárcel. Dos semanas después, el 19 de noviembre, entregó el mando operativo de Abu Gharib al militar responsable de los interrogatorios.

¿Su nombre? Efectivamente, el coronel Thomas Pappas. No resulta extraño que los investigadores no hayan metido mano hasta ahora en la inteligencia militar. La basura que entre por esa puerta puede llegar demasiado alto.