16.5.04

Hacia la paz por la violencia

El suplemento Babelia, de El País, dedicó este sábado cuatro páginas al conflicto entre palestinos e israelíes. En la presentación en portada, nos contaban que "Pensadores, escritores y artistas de origen judío explican los motivos por los cuales Israel y Palestina están destinados a la paz". Después de los miles de muertos de los últimos cuatro años, por no hablar desde 1948, uno se pregunta si los entrevistados son unos románticos incurables o unos idiotas. Al leer las entrevistas, se descubre simplemente que la gente de Babelia no sabe de qué está hablando.

El historiador Ilan Pappe apuesta por la idea de un único Estado para los dos pueblos, pero admite que sólo será posible con más sufrimiento:

"Es trágico decirlo, pero no ha habido suficientes muertos como para convencer a la gente de que la única salida es vivir juntos. Hablo en serio, realmente creo que sólo la violencia va a hacer que la gente se convenza de que no hay otra alternativa que vivir juntos. Con cada nueva intifada con cada año que pase, la violencia será peor. Por eso, estoy desesperado y me siento pesimista. No sé cómo convencer a la gente sin necesidad de pasar por otras tres intifadas".

En la segunda entrevista, el cineasta israelí Guiliano Mer Khamis da por hecho de que habrá otra intifada. Por tanto, es extraño que ambos pueblos estén "destinados a la paz" cuando se considera inevitable la continuación de la violencia.

Lo que ocurre es que Babelia ha elegido a dos representantes de la extrema izquierda israelí para sus páginas. No es que no tengan razón, es que son tan minoritarios que sus opiniones, por interesantes que sean, no tienen ninguna posibilidad de prosperar. Sacar conclusiones sobre sus opiniones es un ejercicio gratuito y una pérdida de tiempo.

La idea de que un solo Estado para israelíes y palestinos es una apuesta por la convivencia es un puro delirio. Unos y otros tienen razones de sobra y de peso para no confiar en el adversario. El conflicto se ha prolongado durante tanto tiempo que todos pueden echar mano de innumerables ejemplos de violencia del otro lado. ¿Sobre qué bases se puede fundar un Estado cuando la mitad de él se siente violada por la otra mitad y esta última cree que el otro sólo espera el momento para eliminarlo?

Sí es cierto que la idea de un Estado ha encontrado apoyos inesperados en los dos últimos años entre algunos intelectuales israelíes de izquierda. Pero ese apoyo no proviene de ninguna idea coherente, sino de la desesperación provocada por la violencia descarnada de los atentados suicidas y las represalias de Sharon. Algunos dirigentes palestinos se han mostrado también favorables, pero como amenaza, una forma de decir a los israelíes: o nos dan un Estado digno o renunciaremos a él para pedir inmediatamente después el derecho al voto como habitantes de hecho del Estado israelí. La diferencia de crecimiento demográfico hará el resto del trabajo.

Esa es una de las razones del plan de Sharon de retirada de Gaza, ahora frustrado por los militantes de Likud. Retirando a los palestinos de Gaza de la ecuación, esa amenaza demográfica quedaría casi anulada.

Ilan Pappe es un historiador antisionista y se muestra orgulloso de ello. Por su labor como historiador, sus compatriotas deberían estarle agradecidos, aunque no lo están. Pero no tienen ninguna obligación de comulgar con sus ideas.

Para pensar en la selección de temas para estas páginas, habría sido mejor que la gente de Babelia se hubiera fijado en la frase de David Grossman citada en el artículo de Ramoneda:

"Cuanto más aumenta la violencia, más disminuye la posibilidad de convencer a las personas de que pueda existir la esperanza de un compromiso, de modo que la violencia vuelve a aumentar".