6.5.04

Dimite, Rumsfeld




No son sólo los medios de comunicación árabes o franceses los que están indignados con el escándalo de las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib. Esta es la portada de The Economist que se pone a la venta mañana. El titular “Dimite, Rumsfeld” lo dice todo.

Y no es el único entre los medios conservadores. El editorial del Financial Times también pide la dimisión del jefe del Pentágono:

“Pero los norteamericanos han asesinado y han maltratado presos en Irak y la responsabilidad llega hasta lo más alto del sistema de la Defensa. Rumsfeld dirigió de forma brillante la campaña para derrocar a Hussein, pero fracasó en la planificación de la postguerra al no enviar el número suficiente de tropas para mantener la paz o para asegurarse de que estuvieran bien entrenados. Sólo su salida del puesto convencerá a la opinión pública mundial de que Bush va en serio cuando dice que Abu Ghraib no es el auténtico rostro de América”.

De momento, Bush se ha conformado con echarle la bronca a Rumsfeld por no haberle informado de que existían unas fotos que demostraban la existencia de las torturas. Lo ha hecho en privado, lógicamente, y luego ha ordenado a sus asesores que cuenten a los periodistas lo que ha hecho.

Hoy mismo, los periódicos norteamericanos incluyen artículos sobre la visita organizada de ayer de un grupo de periodistas a la prisión de Abu Ghraib. Los militares pretendían mostrarles los cambios de los últimos días y se encontraron con que los reporteros pudieron comprobar por sí mismos la furia de los presos por su situación:

"The coalition forces have humiliated Iraqi people, their freedom, their dignity and their human rights," an inmate said in English through a megaphone that had been supplied by the military to improve communication between prisoners and officials. Reading from a manifesto written on yellow paper, the man alleged that many of the thousands of Iraqis at Abu Ghraib were innocent people who were detained on "false information offered to the coalition forces" on the basis of "nothing more than personal revenge."
The virulence of the inmates who swarmed toward the visiting journalists on the first part of the tour visibly surprised military officers, who hustled the journalists back on their way. "Come on, in the bus," ordered Col. David E. Quantock, who commands the 450 military police officers at the prison. "We've got other things to do."


Y por si no había problemas suficientes, la revista CQ publica un reportaje sobre Colin Powell en el que varios de sus más directos colaboradores se despachan a gusto contra los halcones del Pentágono. Y no lo hacen “off the record”, escondiendo sus nombres, sino abiertamente.

El jefe de gabinete de Powell compara al número dos del Pentágono, Wolfowitz, con Lenin y todos los iluminados cuyas utopías hacen más mal que bien. Y, por si no fuera suficiente, se burla de los políticos norteamericanos que se libraron de servir en las Fuerzas Armadas, y no saben lo que es la guerra, pero que no tienen inconveniente en enviar a jóvenes soldados para poner en práctica sus proyectos imperiales.

Después de un día como hoy, lo mejor que podía hacer George Bush es tomarse un trago para olvidar tantas penas. Bueno, mejor no.