5.5.04

Defina tortura

Desde hoy, ya es posible leer en su integridad el informe de un general norteamericano que ha servido para dar a conocer las torturas a los presos de la prisión de Abu Ghraib. El informe estaba clasificado como “secreto”. Las fotos de las torturas fueron hechas públicas por el programa “60 Minutes II” de la cadena norteamericana CBS. El alto mando militar convenció a los periodistas para que suspendieran la emisión del reportaje durante dos semanas para que no coincidiera con los combates de Faluya. Finalmente, la CBS descubrió que la revista The New Yorker estaba a punto de publicar la historia y decidió emitir su programa.

El autor del reportaje (“Torture at Abu Ghraib”) en The New Yorker es Seymour Hersh, quizá el más célebre periodista de investigación de EEUU. Suyo fue el primer relato de la matanza de My Lai en la guerra de Vietnam, que abrió la veda para que otros muchos medios de comunicación desvelaran las atrocidades que se estaban cometiendo allí.

El artículo de Hersh demuestra que los abusos cometidos en Abu Ghraib no fueron excesos protagonizados por un grupo reducido de militares, sino un ejemplo de una situación en la que se violaba de forma reiterada los derechos humanos de los presos, ante la pasividad, en algunos casos, y connivencia, en otros, de los mandos militares. Para demostrar esta denuncia, Hersh cuenta con lo que en el periodismo norteamericano llaman “the smoking gun”, la prueba decisiva e irrefutable. Se trata de un informe de 53 páginas con el que concluyó la investigación realizada por un general, Antonio Taguba. Había sido el propio teniente general Ricardo Sánchez, jefe de las todas las fuerzas militares norteamericanas en Irak, el que había ordenado la investigación el 19 de enero de este año.

La lectura del artículo de Hersh y del informe del general Taguba revela que los malos tratos no eran excesos puntuales provocados por una total falta de dignidad o disciplina militar, o por un sentimiento de venganza. Los policías militares recibían la orden de los agentes de inteligencia militar para que ablandaran (“haz que pasen una mala noche”, les decían) a los detenidos durante la noche con vistas a los interrogatorios que se producían por la mañana del día siguiente. Seymour Hersh escribe en su artículo:

“La imagen que aparece descrita de Abu Ghraib (en el informe de Taguba) es la de un lugar en el que se violaban de forma cotidiana las normas del Ejército y la convención de Ginebra, y en el que la mayor parte del control diario de los presos quedaba en manos de la inteligencia militar y de empleados de empresas privadas (contratadas por el Pentágono). La prioridad eran los interrogatorios de los presos y conseguir información de ellos a través de la intimidación y la tortura”.

La web de The New Yorker no incluía el texto completo del informe del general Taguba, que ya está disponible en Internet, en concreto en la web de la cadena NBC.

En una de las entrevistas que ha concedido a las televisiones de su país, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha dicho lo siguiente:

“Creo que…, no soy abogado. Mi impresión es que la acusación que hay es de abusos, que yo creo que es técnicamente diferente a la de tortura. No sé si es correcto decir lo que se ha dicho, que se han producido torturas, o que hay una acusación de torturas. Por eso, no voy a utilizar la palabra tortura”.

Se puede contrastar estas declaraciones de Rumsfeld con la lectura del informe del general Antonio Taguba. Por ejemplo, con este fragmento:

He descubierto que los abusos intencionados de los detenidos por el personal de la policía militar incluyeron los siguientes actos:

Golpear, abofetear y patear a los detenidos; saltar sobre sus pies descalzos.
Grabar en vídeo y fotografiar a los hombres y mujeres detenidos cuando estaban desnudos.
Colocar a los detenidos por la fuerza en posiciones explícitamente sexuales para ser fotografiados.
Obligar a los detenidos a quitarse la ropa y permanecer desnudos durante varios días seguidos.
Obligar a los hombres detenidos a ponerse ropa interior femenina.
Obligar a grupos de hombres detenidos a masturbarse mientras les fotografiaban o filmaban.
Colocar a los detenidos uno encima de otro en el suelo y saltar sobre ellos.
Colocar a un preso desnudo sobre una caja, con una capucha sobre la cabeza y ponerle cables en sus dedos de las manos y de los pies y en el pene para simular la tortura eléctrica.
Escribir “soy un violador” en la pierna de un preso supuestamente por haber violado a otro preso de 15 años, y fotografiarle desnudo.
Colocar una correa de perro en el cuello de un preso y hacer que una soldado se fotografiara con él.
Un policía militar tuvo relaciones sexuales con una detenida.
Utilizar un perro adiestrado, sin bozal, para intimidar y asustar a los detenidos, y al menos en un caso morder y herir gravemente a un detenido.
Tomar fotos de presos iraquíes muertos.