31.5.04

La autoría de Al Qaeda

La atribución de los atentados de Al Qaeda se ha convertido en uno más de los misterios que rodean a esta organización. Muchos de sus atentados no son reivindicados o lo son por grupos desconocidos. En ocasiones, la única pista segura es el estilo de la escritura de esos comunicados, asunto en el que los expertos pueden llegar a discrepar.

El Departamento de Investigación del Congreso de EEUU (Congressional Research Service) ha hecho una cronología de los atentados de Al Qaeda, tanto antes como después del 11 de septiembre. La lista incluye también los actos terroristas cometidos por organizaciones que, aunque no dependen orgánicamente de Al Qaeda, sí están inspiradas por su mensaje y métodos.

30.5.04

Esta vez no han picado

Acabo de volver de Washington de un viaje y tengo la sensación, sólo eso porque ha sido un viaje muy corto, de que los norteamericanos comienzan a aprender a vivir con la amenaza del terrorismo. Y eso que el mismo día en que llegué, el miércoles, las autoridades anunciaron que Al Qaeda se prepara para cometer otro atentado de grandes dimensiones en EEUU y que no descartan que entre los objetivos esté cualquier lugar en el que haya una gran concentración de personas.

El anuncio se hizo en un momento especialmente delicado. Este fin de semana, se celebra allí el Memorial Day, que sirve para recordar, por ejemplo, a todos los soldados caídos en las guerras. Además, el sábado era el día de la inauguración del memorial en honor de los soldados muertos en la Segunda Guerra Mundial. Se esperaba que unas 200.000 personas pasaran cada día por el Mall, la zona de Washington que concentra la mayoría de los monumentos, museos y organismos oficiales de Washington.

Las medidas de seguridad eran extraordinarias, como no puede ser de otra manera, pero lo importante es que la amenaza no había servido para que la gente se quedara encerrada en sus casas. No había lugar para el pánico, y sí para continuar la rutina diaria, que incluye también divertirse en lugares públicos.

Muchos habitantes de Washington aprovechan el puente del Memorial Day para tomarse unas breves vacaciones. Las carreteras y aeropuertos estaban tan llenas como solían estarlo antes del 11 de septiembre. Los operadores turísticos esperan que los norteamericanos vuelvan a salir en verano sin que el miedo a todo, a veces alentado por el Gobierno, les esté condicionando.

Y no es que algunos no lo intenten. La conferencia de prensa en la que se anunciaron los planes de Al Qaeda estuvo presidida por el fiscal general, John Ashcroft, y el director del FBI, Robert Mueller. Ashcroft no perdió la oportunidad de sacar a colación el atentado de Madrid para alertar que los terroristas pueden pretender influir en el resultado electoral, como, según él, consiguieron hacer en España.

Ashcroft y Mueller enseñaron las fotos de siete presuntos miembros de Al Qaeda. Todos ellos menos uno ya eran conocidos previamente por las autoridades.

Tampoco parece que los medios de comunicación se hayan apuntado a fomentar la histeria. Es cierto que algunos, como el conservador The Washington Times, daban a toda plana en la primera página las amenazadoras fotos de los siete sospechosos. Otros daban la noticia en la primera, pero en zonas secundarias. El titular interior de The New York Times, As Ashcroft warns of Qaeda plan to attack US, some question the threat and its timing, revelaba que la noticia era doble: la amenaza existe, pero cada vez son más allí los que sospechan que el Gobierno de Bush la utiliza para obtener réditos políticos.

La alarma creada por Ashcroft no se corresponde con algunas decisiones de las autoridades. Lo más significativo es que no se elevó el nivel de alerta, de amarillo a naranja, porque decían que no había datos nuevos que lo justificaran.

Pero la propaganda tiene sus propias leyes que no siempre tienen una relación directa con la realidad. El mismo día en que se anunciaba la amenaza de nuevos atentados, el Departamento de Seguridad Interior colocaba en los principales periódicos una página entera de publicidad. En la mitad superior, una bandera de EEUU oscurecida y un titular: Ya has ondeado la bandera, ¿Y ahora qué?

Por debajo este texto:

Desde el 11 de septiembre, todos hemos sido testigos de un poderoso resurgimiento del espíritu americano. Pero ahora, bajo un clima de nuevas amenazas, está claro que sólo con el patriotismo no es suficiente. Debemos aprender a protegernos contra futuros atentados terroristas.

Hay tres pasos para estar preparados. Son medidas simples y baratas. Y funcionan.

Hazte con un equipo de emergencia.

En un contenedor, como una caja de plástico o una bolsa, guarda los objetos que tú y tu familia pueden necesitar en caso de emergencia.

Tu equipo debe contener productos válidos para 72 horas: un galón de agua por persona y día. Alimentos no perecederos para 3 días. Un equipo de primeros auxilios. Ropa, sacos de dormir y artículos de aseo. Una linterna, pilas de respuesto, tijeras, rollos de plástico, cinta aislante. También es esencial una radio de pilas. Asegúrese de apuntar las frecuencias de las emisoras de radio de su zona que emitirán los anuncios de emergencia.

También es bueno tener un segundo equipo de emergencia más pequeño con unos pocos objetos esenciales, algo que pueda coger rápidamente por si le piden que abandone su casa durante unos pocos días.

Hacer un plan de comunicaciones para su familia.

Si su familia sabe dónde ir y qué hacer en caso de emergencia, ahorrarán tiempo y permanecerán tranquilos. Esto es lo que debe incluir el plan: Nombres y números de teléfono de familiares de fuera del Estado (Las llamadas de larga distancia pueden ser más fáciles de hacer que las locales). Un lugar de reunión para toda la familia cerca de su casa, y otro lejos del vecindario. Un plan de evacuación con rutas altermativas. Una habitación preparada en su casa, en caso de que las autoridades recomienden encerrarse en un lugar seguro.


No aparece que los habitantes de Washington se lanzaran a los supermercados para hacerse con estos suministros, como hicieron en otras ocasiones. Quizá, sólo quizá, los profetas del apocalipsis no hayan tenido éxito esta vez. Volverán a intentarlo.

25.5.04

Los trucos que ya no funcionan

Existía bastante expectación en EEUU por el discurso de anoche de George Bush. Se decía que era el primero de una serie de comparecencias públicas en las que el presidente norteamericano describirá con claridad a sus compatriotas cuál son sus planes para solucionar el avispero iraquí. Algunos republicanos sugerían que Bush reconocería algunos errores, sin cuestionar los principios generales de su política. En pocas palabras, ¿qué ha ocurrido en las últimas semanas para que Bush se vea obligado a salir del despacho?

-El escándalo por las torturas de Abu Ghraib y las peticiones de dimisión de Rumsfeld.
-El asesinato del rehén norteamericano Nicholas Berg.
-La revuelta de Faluya, concluida con la subcontratación del mantenimiento del orden en la ciudad a una fuerza iraquí dirigida por generales de la época de Sadam.
-La revuelta de Nayaf y Kerbala, militarmente no muy significativa, pero que ha permitido aumentar la popularidad del líder radical Moqtada Al Sader.
-Todos estos hechos han provocado un claro descenso de la popularidad de Bush en las encuestas.

Varios comentaristas y políticos conservadores han empezado a perder la fe en la capacidad de Bush para concluir con éxito la aventura iraquí. Como dice Andrew Sullivan:

After the [weapons of mass destruction] intelligence debacle and the Abu Ghraib disgrace, he [Bush] has run out of that capital. He has to tell us how we will win, what we are doing, how it all holds together, why the infrastructure repair is still in disarray and how a political solution is possible. I'm not sure any more that this president has the skills or competence to pull it off.

De momento, los asesores de Bush han preferido apostar por la propaganda. El presidente tiene previsto pronunciar un discurso cada semana hasta el 30 de junio, momento en el que EEUU devolverá la soberanía (limitada) a un Gobierno iraquí (de transición), cuyos integrantes aún no se conocen. En el discurso de ayer, no hubo nada nuevo, según The Washington Post:

Nor did Bush try to answer some of the looming questions that have triggered growing skepticism and anxiety at home and abroad about the final U.S. costs, the final length of stay for U.S. troops, or what the terms will be for a final U.S. exit from Iraq. After promising "concrete steps," the White House basically repackaged stalled U.S. policy as a five-step plan.
In effect, the president said his current plan is good enough to win, and he set out to rally Americans to his cause with rousing language that placed the conflict in Iraq in the context of the larger, more popular battle against terrorism.


Bush intentó jugar las cartas de siempre. Irak es el campo de batalla central de la guerra contra el terrorismo y hay que impedir que los terroristas impongan por todo Oriente Medio una sucesión de dictaduras fanáticas similares al régimen talibán. Debe de pensar que si la jugada le ha salido bien otras veces, ahora también puede funcionar.

Pero parece que los norteamericanos han comenzado a ver en demasiadas ocasiones cómo los ases le asoman por la manga. Presentar a estas alturas el fantasma del integrismo talibán sólo puede convencer a los ya convencidos. ¿Cómo puede decir que la lucha contra los talibanes tiene lugar en Irak, cuando en Afganistán buena parte del país no ha visto un soldado occidental desde el 2001, porque la fuerza multinacional sólo está desplegada en Kabul?

La única medida concreta que planteó fue la demolición de la prisión de Abu Ghraib, la frase más aplaudida del discurso. Lástima que convertir la cárcel en un aparcamiento no servirá para borrar de la memoria de los iraquíes las fotografías de las torturas. La forma en que se investiguen y se castiguen estos abusos tendrá consecuencias más duraderas.

No resulta extraño que, tras el escándalo de Abu Ghraib, los sondeos coloquen a Bush en el punto más bajo de su presidencia. Según una encuesta encargada por The Washington Post y la cadena ABC, el 47% se muestra favorable a su gestión y el 50%, en contra:

Bush's overall job approval rating declined to 47 percent, the lowest the Post-ABC News polls have recorded since he took office, with 50 percent saying they disapprove. Just four in 10 Americans gave the president positive marks for his handling of Iraq, the lowest since he launched the conflict in March 2003.

On the question of whether U.S. forces should remain in Iraq until that country is stabilized or withdraw to avoid further casualties, 58 percent said they favored staying there, down from 66 percent last month. The percentage favoring a troop withdrawal reached 40 percent, up 7 percentage points in the past month.


No creo que con discursos pueda hacer cambiar esta tendencia. Después de tanto desprecio a la ONU, la Casa Blanca mira ahora desesperada a las negociaciones que lleva el enviado especial de Naciones Unidas, Lajdar Brahimi. Si Brahimi elige un Gobierno representativo de todos los grupos políticos y religiosos iraquíes, y el Consejo de Seguridad de la ONU legitima el nuevo proceso, Bush tendrá alguna posibilidad de convencer a sus compatriotas de que las cosas van por el camino correcto. Pero su grandilocuente proyecto de llevar la democracia a Irak y de utilizar el país como el cuartel general de sus tropas en Oriente Medio parece estar tan muerto como los 797 soldados norteamericanos que han dejado su vida en territorio iraquí.

Texto íntegro del discurso de Bush

24.5.04

Un general de marines contra Bush

No creo que haya dos personas más diferentes que el cineasta Michael Moore y el ex general Anthony Zinni. El primero es un provocador activista de la izquierda norteamericana, con una talla de pantalones que sugiere un cierta inclinación por la comida basura y la falta de ejercicio. El segundo es un militar retirado con las ideas conservadoras y obsesión por las pesas que uno suele suponer en un general del cuerpo de marines.

Hay algo que les une: ambos están enfurecidos por lo que Bush, Rumsfeld y Wolfowitz llevan haciendo en Irak desde hace un año. Moore está aún disfrutando su éxito en el Festival de Cine de Cannes. En realidad, ganar un premio en Francia con un feroz alegato contra la América conservadora y belicista que representa Bush tampoco es tan extraño. Lo realmente insólito habría sido ganar ese premio en el Festival de Cine de Texas, que dudo que exista.

Lo de Zinni llama más la atención. Después de una carrera en el Ejército, que culminó con la jefatura del Mando Central de las FFAA norteamericanas, con responsabilidad sobre Oriente Medio y Asia Central, Zinni fue elegido por la Administración de Bush para que fuera su enviado especial en Oriente Medio. Pero la obsesión de Bush por Irak terminó alejándole del Gobierno.

Ahora no desaprovecha ninguna oportunidad para tachar de demagogos e incompetentes a los arquitectos de la guerra en Irak. Acaban de entrevistarle en el programa 60 Minutes, de la CBS:

"There has been poor strategic thinking in this," says Zinni. "There has been poor operational planning and execution on the ground. And to think that we are going to stay the course, the course is headed over Niagara Falls. I think it's time to change course a little bit, or at least hold somebody responsible for putting you on this course. Because it's been a failure."

La guerra y la ocupación han sido un fracaso total, para Zinni. Primero, porque la guerra era innecesaria: las sanciones y las zonas de exclusión aérea permitían tener vigilado a Sadam. Ya no era una amenaza. Además, existía una prioridad mayor, que ha quedado desatendida desde que los halcones posaron sus ojos sobre Irak, la guerra contra Al Qaeda y el terrorismo integrista.

En un discurso reciente ante el Center for Defense Information, Zinni detalla las diez razones del desastre de Irak:

-La creencia de que contener a Sadam a través de las sanciones no estaba funcionando.
-La estrategia de guerra y postguerra estaba equivocadas.
-EEUU se inventó razones falsas para convencer a la opinión pública, tal y como se hizo en Vietnam.
-La incapacidad para implicar a la comunidad internacional, en especial a través de la ONU.
-Subestimar la tarea a la que había que enfrentarse en la postguerra.
-Confiar para la reconstrucción en un grupo de exiliados desconectados de la realidad iraquí tras años en el exilio. Zinni los llama los guerrilleros Gucci de Londres.
-La falta de planes para la postguerra.
-Un número reducido de fuerzas militares para imponer el orden tras el fin de la guerra.
-La organización creada para gobernar Irak, la CPA, tiene una estructura inadecuada y nada eficiente.
-Los errores cometidos sobre el terreno, como imponer una desbaasificación del país que dejaba fuera del futuro a miles de técnicos y profesionales, militantes del partido de Sadam que no cometieron delitos y que eran necesarios para afrontar la reconstrucción del país.

Comienza el regateo en la ONU


EEUU y el Reino Unido han presentado esta tarde en Naciones Unidas un proyecto de nueva resolución sobre Irak para el Consejo de Seguridad. El texto incluye la entrega de la soberanía a un nuevo Gobierno iraquí prevista para el próximo 30 de junio y la celebración de elecciones. La fecha de los comicios sería no antes del 31 de diciembre de este año ni más tarde del 31 de enero del 2005.

El tema que más recelos va a crear entre el resto de miembros del Consejo de Seguridad es la fecha de salida de Irak de las tropas norteamericanas. En realidad, no hay ninguna fecha. Se dice que permanecerán en Irak hasta que la ONU revise su situación dentro de 12 meses o cuando lo pida el Gobierno iraquí de Transición. En la práctica, el primer punto garantiza la presencia de esas tropas hasta que EEUU no disponga lo contrario, al tener derecho de veto en el Consejo.

23.5.04

La realidad a través de la TV

Las cámaras robotizadas no dan la felicidad. Y, probablemente, tampoco tengan alma. Se nos dijo que la retransmisión de la boda de los Príncipes de Asturias sólo contaría en el interior de la catedral con dos cámaras (es decir, camarógrafos, seres humanos con una cámara al hombro). Las demás serían cámaras robotizadas manejadas por control remoto.

Esos dos camarógrafos se acercarían a la pareja en el momento del sí quiero. Con buen criterio, decidieron ahorrar a los novios la visión de dos robots de 200 kilos deslizándose lentamente hasta el altar. Estas cosas hacen perder la concentración a cualquiera.

Donde no había robots era en el control de la realización. Y allí se decidió dar a la retransmisión ese espíritu que suelen llamar institucional, y que se caracteriza por la ausencia de sentido periodístico y, sobre todo, de emoción. La ceremonia tuvo una acusada inflación de planos generales, con los que, supongo, se pretendía realzar la solemnidad del acto. Ciertos momentos llamativos y sugerentes de la boda fueron así hurtados al espectador, que tuvo que imaginárselos o verlos de lejos.

No se vio realmente el trayecto de la novia desde el coche hasta el interior, quizá porque algunos pensaban que eso daría mala imagen. Pero tampoco es que se viera muy bien a la novia cuando se acercaba al altar. La falta de sentimiento en uno de los momentos de más fuerza de la ceremonia, en las bodas la entrada de la novia es cuando los invitados suelen estar más atentos, alcanzó el nivel de frigidez televisiva unos segundos después. Por fin, los novios estaban juntos, incluso se daban un beso (el príncipe se lo había ganado con tanta espera), y la cámara elegida estaba a años luz.

El realizador quería que la primera imagen de los novios juntos fuera un plano perfectamente compuesto, como si ambos se hubieran colocado en unas presuntas equis pintadas en el suelo. Quien salió perdiendo fue el espectador.

Los 20 minutos de retraso de la novia se aliaron, sin embargo, con el espectador. Como no se puede estar tanto tiempo con planos generales, el realizador pudo, o se vio obligado a, darnos planos cortos del príncipe y de sus padres, el primero aguantando el tirón mirando todo el rato a la puerta y los segundos sonriéndole para darle ánimos. Lo que se ve en todas las bodas, y no por visto o supuesto hace que pierda emoción.

En cualquier retransmisión televisiva, espero que no se considere sedicioso comparar una boda real con un partido de fútbol o unos juegos olímpicos, los planos generales aportan información útil, pero hacen que el espectador no se implique en lo que está viendo. El gesto rabioso de un futbolista que ha cometido un error o la alegría de un novio que se va a casar son las imágenes que transmiten emoción.

Es de ley reconocer que el realizador tuvo el buen gusto de ahorrarnos planos de esos engendros que son las pinturas del líder de una organización religiosa, llamado Kiko Argüello, cuyas ínfulas artísticas han poseído el alma del cardenal Rouco Varela. Se impone un exorcismo para liberarle de esta posesión demoníaca, que bien podría administrar el director del Museo del Prado.

La competencia profesional de las personas de TVE que diseñaron y ofrecieron la retransmisión esta fuera de toda duda. Lo que resulta casi imposible de conseguir es que esos profesionales se liberen de tantos años de censura y autocontrol para poner su trabajo al servicio de la comunicación, y me refiero tanto a los hechos como a las emociones.

Sería una equivocación pensar que todo esto interesa tan sólo a los profesionales de la televisión. Quizá no se haya destacado lo suficiente, pero conviene saber que una de las decepciones mayores de la boda fue el escaso número de personas que salieron a la calle para contemplar el recorrido de los novios. Se había hablado de que podía haber un millón o millón y medio de asistentes, como así la asistencia masiva a las manifestaciones contra el terrorismo o la guerra confirmara que los españoles no pierden la oportunidad de saltar a las aceras a nada que les convoquen para algo importante o que se salga de lo normal.

Es obvio que la lluvia desalentó a mucha gente, al igual que la presencia policial. Resulta difícil otear algo si tienes enfrente una barrera de policías, a razón de uno por cada dos metros. Y no olvidemos que la estatura media de los policías suele ser mayor que la del resto de la población.

Siempre habrá algún ocurrente que apele a los sentimientos republicanos de la gente. Son más amplios entre los jóvenes de lo que los políticos creen, pero siempre he sostenido que a la mayoría de los españoles les trae ya sin cuidado el anacrónico debate de la forma de Estado, monarquía o república. Ni son monárquicos ni republicanos, sólo aspiran que la jefatura del Estado les represente con dignidad y a un coste económico razonable. Ya se vertió demasiada sangre por ello en el siglo XX.

La razón de la escasa asistencia al recorrido por las calles de Madrid estriba en que la televisión puede ya con todo, incluida la monarquía. La gente ya sólo asocia la realidad a lo que sucede a través de la pantalla. Y si algo le interesa mucho, se apresura a pegar las narices al televisor, convencido de que ahí lo verá todo mucho mejor, si los realizadores impregnados de espíritu institucional se lo permiten.

Por cierto, el hecho de que la gente tenga esa sensación no quiere decir, desde luego, que eso sea verdad o que lo sea siempre. Ya sabemos que a veces las imágenes mienten.

Pero eso queda ya para otro día. A fin de cuentas, sólo estoy intentando recuperarme del peso de haber tenido que trabajar el sábado. No negaré que la contemplación durante unos 15 segundos de la entrada de la reina Rania de Jordania supuso un inmenso alivio, tanto para la carne como para el espíritu, pero no estoy tan seguro de si compensó tener que meterme entre pecho y espalda durante dos horas, eso sí, desde la redacción, las entradas de invitados a la catedral. La blusa de Rania y ver a Aznar hacer cola detrás de los representantes de alguna corrupta familia real del Golfo Pérsico, no consta su pertenencia al eje del mal, casi, casi, casi permitió soportar el resto.

21.5.04

Más fotos de Abu Ghraib

The Washington Post difunde hoy en su web nuevas fotos de las torturas de la prisión de Abu Ghraib y un breve fragmento de vídeo. Las imágenes, tan desagradables como las anteriores, vuelven a sumergirnos en la atmósfera de terror que se vivía en el bloque 1A de la prisión. No es sólo humillación sexual la que se ve, sino también muestras de los malos tratos físicos.

En una de las fotos, uno de los policías militares se dispone a propinar un puñetazo a uno de los presos que están inmovilizados en el suelo. En otra imagen, se ve a un preso desnudo de espaldas a la cámara y con los brazos en cruz, tiene todo el cuerpo manchado, no se sabe muy bien si de excrementos o de suciedad del suelo. Delante de él, un soldado posa con los brazos cruzados.

Hay fotos en las que queda demostrado el uso de perros para intimidar a los presos. Un detenido, sentado en el suelo, tiene la espalda apoyada en la pared y una mirada de terror en sus ojos. Tiene a un perro negro ladrando y casi saltando sobre él a pocos centímetros de su cara. Un soldado sujeta la correa del perro con las dos manos.

Un largo artículo del Post, New Details of Prison Abuse Emerge, aporta hoy la información que falta a las fotos, aquella que a veces hay que completar con nuestra imaginación, con la peor parte de ella. El artículo incluye los testimonios de los presos, tal y como aparecen en la investigación oficial:

Nos obligaban a caminar como perros sobre manos y rodillas, dice Hiadar Sabar Abed Miktub al-Aboodi, detenido número 13077. Y teníamos que ladrar como perros, y si no lo hacíamos, comenzaban a pegarnos con toda su fuerza en la cara y en el pecho, sin misericordia. Después, nos llevaban a las celdas, sacaban los colchones, tiraban agua al suelo y nos hacían dormir de bruces con las bolsas cubriéndonos la cabeza. Y sacaban fotos de todo.

20.5.04

Israel declara la yihad

Madonna ha cancelado el concierto que iba a dar este verano en Israel. Es probable que haya muchos israelíes que lamenten más este hecho que los resultados de la ofensiva militar en Gaza. Al menos, los israelíes que tenían previsto asistir al concierto. ¿Por qué? Porque el concierto iba a afectar más a sus vidas que la muerte de 49 palestinos en tres días.

Sólo así se puede entender lo que está ocurriendo en Gaza. Los israelíes no son seres humanos sedientos de venganza que aspiran cada mañana a responder con sangre toda la violencia que sufren. Tampoco pretenden que su Gobierno mate a mujeres y niños para que el problema palestino se solucione por la ausencia del enemigo. Pero su sociedad, más allá de los problemas políticos que tiene cualquier democracia, ha entrado en un proceso de degradación moral del que es muy difícil escapar. Los problemas políticos se pueden solucionar, los económicos también (aunque tarden más tiempo), pero cuando un pueblo, como el israelí, muestra tal falta de humanidad hacia los civiles palestinos, es porque ha perdido el compás moral que nos sitúa dentro de lo que es permisible o no, incluso en la guerra.

Es probable que la sociedad palestina perdiera también esa regla moral cuando aprobó, según la mayoría de las encuestas, los atentados suicidas. Al parecer, Israel ha llegado a la conclusión de que es correcto matar a mujeres y niños si tus mujeres y niños son víctimas de la violencia del enemigo.

Incapaz de recobrarse del trauma del Holocausto y de la inseguridad que creó, el pueblo judío, la víctima definitiva del genocidio, está infligiendo un genocidio simbólico al pueblo palestino (...) ¿Qué es un genocidio simbólico? Todos los pueblos tienen sus símbolos, instituciones, patria, generaciones pasadas y futuras, y esperanzas. Todos ellos representan simbólicamente a un pueblo. Israel está dañando, destruyendo y erradicando de forma sistemática todo esto, con una jerga increíblemente burocrática.
Lev Grinberg, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Ben Gurion, Israel
.

Hoy tenemos múltiples ejemplos de esa jerga burocrática. Los portavoces israelíes dicen lamentar la muerte ayer de diez palestinos cuando un helicóptero y un tanques disolvieron con cohetes y proyectiles una manifestación. Disolver en el sentido más estricto de la palabra, ya que algunos cadáveres quedaron destrozados. Después de las lamentaciones, pasan a desgranar múltiples teorías sobre lo que pasó, un proyectil desviado por unos cables, una explosión provocada por el impacto en un depósito de explosivos, la presencia de algunos milicianos armados con fusiles (como si esto justificara un ataque con tanques sobre un grupo de centenares de personas).

En el fondo, lo que late en estas explicaciones es la idea de que ellos nunca matan a civiles, sólo a terroristas. ¿Y los civiles que matan cuando disparan a los terroristas? Lo siento, no es culpa nuestra, sino de los terroristas o incluso de los propios civiles. Por lo visto, nunca es culpa del tipo que aprieta el gatillo.

¿Pueden ser los civiles culpables de su propia eliminación física? Sí, si se les ocurre salir a la calle. Eso lo que contó a unos periodistas, antes de las muertes de ayer, el coronel israelí que dirigía las operaciones, según The New York Times:

Varios palestinos heridos entrevistados en las últimas 24 horas han dicho que les dispararon cuando salieron a la calle. En relación al toque de queda, el coronel Erez dijo: "Alguien que sale a la calle es obviamente alguien que está buscando problemas. Es alguien que pretende cometer un atentado terrorista, y por consiguiente es un objetivo legítimo".

Todos aquellos que salieron a la calle ayer en Gaza para protestar contra la ofensiva israelí eran, por tanto, objetivos legítimos para los militares que ordenaron disparar contra la manifestación. Éstos son los culpables, según la lista de muertos identificados publicada por Haaretz:

Walid Abu Khmer, de 10 años.
Mubarak Al Hashash, de 11 años.
Mahmoud Mansour, de 13 años.
Ahmad Abu Said, de 14 años.
Rageb Barhoum, de 18 años.
Mohamed Abu Sha'ar, de 20 años.
Ala'a Sheikh Id, de 20 años.
Fuad A-Saka, de 31 años.

Esta conducta (el ataque contra la manifestación) es parte de la creciente falta de sensibilidad del Ejército israelí hacia las víctimas civiles palestinas. Se explica por las draconianas instrucciones para abrir fuego en Gaza desde el principio de los enfrentamientos, cuando decenas de palestinos pagaron con sus vidas acercarse a la valla de seguridad o los asentamientos, por la decisión de asesinar al líder de Hamás Salah Shehade, a pesar de que había decenas de civiles a su alrededor, y por la indiferencia de la fiscalía militar: tan pocas investigaciones y procesamientos después de tantas bajas civiles.
Amos Harel, Haaretz.


Harel nos recuerda aquí que los asesinatos selectivos de dirigentes de Hamás no son muy selectivos. Casi siempre mueren civiles en estos ataques llevados a cabo con misiles lanzados por helicópteros. Por lo visto, los responsables de la muerte de esos civiles son ellos mismos, por cometer el error de situarse tan cerca de una persona que está condenada a morir (¿recuerdan los comunicados de ETA en los que se advertía a la gente de que no debía pasar junto a comisarías y cuarteles de la Guardia Civil?).

La visión de Rafá es difícil de soportar, filas de refugiados con carros que transportan las camas y unos pocos objetos de sus casas; niños arrastrando bultos mayores que ellos; mujeres vestidas de negro de rodillas sobre los escombros. Y en el recuerdo de algunos de nosotros, cuyo número es cada día menor, surgen escenas similares que fueron parte de nuestras vidas, una especie de reflejo que nos pincha en el corazón y que afecta a nuestra conciencia, una y otra vez, durante más de medio siglo: la procesión de refugiados desde Lod a Ramala en julio de 1948; los convoyes de refugiados que desaparecen de Yalu y Beit Nuba, Emmaus y Qalquilia en junio de 1967; los refugiados de Jericó trepando por las ruinas del puente de Allenby después de la Guerra de los Seis Días. (...)
Y los atacantes adoptan las mismas tácticas, extendiendo rumores y disparos de aviso; y cuando los habitantes huyen aterrorizados, (los agresores) dicen que no son responsables de su huida, pero luego destruyen las casas, porque "después de todo, están vacías y abandonadas". (...)
¿Existe un "pecado original" en la raíz de la empresa sionista? Aquellos que han comenzado la operación de Rafá, y aquellos que la están ejecutando, deberían saber que una de las consecuencias de sus acciones será inevitablemente plantear preguntas sobre esta herejía.
Meron Benvenisti, Haaretz.


La tercera noticia más importante


Los autores de la web de Haaretz, paradigma periodístico de la izquierda en Israel, tienen claras sus prioridades. Las tres principales noticias que la web ha destacado hoy son:
El líder de Fatah, Maruan Barguti, condenado por la muerte de cinco personas.
Los radicales prometen secuestrar a soldados israelíes para intercambiarlos por el encarcelado Barguti.
Un periodista de The New York Times se libra de ser secuestrado por unos palestinos en Rafá.


Ese periodista es James Bennet y hoy cuenta el incidente en su periódico:

In a highly unusual incident, at least three Palestinian men attempted to kidnap this reporter here Wednesday night. The reporter, who had identified himself at Al Najar hospital as an American, was speaking on a cellular telephone in the street in front of the hospital when a stranger approached offering a handshake, a smile and the word, "Welcome."
When the reporter took his hand, the stranger and another man grabbed him and attempted to shove him into an aging Mercedes sedan that pulled up, its rear door open. A struggle and cries for help brought Palestinian police officers at the hospital running, and after a further struggle, the men jumped in the car and disappeared.
Anger at Americans has been building here for three years over the Bush administration's perceived tilt toward Israel, the occupation of Iraq and, most recently, images of prisoner abuse in Iraq. An American might also be considered valuable for use in bargaining with Israel.


Estos párrafos son el 38º, el 39º y el 40º de su crónica. Los últimos párrafos del artículo. Para Haaretz, es la tercera noticia de hoy.

Terrorismo


Foto: Jakil Hamra, AP

19.5.04

Sospechas, pruebas e indicios

Francoalemán plantea en los comentarios al blog que el general Taguba dijo, en su comparecencia ante el Senado, que su investigación no descubrió pruebas de ninguna orden directa a los soldados de Abu Ghraib para que cometieran los abusos. El diálogo fue así:

BYRD: Thank you, General Taguba, for your report and for your service to your country.
In Friday's hearing before the Armed Services Committee, General Schoomaker, the Army chief of staff, said of the prison abuse, "This is not a training issue, but one of character and values."
It's becoming clear to me that this abuse wasn't just about values, it was about policies and planning.
General Taguba, based on your investigation, who gave the order to soften up these prisoners, to give them the treatment? Was this a policy? Who approved it?

TAGUBA: Sir, we did not find any evidence of a policy or a direct order given to these soldiers to conduct what they did. I believe that they did it on their own volition. I believe that we did collaborate it with several M.I. interrogators at the lower level, based on the conveyance of that information through interviews and written statements.

Es decir, que lo hicieron por su cuenta y en colaboración con la inteligencia militar de los niveles de rango más bajos. Evidentemente, es difícil considerar de rango inferior a un coronel que es el jefe supremo de la 205 Brigada de Inteligencia Militar, a la que se le concede el mando operativo de la prisión de Abu Ghraib. Su jefe, Thomas Pappas, estaba en contacto directo con el teniente general Ricardo Sánchez, jefe de las tropas norteamericanas en Irak, y su labor era fundamental: entregar al Ejército información sobre la resistencia a partir de los interrogatorios a los presos.

Taguba responde así porque le preguntan directamente si hay pruebas que incriminan al alto mando militar. Taguba no las tiene y, por eso, es normal que responda así. Pero en su propio informe, en las recomendaciones finales, Taguba sí cuenta que hay indicios serios que apuntan al coronel Pappas, de ahí que pida que se le investigue:

I find that there is sufficient credible information to warrant an Inquiry UP Procedure 15, AR 381-10, US Army Intelligence Activities, be conducted to determine the extent of culpability of MI personnel, assigned to the 205th MI Brigade and the Joint Interrogation and Debriefing Center (JIDC) at Abu Ghraib (BCCF). Specifically, I suspect that COL Thomas M. Pappas, LTC Steve L. Jordan, Mr. Steven Stephanowicz, and Mr. John Israel were either directly or indirectly responsible for the abuses at Abu Ghraib (BCCF) and strongly recommend immediate disciplinary action as described in the preceding paragraphs as well as the initiation of a Procedure 15 Inquiry to determine the full extent of their culpability.

En otro momento de la comparecencia, el senador Levin le pregunta si no cree que las prácticas denunciadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja revelan unos procedimientos sistemáticos en la prisión que no eran, por tanto, la simple iniciativa de un grupo de soldados:

LEVIN: Would you agree with the ICRC that coercive practices such as holding prisoners naked for extended periods of time were used, in their words, in a systematic way as part of the military intelligence process at the prison?
TAGUBA: Sir, I did not read the ICRC report.
LEVIN: Would you agree with that conclusion?
TAGUBA: Yes, sir. Based on the evidence that was presented to us and what we gathered and what we reviewed, yes, sir.
LEVIN: Now, that's more than a failure of leadership. That's an active decision on the part of leadership. It's not just oversight or negligence or neglect or sloppiness, but purposeful, willful determination to use these techniques as part of an interrogation process.
Would you include that in your definition of failure of leadership?
TAGUBA: Yes, sir, they were.


No tan sólo negligencia o falta de control, sino una decisión meditada de usar esas técnicas como parte del proceso de interrogatorios. ¿Quién tomó esa decisión? Hasta que no terminen las investigaciones será imposible saberlo con total seguridad. De momento, sólo hay sospechas, pero no basadas en rumores, sino en declaraciones, pruebas e indicios. Todos ellos están en estos documentos:

Informe de la investigación del general Taguba sobre los abusos en la prisión de Abu Ghraib.
Comparecencia ante el Senado del general Taguba.
Informe del Comité Internacional de la Cruz Roja sobre las violaciones de los derechos humanos en las cárceles de Irak.

El nombre lo es todo

Leo que el alto mando militar norteamericano en Irak pretende cambiar el nombre a la prisión de Abu Ghraib, escenario de las torturas a presos iraquíes. Ahora se llamará Camp Redemption (Campamento Redención)

Definitivamente, los presos se van a sentir mucho mejor.

Investiguen, pero sin pasarse

Ya han comenzado los consejos de guerra a los soldados implicados en los abusos de la prisión de Abu Gharib. Jeremy Sivits ha recibido una condena de un año de prisión. La pena es la máxima posible en el tipo de juicio celebrado, ya que Sivits había reconocido su culpabilidad y está dispuesto a declarar en los tribunales militares contra los otros policías militares.

La gran duda es lo que sucederá con la unidad de inteligencia militar que se ocupaba de los interrogatorios en Abu Ghraib. Ayer ya expliqué que si se demuestra que los interrogadores presionaron a los policías militares para que maltrataran a los detenidos, el coronel Thomas Pappas puede correr el mismo destino que soldados como Sivits. The New York Times publica hoy un breve perfil de Pappas, en el que destaca la fuerte presión a la que le sometían sus superiores. La general Barbara Fast y el teniente general Ricardo Sánchez querían que obtuviera más información de los interrogatorios. Otros oficiales han contado al NYT que Pappas salía de estas reuniones lívido y tenso. Una vez más, aparece como figura clave el general Miller, que llegó en septiembre a Irak para aplicar algunos de los métodos de Guantánamo:

El coronel Pappas, jefe de la 205º Brigada de Inteligencia Militar, trasladó su cuartel general desde Camp Victory, cerca del aeropuerto de Bagdad, a Abu Ghraib sólo unos días después de la visita a Irak el pasado otoño de otro alto cargo militar, el general Geoffrey Miller. El general Miller alentó al coronel a que su unidad trabajara conjuntamente con la policía militar para establecer las condiciones necesarias para los interrogatorios.

¿Llegará la investigación a la inteligencia militar y, desde ahí, implicará indirectamente a Miller y Sánchez? Alguien está intentando evitarlo, según las declaraciones de un sargento a la cadena norteamericana ABC. El sargento Samuel Provance, miembro de la unidad de inteligencia militar de Abu Gharib, dice que se está intentando encubrir la participación de su unidad en los abusos:

Decenas de soldados, y no sólo los siete reservistas de la Policía Militar que han sido acusados, estuvieron implicados en los abusos de la prisión iraquí de Abu Ghraib, y el Ejército pretende ocultarlo, según ha declarado a ABC News un testigo clave de la investigación.

El sargento no fue testigo de las torturas, pero dice que los interrogadores le contaron que eran ellos quienes orientaban a los policías militares para que maltrataran a los presos. Entre esas técnicas estaban las humillaciones sexuales y otros excesos:

Provance también describió un incidente en el que dos interrogadores borrachos cogieron a una detenida iraquí y la desnudaron de cintura para arriba. Un policía militar les obligó a parar más tarde.

La participación de la inteligencia militar está siendo investigada por el general George Fay, que tomó declaración a Provance. Y de ahí vienen las sospechas del sargento por un posible encubrimiento:

Fay comenzó su investigación el 23 de abril, pero Provance dice que cuando Fay le interrogó, el general parecía estar interesado sólo en la Policía Militar, no en los interrogadores, y parecía que intentaba convencerle para que no testificara (sobre estos últimos).

Y si hablamos de encubrimientos, éste no sería el primero. Rumsfeld ha alardeado de que fueron los militares, no los medios de comunicación, los que comenzaron a investigar los abusos al recibir la primera denuncia. Eso fue en enero de este año, pero unos meses antes, en noviembre, los militares ya tenían en sus manos un informe del Comité Internacional de la Cruz Roja en el que se denunciaba el tratamiento a los presos, aunque sin fotos. ¿Cuál fue la respuesta del Ejército?
Según The New York Times:

Oficiales del Ejército respondieron a finales del pasado año a un informe de la Cruz Roja sobre abusos en Abu Ghraib intentando impedir las inspecciones de la agencia internacional en la prisión, según un alto cargo militar que sirvió en Irak.

Después de que el Comité Internacional de la Cruz Roja apreciara abusos en una zona de la prisión en dos inspecciones sin previo aviso hechas en octubre, y se quejara de esto por escrito el 6 de noviembre, los militares respondieron que los inspectores debían avisar con antelación antes de visitar esa zona. Esa zona era el lugar en el que se produjeron los peores abusos.


El informe de la Cruz Roja llegó hasta Sánchez y éste no ordenó a la general Karpinski (jefa de todas las prisiones de Irak) que pusiera orden en la cárcel. Dos semanas después, el 19 de noviembre, entregó el mando operativo de Abu Gharib al militar responsable de los interrogatorios.

¿Su nombre? Efectivamente, el coronel Thomas Pappas. No resulta extraño que los investigadores no hayan metido mano hasta ahora en la inteligencia militar. La basura que entre por esa puerta puede llegar demasiado alto.

18.5.04

Las órdenes de un coronel



Quédense con esta cara. Es el coronel Thomas Pappas, jefe de la 205º Brigada de Inteligencia Militar bajo cuyo mando se celebraban los interrogatorios en la prisión de Abu Ghraib, en Irak. Puede ser la próxima baja en la investigación por las torturas a presos iraquíes. Si termina siendo procesado, Bush y Rumsfeld no podrán seguir manteniendo que los abusos fueron cometidos por un reducido grupo de soldados descontrolados.

Los policías militares acusados sostienen que cumplían órdenes cuando sometieron a los presos a varios tipos de abusos. Órdenes que provenían no de sus mandos naturales, sino de los miembros de la inteligencia militar que tenían la responsabilidad de interrogar a los detenidos. "Inteligencia militar quería que les hiciéramos hablar", "Mi trabajo consistía en mantenerles despiertos", ha dicho la soldado Sabrina Harman. "Ablanda a este tipo para nosotros", "Asegúrate de que pase una mala noche", les decían los interrogadores, según el soldado Javal Davis. Los soldados enseñaban luego las fotos de sus malos tratos a los interrogadores y éstos les decían que estaban haciendo un buen trabajo.

Estos testimonios se encuentran en el informe de la investigación oficial llevada a cabo por el general Antonio Taguba. Hasta hoy no sabíamos nada de la declaración del coronel Thomas Pappas, porque se encuentra en uno de los anexos del informe, y todos ellos están clasificados como secretos. The New York Times ha tenido acceso a una parte de ese testimonio, y lo que aparece ofrece la primera prueba incriminatoria contra Pappas:

El oficial norteamericano (el coronel Pappas) que estaba al frente de los interrogatorios en la prisión de Abu Ghraib contó al investigador oficial (el general Taguba) que en ocasiones los oficiales de inteligencia pidieron a la policía militar que obligara a los presos iraquíes a que se desnudaran y a encadenarlos antes de los interrogatorios. Pero dijo que esas medidas no se aplicaban "a menos que hubiera buenas razones para ello".

Las técnicas de interrogatorio que el coronel Pappas describió fueron empleadas en detenidos que están protegidos por las Convenciones de Ginebra, que prohiben el trato inhumano a los prisioneros. Fuentes militares explican que EEUU abandonó discretamente hace meses el plan de designar como combatientes ilegales a algunos de los prisioneros capturados por las tropas americanas en Irak. Ningún prisionero en Irak fue clasificado como combatiente ilegal.

Desnudar y encadenar a los presos es una cosa y los tormentos reflejados en las fotos, algo muy diferente. Sin embargo, es evidente que, como mínimo, supondría una violación de las Convenciones de Ginebra por alguien, un coronel, que no puede alegar que no fue adiestrado en las limitaciones de estas convenciones.

El informe del general Taguba incluye un párrafo, no muy citado hasta ahora, en el que aparecen reflejadas las sospechas sobre una posible conducta ilegal de Pappas:

Específicamente, sospecho que el coronel Thomas Pappas, el teniente coronel Steve Jordan, Steven Stephanowicz y John Israel fueron responsables, directos o indirectos, de los abusos de Abu Ghraib, y recomiendo encarecidamente que se tomen las acciones disciplinarias descritas en los párrafos anteriores, así como la investigación por el Procedimiento 15 para determinar el alcance completo de su culpabilidad.

Steven Stephanowicz y John Israel son dos empleados civiles de empresas contratadas por el Pentágono (CACI International y Titan) para realizar labores de seguridad en la prisión, y probablemente para colaborar en los interrogatorios.

Un último detalle que puede hacer sudar (aún más) a Rumsfeld. Las torturas se produjeron a finales de octubre y principios de noviembre. El informe cuenta que el 19 de noviembre, el teniente general Ricardo Sánchez (jefe de todas las fuerzas del Ejército desplegadas en Irak) emitió una orden por la que se concedía el control operativo (TACON en la jerga militar) de la prisión de Abu Ghraib al coronel Pappas. La medida es sorprendente, porque la costumbre en el Ejército norteamericano es que inteligencia militar nunca tenga el control de una prisión y que quienes sí lo tienen, la policía militar, no se inmiscuya en los interrogatorios. Hasta entonces, Abu Ghrain dependía de la general Karpinski, jefa de todas las cárceles iraquíes, pero el mando militar desconfiaba de su capacidad para obtener de los presos la información necesaria para luchar contra la resistencia.

Nadie puede decir que el general Sánchez supiera lo que estaba pasando dentro de la prisión, pero si Pappas resulta procesado, su posición será casi insostenible. Habría concedido el control de la cárcel a un oficial responsable de que se estuvieran violando las Convenciones de Ginebra.

16.5.04

Hacia la paz por la violencia

El suplemento Babelia, de El País, dedicó este sábado cuatro páginas al conflicto entre palestinos e israelíes. En la presentación en portada, nos contaban que "Pensadores, escritores y artistas de origen judío explican los motivos por los cuales Israel y Palestina están destinados a la paz". Después de los miles de muertos de los últimos cuatro años, por no hablar desde 1948, uno se pregunta si los entrevistados son unos románticos incurables o unos idiotas. Al leer las entrevistas, se descubre simplemente que la gente de Babelia no sabe de qué está hablando.

El historiador Ilan Pappe apuesta por la idea de un único Estado para los dos pueblos, pero admite que sólo será posible con más sufrimiento:

"Es trágico decirlo, pero no ha habido suficientes muertos como para convencer a la gente de que la única salida es vivir juntos. Hablo en serio, realmente creo que sólo la violencia va a hacer que la gente se convenza de que no hay otra alternativa que vivir juntos. Con cada nueva intifada con cada año que pase, la violencia será peor. Por eso, estoy desesperado y me siento pesimista. No sé cómo convencer a la gente sin necesidad de pasar por otras tres intifadas".

En la segunda entrevista, el cineasta israelí Guiliano Mer Khamis da por hecho de que habrá otra intifada. Por tanto, es extraño que ambos pueblos estén "destinados a la paz" cuando se considera inevitable la continuación de la violencia.

Lo que ocurre es que Babelia ha elegido a dos representantes de la extrema izquierda israelí para sus páginas. No es que no tengan razón, es que son tan minoritarios que sus opiniones, por interesantes que sean, no tienen ninguna posibilidad de prosperar. Sacar conclusiones sobre sus opiniones es un ejercicio gratuito y una pérdida de tiempo.

La idea de que un solo Estado para israelíes y palestinos es una apuesta por la convivencia es un puro delirio. Unos y otros tienen razones de sobra y de peso para no confiar en el adversario. El conflicto se ha prolongado durante tanto tiempo que todos pueden echar mano de innumerables ejemplos de violencia del otro lado. ¿Sobre qué bases se puede fundar un Estado cuando la mitad de él se siente violada por la otra mitad y esta última cree que el otro sólo espera el momento para eliminarlo?

Sí es cierto que la idea de un Estado ha encontrado apoyos inesperados en los dos últimos años entre algunos intelectuales israelíes de izquierda. Pero ese apoyo no proviene de ninguna idea coherente, sino de la desesperación provocada por la violencia descarnada de los atentados suicidas y las represalias de Sharon. Algunos dirigentes palestinos se han mostrado también favorables, pero como amenaza, una forma de decir a los israelíes: o nos dan un Estado digno o renunciaremos a él para pedir inmediatamente después el derecho al voto como habitantes de hecho del Estado israelí. La diferencia de crecimiento demográfico hará el resto del trabajo.

Esa es una de las razones del plan de Sharon de retirada de Gaza, ahora frustrado por los militantes de Likud. Retirando a los palestinos de Gaza de la ecuación, esa amenaza demográfica quedaría casi anulada.

Ilan Pappe es un historiador antisionista y se muestra orgulloso de ello. Por su labor como historiador, sus compatriotas deberían estarle agradecidos, aunque no lo están. Pero no tienen ninguna obligación de comulgar con sus ideas.

Para pensar en la selección de temas para estas páginas, habría sido mejor que la gente de Babelia se hubiera fijado en la frase de David Grossman citada en el artículo de Ramoneda:

"Cuanto más aumenta la violencia, más disminuye la posibilidad de convencer a las personas de que pueda existir la esperanza de un compromiso, de modo que la violencia vuelve a aumentar".

14.5.04

El porno vende mucho

El Pentágono cruza los dedos para que no aparezcan en los medios de comunicación norteamericanos más fotos de las torturas de la prisión de Abu Ghraib, de la que hoy han salido libres 315 presos. Algunos periódicos parecen tener demasiada prisa o están dispuestos a publicar cualquier cosa. El patinazo del mes corresponde al diario The Boston Globe. Hace unos días, publicó una foto que mostraba abusos sexuales a mujeres iraquíes protagonizados por soldados norteamericanos. Las imágenes estaban sacadas en realidad de una web porno.

El periódico de la competencia, Boston Herald, no perdió la oportunidad de mofarse del rival con el titular: "Globe caught with pants down: Paper duped into running porn photos". El Globe empleó esa técnica periodística, tan lamentable como extendida, que dice que se puede informar de cualquier tontería que salga de la boca de un político en una conferencia de prensa. Fue un político, un concejal de Boston, el que mostró la foto en una conferencia de prensa y, por lo visto, el periódico no necesitaba ninguna confirmación más. El director se disculpó al día siguiente, tanto por el carácter explícito de las fotos, como por no estar confirmado que tuvieran que ver con las torturas de Irak. No tuvo valor para informar del origen real de las imágenes.

13.5.04

Rumsfeld se guarda las fotos

Una vez que los senadores de EEUU han podido ver las más de 1.600 fotos que reflejan los horrores de la prisión de Abu Ghraib, y ha sido todo un mal trago, la duda ahora es si el Pentágono permitirá que la opinión pública mundial las conozca. No parece que ésa sea su intención. Teme que la indignación originada no sea nada comparada con lo que puede ocurrir si se conocen. Es probable que pocos se atreverán entonces a calificar tan sólo de humillaciones los abusos, por no hablar de los que las comparan con las bromas típicas de los colegios mayores.

La excusa jurídica ofrecida es que la difusión de las imágenes puede poner en peligro los procesos judiciales contra los soldados acusados. Si los tribunales militares los absuelven o les imponen penas menores, el desastre en términos de imagen sería total. En su visita de hoy a Irak, Donald Rumsfeld ha esgrimido otro argumento que llama la atención, no sé si por su originalidad o por su cinismo. Dice Rumsfeld que los consejeros jurídicos de su departamento se oponen a la difusión, porque la Convención de Ginebra prohíbe dar a conocer imágenes degradantes de los prisioneros. Un poco tarde para preocuparse por la intimidad de los iraquíes detenidos. Es decir, no impiden que unos soldados desnuden a los presos y les obliguen a simular felaciones, pero sí que la gente vea cómo lo hicieron.

La Federación de Científicos Americanos ha enviado al Pentágono una petición para recibir las imágenes en nombre de la Ley de Derecho a la Información (Freedom of Information Act). Es la misma ley que permitió al creador de The Memory Hole conseguir centenares de fotos de los ataúdes de los soldados muertos en Irak. La Federación recuerda que no se puede declarar secreto un documento que esté en poder de las autoridades si eso supone ocultar un delito, y acepta que se alteren las imágenes para proteger la privacidad de las víctimas.

La Federación, que cuenta con 55 Premios Nobel en su Consejo de Honor, tiene un departamento que trabaja por la transparencia pública.

La vergüenza

En algunos periódicos norteamericanos han aparecido ya las primeras críticas al Partido Demócrata, al que acusan de utilizar las fotos de Abu Ghraib para debilitar a Bush, y a todos aquellos que han alzado su voz contra las torturas cometidas en la prisión iraquí. El comentario más escandaloso ha sido el del senador del Partido Republicano, James Inhofe, indignado por las acusaciones contra los soldados. Ha dicho que nada de lo ocurrido es tan grave, porque a fin de cuentas los presos eran peligrosos asesinos y que algunos de ellos tenían en sus manos sangre de americanos.

La horrible muerte de un rehén norteamericano decapitado por sus secuestradores dará más argumentos a los políticos y periodistas conservadores que intentan restar importancia a las torturas, comparándolas con todas las barbaridades ocurridas en Bagdad en el último año.

La mejor respuesta a esta trivialización de la tortura puede encontrarse en un artículo (Not just following orders) publicado ayer en The Washington Post. Lo firma James D. Villa, un abogado que trabaja en la Administración norteamericana y que dirigió desde 1989 a 1992 la 372º Compañía de Policía Militar, la misma a la que hoy pertenecen los soldados autores de los malos tratos. Villa dice ahora estar avergonzado de la unidad de reservistas a la que perteneció y no se cree que un grupo reducido de soldados, dirigido por un sargento, fuera el único responsable de los abusos:

Estas acciones fueron el resultado de inmensos fallos en la cadena de mando. El militar de más rango acusado hasta ahora es Ivan L. Frederick, un sargento. En una compañía de Policía Militar (integrada por 150 soldados), una persona de su rango está normalmente al mando de un grupo de 11 soldados. Me niego a creer que ningún mando, por encima de Frederick, no fuera consciente o cómplice de los abusos que aparentemente estaban tan extendidos en la prisión.

Villa niega que los soldados imputados no recibieran la preparación necesaria para manejar a los presos. Todos los policías militares reciben un entrenamiento básico y ningún oficial o sargento tiene autoridad para obligar a un soldado a cometer atrocidades o violar la Convención de Ginebra:

Varias personas, incluidas las familias de los soldados en cuestión, han dicho que los soldados no recibieron el entrenamiento adecuado para dirigir un centro de detenciones y que no recibieron el apoyo necesario para realizar su trabajo. Aunque estos testimonios pueden ser ciertos, ¿en qué manual del Ejército puede encontrarse el capítulo en el que se dice cómo colocar a presos desnudos formando un montón o ponerles una correa en el cuello? ¿Se necesita un entrenamiento especial para explicar a un soldado que este tipo de cosas son despreciables y contrarias a cualquier nivel de decencia?

Acabo de ver las primeras crónicas con los testimonios de los senadores norteamericanos que han podido ver a puerta cerrada centenares de nuevas fotos y algunos fragmentos de vídeo tomados por las cámaras digitales de los soldados. Tanto los senadores demócratas como los republicanos han mostrado su disgusto y asco por lo que han contemplado. Se dice que no se van a publicar estas fotos para no comprometer los procesos judiciales contra los soldados y para no causar más indignación entre los iraquíes.

Este es un fragmento de la primera crónica publicada por The Washington Post:

Nelson said one poor-quality video appeared to show Iraqi prisoners about to be sodomized, although "it's not clear that the actual act of sodomy was being perpetrated on the videos that I've just seen."

He said he did not see any videos showing rape, either of a male or female prisoner. He said there were "attempted medical treatments in the prison" that he did not further describe. And he said he saw what appeared to be "some wounds from dogs."

"This is aberrant behavior, and we need to find out who the perpetrators were, where the command and control lapsed and bring these folks to justice," Nelson said.

In answer to a reporter's question, he said, "Some of the videos are more disturbing than the still photos that you've seen."

Sen. John Cornyn (R-Texas) said that in addition to photos that have already appeared in the press, "there were some other pictures . . . involving interaction between our own troops, but not involving any Iraqis."

Rep. Jane Harman (D-Calif.), the ranking Democrat on the House Intelligence Committee, said what most shocked her was a video clip of a handcuffed prisoner beating his head against a wall. She said another video showed a group of men masturbating.

11.5.04

Miles de inocentes detenidos

El informe completo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) sobre la situación de los presos internados en las prisiones de Irak bajo responsabilidad de los militares norteamericanos ya está disponible en Internet, en la web de la cadena MSNBC.

La descripción de los abusos cometidos es coherente con la información obtenida por las fotos difundidas hasta ahora por los medios de comunicación. El informe de 24 páginas no dice que todos los presos fueran torturados, pero sí describe los grados de coerción física y psicológica que se utilizaba con los detenidos que, según la inteligencia militar, podían facilitar información valiosa sobre los ataques de la resistencia. Esta coerción es sinónimo de tortura, para el CICR.

Todos estos abusos violan la Tercera y la Cuarta Convención de Ginebra y los principios del Derecho Internacional Humanitario, según el CICR. A pesar de que las fotos conocidas se refieren a lo que ocurría dentro de la prisión de Abu Ghraib, el informe es aún más duro con la forma en que los soldados norteamericanos realizaban las detenciones y el tratamiento que recibían los sospechosos antes de ser enviados a las prisiones.

Una de las consecuencias del informe más perjudiciales para la imagen de EEUU en Irak es que confirma las denuncias hechas por muchos iraquíes desde la caída del régimen de Sadam y que hasta ahora no se había podido comprobar: la de que la mayoría de los miles de detenidos desde hace un año son inocentes:

Algunos oficiales de inteligencia militar contaron al CICR que calculan que entre el 70% y el 90% de las personas privadas de libertad en Irak habían sido detenidas por error. También atribuyeron la brutalidad de algunas detenciones a la falta de una supervisión adecuada en las unidades de combate.

En todos estos casos, es lógico pensar que las familias de los presos se movilizaran para intentar encontrar al detenido con la esperanza de que fuera pronto puesto en libertad. En algunos casos, contrataban a abogados iraquíes para que les ayudaran. Ninguna de las dos cosas servía de mucho. El informe revela que los militares no les facilitaban ninguna información y, por tanto, los presos pasaban a estar desaparecidos:

En casi todos los ejemplos documentados por el CICR, las autoridades que realizaban las detenciones no facilitaban (a los familiares de los detenidos) ninguna información sobre quiénes eran, dónde estaba su base ni explicaban las razones del arresto. Además, raramente informaban a los detenidos o a su familia sobre dónde se encontraban ni por cuánto tiempo, provocando de hecho la desaparición del detenido durante semanas, o incluso meses, hasta que se producía el contacto.

Esta tarde, ha declarado ante el senado el general Antonio Taguba, autor del informe oficial que denunció los abusos cometidos en Abu Ghraib. Taguba ha dicho que no ha encontrado ninguna prueba de que un mando superior ordenara que se cometieran estos actos, pero ha acusado a los jefes de los soldados de ser responsables por su falta de liderazgo y supervisión de lo que ocurría dentro de la cárcel.

10.5.04

La tentación que no funciona

El blog de Nacho Escolar alberga una discursión sobre la tortura a cuenta de las opiniones del columnista conservador de The New York Times William Safire:

"La tortura es ilegal y moralmente aborrecible. ¿Pero qué ocurre con la información que se puede obtener de presuntos o auténticos terroristas a través de un interrogatorio regulado y manipulador? Esa información puede salvar miles de vidas. ¿Dejaremos que el péndulo vuelva atrás a la época de "nombre, rango y número de serie", como si los presuntos terroristas que planean asesinar a civiles fueran prisioneros de guerra uniformados que respetan las normas de la guerra?"

No suena muy distinto a las opiniones expresadas por otros comentaristas norteamericanos. En vez de emplear la palabra que empieza por T, prefieren hablar de coerción, de presión física moderada. En Israel, ese debate existe desde hace tiempo, aunque desgraciadamente allí la minoría está en el lado de los que rechazan la tortura, bajo cualquier supuesto.

Conviene no olvidar, como no lo hacen los expertos en inteligencia, que todo este debate parte de una premisa falsa. Lo dejaba muy claro hace unos días el senador norteamericano John McCain:

"Mire, dijo el senador (se dirigía a Rumsfeld en la comparecencia de éste ante el Senado), "la historia enseña, y sé un poco de esto, que los malos tratos a los prisioneros y la tortura no son productivas. No se saca información valiosa de la gente con la tortura, porque contarán (al torturador) lo que éste quiere oír".

McCain sabe de lo que habla, porque fue torturado durante mucho tiempo en los que pasó como prisionero de guerra en las prisiones de Vietnam. Aún tiene secuelas de las palizas.

Torture Is Often a Temptation and Almost Never Works. The New York Times

9.5.04

JASP en Bagdad

Miles de altos cargos y funcionarios trabajan en la CPA (la Administración norteamericana de Irak que dirige Paul Bremer). Los círculos progresistas de EEUU están escandalizados porque muchos de ellos, y no en cargos menores, no son especialistas en reconstrucción de países ni tienen ninguna experiencia de trabajo conjunto con militares, ONGs o agencias de Naciones Unidas. La Casa Blanca y el Pentágono han preferido confiar en algunos jóvenes militantes del Partido Republicano que tienen la ambición y el arrojo suficientes como para desplazarse a Irak.

La revista The Washington Monthly lleva un tiempo identificando a algunos de ellos. Simone Leeden es hija de un conocido intelectual neoconservador (de la estirpe de Wolfowitz y Perle). Tiene 29 años y acaba de terminar un máster en administración de empresas. Estos atributos profesionales fueron suficientes para recibir el encargo de asesorar al Ministerio iraquí de Finanzas en el norte de Irak.

Otro ejemplo singular es el de Dan Senor, también con un MBA de Harvard, cuya única experiencia en medios de comunicación es haber trabajado unos meses como adjunto del secretario de Prensa de la Casa Blanca, Scott McLellan. Por eso, fue nombrado para dirigir la reconstrucción de los medios de comunicación iraquíes, los oficiales obviamente, tarea en la que no se puede decir que haya tenido mucho éxito.

Los hay más veteranos, pero su currículum nunca incluye haber participado en los trabajos de reconstrucción que la comunidad internacional, a veces con la intervención directa de EEUU, ha emprendido en lugares como Angola, Camboya, los Balcanes o Timor Oriental.

Y para algunos trabajos, en los que era complicado encontrar voluntarios, han tenido que bajar mucho el nivel. Jay Hallen tiene 24 años y, según The Wall Street Journal, “estudió ciencias políticas en Yale, raramente veía los canales de TV especializados en información económica y no seguía las noticias de la Bolsa”. En la CPA, trabaja en la reconstrucción del mercado de valores de Irak.

Es como si nosotros enviáramos a Alejandro Agag a Afganistán a aconsejar al nuevo Gobierno afgano sobre la reconstrucción de las carreteras.

8.5.04

La aberración permanente

Cada día que pasa las noticias que surgen de la prisión iraquí de Abu Ghraib son más sombrías. Las fotografías conocidas hasta ahora sólo reflejan una parte de una realidad en la que las palizas a los presos eran un hecho frecuente. En muchos casos, las víctimas de los malos tratos ni siquiera eran miembros de la resistencia ni delincuentes comunes, sino personas detenidas sin motivo.

La agencia Reuters ha localizado en California a tres soldados que pudieron ver cómo las palizas eran algo habitual en esa cárcel:

Tres policías militares norteamericanos que sirvieron en la prisión de Abu Ghraib, en Bagdad, dicen que fueron testigos de casos aún no conocidos de malos tratos a prisioneros y que esas prácticas eran habituales.

“Los abusos a los prisioneros son algo común”, dice el sargento Mike Sindar, de 25 años, de la 870º Compañía de Policía Militar de la Guardia Nacional en su base de la bahía de California. “Vi palizas constantemente”.


Por lo que cuentan, la situación era aún peor el año pasado. Antes, era normal que los presos llegaran a la cárcel con huesos rotos tras ser detenidos. En enero y febrero, el control aumentó y dejaron de llegar en ese estado.

El intento de las autoridades militares de limitar la responsabilidad de los abusos a un grupo reducido de soldados (precisamente, el que aparece en las fotos) puede verse torpedeado por nuevos testimonios como éstos. Otros militares y civiles que conocieron Abu Ghraib por dentro pueden no estar muy de acuerdo con la decisión de utilizarlos como chivos expiatorios. Ni siquiera en las ciudades de las que proceden están contando con mucho apoyo. Ya se sabe que uno de ellos, el que aparece con los brazos cruzados mirando a la cámara detrás de una pila de presos desnudos, tiene un historial violento. Tras su divorcio, fue denunciado por su ex mujer por acoso, hasta que un juez decretó una orden de alejamiento.

Habrá pocas simpatías por estos reservistas que disfrutaban tanto con lo que hacían que no tenían inconveniente en salir retratados sonrientes mientras vejaban y humillaban a los detenidos.

Sin embargo, lo que ocurría dentro de Abu Ghraib no era sólo responsabilidad de un grupo reducido de sádicos. The Guardian ha entrevistado a un ex militar que trabajó en esa cárcel para una empresa privada contratada por el Pentágono:

Muchos de los presos que han sufrido abusos en la prisión de Abu Ghraib eran iraquíes inocentes, detenidos por azar por las tropas de EEUU y encarcelados por oficiales de inteligencia no cualificados para el puesto, según ha contado a The Guardian un ex interrogador norteamericano de esa cárcel.

Torin Nelson, que sirvió como oficial de inteligencia en Guantánamo antes de trasladarse a Abu Ghraib contratado por una empresa privada, culpa de los abusos a los errores del alto mando de la inteligencia militar y al uso excesivo de empresas privadas.

Afirma que esas empresas estaban tan necesitadas de cumplir su servicio que enviaron “cocineros y conductores de camiones” para que trabajaran como interrogadores.


Nelson aparece citado en el informe militar sobre los abusos, pero como testigo, no como sospechoso. Cuenta que muchos de los presos eran inocentes, pero que el poco experimentado personal de inteligencia que se ocupaba de los interrogatorios no estaba preparado para distinguir a unos de otros:

“Una unidad sale en una misión, y tienen un objetivo (al que detener), y no lo encuentran. Se limitan a detener a otra persona, porque ése es su trabajo”, dice Nelson, refiriéndose a las operaciones contra la insurgencia. (...) “He leído informes de esas unidades en los que se había escrito: “El objetivo no estaba en casa. El vecino salió a ver qué pasaba y le capturamos”.

Nelson trabaja para CACI International, una de las empresas de seguridad que operan en Irak. Cuenta que la presión del Ejército a estas empresas para que encuentren a personas para estos puestos es tan grande que terminan enviando a gente no preparada.

Algunos de los comentarios más repetidos estos días en EEUU se refieren al cáracter antiamericano de los abusos, como si un mandato divino impidiera a los nacidos en ese país caer tan bajo. Evidentemente, es más fácil encontrar casos como éstos en dictaduras, como la de Sadam, que en democracias, como la norteamericana o la española. Pero pretender que algunos países, algunas culturas, algunas razas, están más predispuestas que otras a estos excesos supone desconocer la naturaleza humana.

Anne Applebaum, en The Washington Post, recuerda que la historia del siglo XX nos dice que cualquier cultura es capaz de cometer estas atrocidades, si se dan las condiciones adecuadas:

De hecho, no es difícil crear una situación en la que simples soldados de cualquier nacionalidad se sientan con derecho a maltratar a prisioneros de guerra. Todo lo que se necesita es el sentimiento de que las reglas ordinarias no son aplicables, una situación más conocida como la ausencia de la ley. En las sociedades totalitarias, la ley está ausente por definición. Pero incluso en las democracias, la ley a menudo queda suspendida durante la guerra. Hace más de 2.000 años, Tucídides escribió sobre la guerra como el momento en el que “las convenciones de la vida humana” son “enterradas por la confusión”.

La guerra contra el terrorismo ha hecho creer al Gobierno de EEUU de que puede liberarse de esas convenciones legales que son el fundamento de la democracia, de las normas que obligan a que los presos no sean maltratados, como en Abu Ghraib, y que tengan derecho a un abogado y a un juicio, a diferencia de lo que ocurre en Guantánamo.

6.5.04

Dimite, Rumsfeld




No son sólo los medios de comunicación árabes o franceses los que están indignados con el escándalo de las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib. Esta es la portada de The Economist que se pone a la venta mañana. El titular “Dimite, Rumsfeld” lo dice todo.

Y no es el único entre los medios conservadores. El editorial del Financial Times también pide la dimisión del jefe del Pentágono:

“Pero los norteamericanos han asesinado y han maltratado presos en Irak y la responsabilidad llega hasta lo más alto del sistema de la Defensa. Rumsfeld dirigió de forma brillante la campaña para derrocar a Hussein, pero fracasó en la planificación de la postguerra al no enviar el número suficiente de tropas para mantener la paz o para asegurarse de que estuvieran bien entrenados. Sólo su salida del puesto convencerá a la opinión pública mundial de que Bush va en serio cuando dice que Abu Ghraib no es el auténtico rostro de América”.

De momento, Bush se ha conformado con echarle la bronca a Rumsfeld por no haberle informado de que existían unas fotos que demostraban la existencia de las torturas. Lo ha hecho en privado, lógicamente, y luego ha ordenado a sus asesores que cuenten a los periodistas lo que ha hecho.

Hoy mismo, los periódicos norteamericanos incluyen artículos sobre la visita organizada de ayer de un grupo de periodistas a la prisión de Abu Ghraib. Los militares pretendían mostrarles los cambios de los últimos días y se encontraron con que los reporteros pudieron comprobar por sí mismos la furia de los presos por su situación:

"The coalition forces have humiliated Iraqi people, their freedom, their dignity and their human rights," an inmate said in English through a megaphone that had been supplied by the military to improve communication between prisoners and officials. Reading from a manifesto written on yellow paper, the man alleged that many of the thousands of Iraqis at Abu Ghraib were innocent people who were detained on "false information offered to the coalition forces" on the basis of "nothing more than personal revenge."
The virulence of the inmates who swarmed toward the visiting journalists on the first part of the tour visibly surprised military officers, who hustled the journalists back on their way. "Come on, in the bus," ordered Col. David E. Quantock, who commands the 450 military police officers at the prison. "We've got other things to do."


Y por si no había problemas suficientes, la revista CQ publica un reportaje sobre Colin Powell en el que varios de sus más directos colaboradores se despachan a gusto contra los halcones del Pentágono. Y no lo hacen “off the record”, escondiendo sus nombres, sino abiertamente.

El jefe de gabinete de Powell compara al número dos del Pentágono, Wolfowitz, con Lenin y todos los iluminados cuyas utopías hacen más mal que bien. Y, por si no fuera suficiente, se burla de los políticos norteamericanos que se libraron de servir en las Fuerzas Armadas, y no saben lo que es la guerra, pero que no tienen inconveniente en enviar a jóvenes soldados para poner en práctica sus proyectos imperiales.

Después de un día como hoy, lo mejor que podía hacer George Bush es tomarse un trago para olvidar tantas penas. Bueno, mejor no.

14 millones de secretos

Gracias a la web de la organización The National Security Archive (que, a pesar de su nombre, no es un organismo oficial), me entero de que el Gobierno de EEUU produjo en el 2003 14 millones de nuevos secretos. Es decir, hubo 14 millones de documentos, escritos en el año pasado o en años anteriores, que fueron declarados secretos. La Administración de Bush se ha aficionado a ocultar a sus ciudadanos una parte cada vez mayor de su funcionamiento. En el 2002, fueron 11 millones los documentos secretos, en el 2001, tan sólo 8 millones. El incremento en dos años ha sido del 57%.

Para demostrar hasta qué punto este aumento del secretismo oficial no está justificado por razones de seguridad nacional, The National Security Archive nos da un ejemplo de uno de esos 14 millones de secretos. Puede hacerlo porque se trata de un documento redactado en 1975, desclasificado (difundido) en 1999 y vuelto a clasificar parcialmente como secreto en el 2003. Se ve que los secretos pueden ser retroactivos.

El documento en cuestión es un perfil biográfico del ex dictador chileno Augusto Pinochet, dado a conocer en tiempos de Clinton junto a otros muchos documentos oficiales relacionados con las violaciones de los derechos humanos en la dictadura y las relaciones entre Chile y EEUU. Por alguna razón desconocida, varios fragmentos de ese perfil fueron declarados secretos (y borrados) en el 2003, cuando The National Security Archive pidió el documento.

Lo chocante es que esos párrafos no esconden ninguna información grave o sorprendente. De hecho, no contienen nada que no conocieran ya muchos políticos o militares chilenos que conocían a Pinochet y que no hubieran tenido ningún inconveniente en compartir esa información con, por ejemplo, un diplomático norteamericano de la época. Tampoco incluye datos que desconozcamos ahora.

El perfil, redactado por la DIA (siglas en inglés de los servicios de inteligencia del Pentágono) nos cuenta que es honrado y trabajador, un devoto esposo y padre, y que (¡Dios mío, eso sí es grave!) fuma cigarrillos y bebe whisky y pisco sour (un cóctel peruano muy popular en Chile).

En el análisis de la llegada al poder de Pinochet en un golpe militar, el perfil incluye otros párrafos no tan triviales que también han sido borrados:

“El general Pinochet habría preferido que las Fuerzas Armadas, en especial el Ejército, continuaran con su papel tradicional de fuerza profesional y apolítica, sin implicarse en la política de partidos. El deterioro de la situación política y económica forzó a un reticente Pinochet a unirse a la intervención militar”.

Muy gracioso, si no fuera un tema tan grave. Otra parte borrada y clasificada de nuevo en el 2003 como secreta es ésta:

“Anticomunista y anticubano, el general Pinochet siempre ha hablado en términos favorables de EEUU y de su deseo de seguir manteniendo buenas relaciones con EEUU. Ha viajado dos veces a EEUU. Está a favor de la compra de bienes norteamericanos y del entrenamiento del personal militar chileno en academias norteamericanas”.

Demonios, me deja usted de piedra.

¿Todas estas frases son un secreto? ¿Se intenta ocultar que los servicios de inteligencia de la época daban al Pentágono y a la Casa Blanca información falsa o tendenciosa sobre lo que de verdad estaba pasando en Irak, perdón, en Chile? ¿Se intenta ocultar que un tipo que tiene actualmente tan mala imagen como Pinochet quería mantener buenas relaciones con EEUU?

No es el único caso de utilización del secreto por razones políticas. Quizá no sepan que el informe del general Antonio Taguba sobre las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib, citado en el artículo de la revista The New Yorker, también fue declarado secreto. Y resulta que eso es ilegal, según explica la web de la Federación de Científicos Americanos, también dedicada a sacar secretos a la luz pública:

Al clasificar como secreto un explosivo informe sobre la tortura a presos iraquíes, el Pentágono puede haber violado las normas oficiales sobre secretos, que prohíben el uso de la clasificación (como secretos) con la intención de ocultar actividades ilegales.

“No hay nada (en el informe) que sea claramente secreto, como fuentes y métodos de los servicios de inteligencia o movimiento de tropas”, preguntó un astuto reportero en una conferencia de prensa en el Pentágono el 4 de mayo. “¿Se declaró secreto porque sería embarazoso que se conociera, en especial en el mundo árabe?”

“En concreto, no sé porque fue declarado secreto”, respondió el general Pace.


Dicen que aún no se le ha quitado la clasificación de secreto al informe, a pesar de que ya lo conoce todo el mundo. Llevaba el sello de “Secret/No Foreign Dissemination”. Por la cuenta que les traía.

Documento íntegro de la DIA sobre Pinochet desclasificado en 1999.
Documento difundido en el 2003 con varios párrafos tachados.

¿De qué tenemos miedo?

No importa a dónde miremos, por todos los lados nos acecha la amenaza del terrorismo. Además, es una versión del terrorismo mucho más atroz que aquella con la que los países occidentales han convivido en los últimos 30 años. La amenaza tiene forma de atentados masivos contra estaciones de tren, aeropuertos, centros comerciales, también apunta al uso de armas con una capacidad destructiva ilimitada: armas biológicas, químicas e incluso nucleares. Los gobernantes nos dicen que esta guerra es global, que está promovida por gente que desea morir, y que quizá dure eternamente.

Y sin embargo, el número de atentados terroristas es el menor de los últimos 30 años.

El informe anual que realiza el Departamento de Estado norteamericano contabilizó el año pasado 190 atentados terroristas por todo el mundo. La cifra es algo inferior a los 198 que hubo en el 2002 y es la más baja desde 1969. Desde el 2001, el descenso ha sido del 45%.

El informe contiene una ironía singular. Dice que Irak se ha convertido “en el campo de batalla global en la guerra global contra el terrorismo”, pero de hecho no incluye la mayoría de los atentados y emboscadas que han ocurrido allí desde la caída del régimen de Sadam. Los ataques contra combatientes, contra soldados, no encajan en la definición que el Departamento de Estado hace de terrorismo internacional. A los soldados se les dice que están en Irak para luchar contra el terrorismo. Si caen en una emboscada, el propio Departamento de Estado les dice que eso no es un atentado terrorista, sino otra cosa.

Todas estas cifras pueden cambiar de repente. Sólo se necesitan unos minutos para que varias explosiones las conviertan en ridículas, en especial a ojos de las víctimas, como las que hubo en España en marzo. Lo cierto es que hay algo que resulta evidente. Nos quieren hacer creer que nunca más estaremos seguros, que tendremos que vivir para siempre con esta sombra sobre nuestra cabeza. Hasta es necesario invadir algunos país para conjurar ese peligro. Supongo que es algo así como combatir el fuego con más fuego.

Los datos, que son una parte fundamental de los hechos, nos dicen que nunca antes ha habido tan pocos atentados terroristas. ¿Por qué entonces los Gobiernos y los medios de comunicación nos dicen que debemos tener miedo?

5.5.04

Defina tortura

Desde hoy, ya es posible leer en su integridad el informe de un general norteamericano que ha servido para dar a conocer las torturas a los presos de la prisión de Abu Ghraib. El informe estaba clasificado como “secreto”. Las fotos de las torturas fueron hechas públicas por el programa “60 Minutes II” de la cadena norteamericana CBS. El alto mando militar convenció a los periodistas para que suspendieran la emisión del reportaje durante dos semanas para que no coincidiera con los combates de Faluya. Finalmente, la CBS descubrió que la revista The New Yorker estaba a punto de publicar la historia y decidió emitir su programa.

El autor del reportaje (“Torture at Abu Ghraib”) en The New Yorker es Seymour Hersh, quizá el más célebre periodista de investigación de EEUU. Suyo fue el primer relato de la matanza de My Lai en la guerra de Vietnam, que abrió la veda para que otros muchos medios de comunicación desvelaran las atrocidades que se estaban cometiendo allí.

El artículo de Hersh demuestra que los abusos cometidos en Abu Ghraib no fueron excesos protagonizados por un grupo reducido de militares, sino un ejemplo de una situación en la que se violaba de forma reiterada los derechos humanos de los presos, ante la pasividad, en algunos casos, y connivencia, en otros, de los mandos militares. Para demostrar esta denuncia, Hersh cuenta con lo que en el periodismo norteamericano llaman “the smoking gun”, la prueba decisiva e irrefutable. Se trata de un informe de 53 páginas con el que concluyó la investigación realizada por un general, Antonio Taguba. Había sido el propio teniente general Ricardo Sánchez, jefe de las todas las fuerzas militares norteamericanas en Irak, el que había ordenado la investigación el 19 de enero de este año.

La lectura del artículo de Hersh y del informe del general Taguba revela que los malos tratos no eran excesos puntuales provocados por una total falta de dignidad o disciplina militar, o por un sentimiento de venganza. Los policías militares recibían la orden de los agentes de inteligencia militar para que ablandaran (“haz que pasen una mala noche”, les decían) a los detenidos durante la noche con vistas a los interrogatorios que se producían por la mañana del día siguiente. Seymour Hersh escribe en su artículo:

“La imagen que aparece descrita de Abu Ghraib (en el informe de Taguba) es la de un lugar en el que se violaban de forma cotidiana las normas del Ejército y la convención de Ginebra, y en el que la mayor parte del control diario de los presos quedaba en manos de la inteligencia militar y de empleados de empresas privadas (contratadas por el Pentágono). La prioridad eran los interrogatorios de los presos y conseguir información de ellos a través de la intimidación y la tortura”.

La web de The New Yorker no incluía el texto completo del informe del general Taguba, que ya está disponible en Internet, en concreto en la web de la cadena NBC.

En una de las entrevistas que ha concedido a las televisiones de su país, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha dicho lo siguiente:

“Creo que…, no soy abogado. Mi impresión es que la acusación que hay es de abusos, que yo creo que es técnicamente diferente a la de tortura. No sé si es correcto decir lo que se ha dicho, que se han producido torturas, o que hay una acusación de torturas. Por eso, no voy a utilizar la palabra tortura”.

Se puede contrastar estas declaraciones de Rumsfeld con la lectura del informe del general Antonio Taguba. Por ejemplo, con este fragmento:

He descubierto que los abusos intencionados de los detenidos por el personal de la policía militar incluyeron los siguientes actos:

Golpear, abofetear y patear a los detenidos; saltar sobre sus pies descalzos.
Grabar en vídeo y fotografiar a los hombres y mujeres detenidos cuando estaban desnudos.
Colocar a los detenidos por la fuerza en posiciones explícitamente sexuales para ser fotografiados.
Obligar a los detenidos a quitarse la ropa y permanecer desnudos durante varios días seguidos.
Obligar a los hombres detenidos a ponerse ropa interior femenina.
Obligar a grupos de hombres detenidos a masturbarse mientras les fotografiaban o filmaban.
Colocar a los detenidos uno encima de otro en el suelo y saltar sobre ellos.
Colocar a un preso desnudo sobre una caja, con una capucha sobre la cabeza y ponerle cables en sus dedos de las manos y de los pies y en el pene para simular la tortura eléctrica.
Escribir “soy un violador” en la pierna de un preso supuestamente por haber violado a otro preso de 15 años, y fotografiarle desnudo.
Colocar una correa de perro en el cuello de un preso y hacer que una soldado se fotografiara con él.
Un policía militar tuvo relaciones sexuales con una detenida.
Utilizar un perro adiestrado, sin bozal, para intimidar y asustar a los detenidos, y al menos en un caso morder y herir gravemente a un detenido.
Tomar fotos de presos iraquíes muertos.

4.5.04

La humillación

Algunos recordarán que antes de la guerra de Irak, se dijo que el Pentágono estaba proyectando en sesiones privadas la película de Gillo Pontecorvo “La batalla de Argel”. No, no existe un cine-club en el Pentágono, sencillamente querían que algunos mandos militares fueran conscientes de los retos, moralmente dudosos, a los que se iban a enfrentar ante el probable supuesto de que tuvieran que convertirse en una fuerza de ocupación. La película tiene muchas lecturas pero hay una que se destaca sobre las demás: no importa lo limpios que sean los ideales del país al que representan, si un ejército de ocupación que se enfrenta a una violenta guerrilla termina utilizando sus mismos métodos, al final no hay más justificación para su comportamiento que la simple aplicación de la fuerza bruta. Y en ese momento, el Ejército comienza a perder la guerra.

Eso es lo que ya está ocurriendo en Irak, según el historiador Juan Cole: “The US has lost the battle of photographs”. La Casa Blanca puede impedir, con la colaboración de los medios de comunicación y durante unos días, que imágenes como las de las torturas a los presos en la prisión de Abú Ghraib golpeen a los norteamericanos desde los periódicos y las televisiones. Pero al final, la superioridad militar no puede ocultar que existe otra guerra, la de las imágenes, en la que estas fotos han tenido el mismo impacto letal que un puñado de B-52.

La razón que enfurece a la opinión pública árabe es el sentimiento de humillación. Humillación ante la falta de libertades en una zona del mundo en la que el mayor elogio que se puede dirigir a un Gobierno es que “sólo” es un régimen autoritario. Humillación por la falta de oportunidades económicas. Humillación por la pasividad de Occidente ante las muertes de civiles inocentes dentro de los capítulos de daños colaterales. Humillación porque no puede negar que una cultura que produjo el abundante progreso social y tecnológico de la Córdoba de los Omeya se encuentra en una decadencia imparable.

Todos estos sentimientos de humillación (confusos, a veces contradictorios, pero siempre sentidos) encontrarán a partir de ahora una imagen inconfundible para representarlos. No importa cuántos casos de tortura puedan demostrarse, los que ya han surgido tendrán la capacidad de simbolizar a miles más, fingidos o reales.

Las imágenes ofenden a cualquiera que las contemple, y eso incluye al presidente de EEUU. No dudo de que George Bush dice la verdad cuando dice que está triste y conmocionado por lo que ha visto. Podría haberse ahorrado esa impresión si hubiera permitido que el Comité Internacional de la Cruz Roja hubiera visitado todas las prisiones, incluidas las zonas reservadas de la prisión de Abú Ghraib que la inteligencia militar se había reservado para sus experimentos. Amnistía Internacional ya ha dicho que los casos de tortura no se limitan a esta cárcel. Ahora ya es demasiado tarde para anunciar que los prisioneros iraquíes no serán encapuchados ni en prisión ni cuando sean detenidos.

Una vez más, las mentiras sobre las armas de destrucción masiva continúan minando la credibilidad de EEUU en el mundo. No importa cuántos militares sean condenados a penas de prisión por las torturas o amonestados por no haber impedido los abusos. Las explicaciones (no sabíamos que estaba pasando esto, es obra de unas pocas personas mal entrenadas y sin escrúpulos) quedarán bajo la permanente sombra de la sospecha. Nos engañaron una vez, dirán en el mundo árabe con o sin pruebas, ahora también nos engañan cuando afirman que la mayoría de los soldados norteamericanos respetan a los detenidos.

Todos sabemos que muchos de los detenidos por pertenecer a Al Qaeda no acaban en Guantánamo sino que son enviados a bases militares norteamericanas repartidas por medio mundo o, aún peor, son entregados a los servicios de inteligencia de algunos regímenes árabes conocidos por las torturas que aplican a los presos peligrosos. Algunos periodistas como Mark Bowden, autor de “Black Hawk Down”, han escrito largos artículos en la revista “The Atlantic Monthly” sobre si es legítimo emplear la tortura cuando se tiene la posibilidad de impedir un atentado masivo. No olviden que las primeras fotos que salieron de Guantánamo, y que tanto escándalo crearon, (los presos arrodillados y con los ojos, oídos y narices tapados) fueron difundidas por el propio Pentágono. ¿No se dieron cuenta del impacto que podían tener estas imágenes o querían dejar claro que eso era lo mínimo que esperaba a los detenidos?

La tortura ha vuelto con nosotros (quizá nunca se fue) para quedarse. Lo único que no se tolera es que salga a la luz.