16.4.04

Sharon ha ganado

Bush apoya los planes de Sharon. Muchos lectores de periódicos no se habrán extrañado mucho al ver titulares como éste. Y sin embargo, la decisión del presidente de EEUU de apoyar el proyecto de Sharon de retirada de Gaza supone uno de los mayores giros de la política exterior norteamericana de los últimos 35 años. ¿Cómo es posible eso si EEUU e Israel ya son desde hace tiempo grandes aliados?

Veamos. James Bennet lo explica perfectamente en un análisis publicado en The New York Times:

“Sharon quería tres compromisos: el apoyo a la retirada de Gaza, el reconocimiento norteamericano de que Israel conservará algunas zonas de Cisjordania y el rechazo norteamericano del derecho de millones de refugiados palestinos a volver a sus tierras que ahora están en Israel. Lo ha conseguido prometiendo entregar algo que la inmensa mayoría de los israelíes ya no quiere: los asentamientos de Gaza y un puñado de asentamientos de Cisjordania. Y lo ha conseguido sin tener que negociar con los palestinos”.

Por alguna razón, Sharon ha conseguido que Bush acepte dos cosas que desde 1967 EEUU había preferido no suscribir. Las Administraciones de Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush y Clinton mantuvieron excelentes relaciones con Israel, pero nunca reconocieron el control o soberanía de Israel sobre ninguno de los territorios ganados en la Guerra de los Seis Días. Eso incluía los Altos del Golán, Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

La capital del Estado de Israel (incluido el Parlamento y el Gobierno, excepto el Ministerio de Defensa) está en Jerusalén, pero EEUU ha mantenido hasta hoy su embajada en Tel Aviv y dos consulados en Jerusalén, uno en la zona israelí y otro en la zona palestina. Cuando el Gobierno de Begin y el Parlamento aprobaron la anexión de Jerusalén y el Golán, EEUU no reconoció esta medida unilateral. Siempre dijo que la situación de estos territorios debería quedar dilucidada en las negociaciones que concluirían en un tratado de paz.

Cuando Clinton promovió las conversaciones de paz iniciadas por el proceso de Oslo, ya sabía que algunos de los grandes asentamientos de Cisjordania terminarían en manos israelíes, pero nunca se atrevió a condicionar las negociaciones con una declaración que lo hubiera descalificado como mediador. Si el árbitro anuncia antes de comenzar el partido que el equipo local empieza ganando por dos a cero, es poco probable que el equipo visitante lo considere neutral.

Bush no tiene ninguna intención de que se le considere un mediador justo entre las dos partes. Ha entregado a Sharon una carta en la que reconoce el derecho de Israel a mantener algunos asentamientos de Cisjordania, porque han crecido tanto desde 1967 que no se puede pretender su devolución a los palestinos:

“A la luz de la realidad sobre el terreno, incluidos los grandes centros de población israelíes, no es realista esperar que las negociaciones para el estatus final supongan la vuelta completa a las líneas de armisticio de 1949, y todas las negociaciones previas sobre una solución con dos Estados han alcanzado la misma conclusión”.

Las “líneas de armisticio de 1949” se refieren a las fronteras que quedaron borradas tras la guerra de 1967. Hábilmente, los redactores de la carta firmada por Bush se remontan a una fecha anterior para dar la sensación de que ha pasado tanto tiempo, más de medio siglo, que es absurdo pretender recuperar una realidad política superada por el tiempo.

Además, Bush informa a quien esté interesado que los palestinos y sus descendientes que se quedaron sin sus casas y sus tierras tras la creación del Estado de Israel no pueden volver allí, y sí a un futuro Estado palestino. Con independencia de la opinión que tenga cada uno sobre el derecho a retorno (de hecho, yo creo que si los palestinos insisten en que se reconozca ese derecho, el acuerdo de paz será imposible), Bush da el tema por cerrado.

En las negociaciones que se produjeron en los años 90, los palestinos mostraron su disposición a hablar sobre los grandes asentamientos de Cisjordania, en especial los situados más cerca de la antigua frontera y donde viven decenas de miles de israelíes. Se daba por hecho que la frontera definitiva entre los dos Estados “se movería” unos kilómetros para englobar estas ciudades. A cambio, los palestinos recibirían una cantidad de territorio similar en Israel para aumentar la extensión de Gaza.

Todo eso es ya historia. Las dos grandes bazas negociadoras que les quedaban a los palestinos han quedado eliminadas. Ahora mismo, si los palestinos aceptan los términos impuestos por Bush sólo pueden ir a la mesa de negociaciones con las manos vacías y dispuestos a aceptar lo que les den. ¿Alguien cree que los palestinos estarán dispuestos a negociar en una posición tan débil? ¿Alguien cree que Israel estaría dispuesta a negociar si estuviera en una posición similar?

Sharon puede estar muy satisfecho, aunque está por ver si el anuncio de Bush le concederá los votos necesarios para que los militantes del Likud aprueben en referéndum el plan de retirada de Gaza. A diferencia de otros dirigentes de la derecha israelí, Sharon es consciente de que uno de los ejes fundamentales de la política de cualquier Gobierno israelí es la relación con EEUU. Mientras otros políticos israelíes del pasado, como Begin y Shamir, estaban dispuestos a decir no a EEUU cuantas veces fuera necesario, Sharon cree que Israel no puede prescindir de la ayuda norteamericana.

En toda esta historia, hay una cierta ironía que no se debe olvidar. Bush le dice a Sharon que ya es demasiado tarde como para eliminar asentamientos como Ariel (25.000 habitantes) y Maale Adumim (15.000 habitantes), cuando es el mismo Sharon el político israelí que más ha hecho desde 1967 para construir y fomentar estas poblaciones. Año a año, Sharon ha hecho lo posible para que esas casas se convirtieran en un hecho irreversible. Bush le ha dado la razón.

Sharon ha ganado, y por eso no anda muy descaminado Ferrán Sales, el corresponsal de El País en Jerusalén, cuando dice que la carta de Bush tiene tanta importancia como la Declaración Balfour. Las comparaciones históricas son un asunto delicado, como las armas, a veces las carga el diablo. Hace casi un siglo, la carta de Balfour dejó claro que el objetivo de la mayor potencia occidental de la época era crear en Palestina una nación para los judíos. Ahora otra carta nos deja bien claro cuál es el objetivo de la mayor potencia occidental de nuestra época.

Y pensar que Blair fue a la guerra con Bush porque creía que era la única manera de influir en la Casa Blanca. Pobre desgraciado.